
- "Un tipo de cambio que garantice el equilibrio de la economía a largo plazo.
- Ese tipo de cambio debe mejorar la rentabilidad del campo, ser una señal para inversiones futuras y desalentar la especulación contra la moneda nacional.
- Hablan de un valor de 4,30 pesos, que según los industriales descomprimiría la presión sobre la tasa de interés.
- Pide una reducción del gasto público para recrear el superávit fiscal.
- Reclama congelar la presión tributaria y otorgar desgravaciones para inversiones"
Veamos.
Devaluación: a esta altura, y sin desdecir lo que aquí hemos expresado sobre la cuestión, pareciera que sin overshooting sería imposible frenar la persistente corrida hacia el dólar. Esto es, no parece posible que sin una 'corrección' del tipo de cambio puedan frenarse las expectativas devaluatorias ("desalentar la especulación contra la moneda nacional").
Como nada ocurre en abstracto, queda por ver la cuantía de la corrección, y los múltiples efectos sobre los precios internos que tendría.
Un 'tipo de cambio que mejore la rentabilidad del campo', supone, por supuesto que las retenciones sigan al nivel que están, o aún que se rebajen (la consistencia del modelo demandaría que se incrementen, pero visto está que la pelota de la iniciativa política está en otro lado). Más presión sobre los precios internos.
Queda el combo del gasto público. Reducción del gasto y 'congelamiento' de la presión tributaria.
¿Qué gasto reducir? Lo que se expresa a voces apunta al esquema de compensaciones y subsidios. Alimentos, transporte, energía. Fácilmente, también, caería una porción de la Obra Pública. En suma, impacto directo sobre precios, y retracción de los componentes públicos de la demanda.
Si agregamos desgravaciones y 'congelamiento' de la presión tributaria, no queda claro cuál sería el fortalecimiento del superávit.
¿Es esto un impulso para que se recupere la recaudación?
Vamos, ¡la tenemos lunga en Argentina con la espiral del ajuste recesivo!
Por si fuera poca la turbulencia política desencadenada por el resultado electoral del 28 de Junio, lo reseñado no haría sino echar nafta -y de alto octanaje- a raudales sobre la confictividad social. Parece una receta de 'cómo hacer para escaparse en helicóptero'.
Salvo que se crea que 'vivimos la crisis más profunda de nuestra historia' , no parece que haya un diagnóstico explícito y certero, sino más bien, tiros por elevación contra el modelo de tipos de cambio real efectivo múltiples, regulación por retenciones y compensaciones, y fortalecimiento del mercado interno vía inversión pública e intervención en el mercado de trabajo.
En el terreno político podría implicar torcerle la muñeca al Gobierno para que 'haga el trabajo sucio', pulverizándo con ello la gobernabilidad y legitimidad que le queda, y que algún otro retome la posta, en 2011 o antes.
Esa perspectiva, sin embargo, y como se ha dicho en otros sitios de la blogósfera, es claramente funesta para el peronismo (de todos los pelajes). Esa perspectiva nos lleva a un 2011 (o antes) a un Gobierno puramente liberal, a un modelo ya ni siquiera de 'derrame', por tanto represivo, por tanto de corto alcance.
Si el peronismo tiene un desafío, este es administrar una transición de su conducción sin llevarse puesto al conjunto del país (como ha sucedido desde la muerte del General hasta el presente).
Desactivar el modelo vigente desde 2003, sin un claro proyecto estratégico de recambio, y hacerlo sin anestesia y atendiendo a la histeria triunfalista de las corporaciones es claramente una propuesta de altísimo costo social, apenas a ocho años de una crisis económica y de representación con pocos antecedentes.
Los caminos para repechar la cuesta, creemos humildemente y con todas las dificultades que ello implica, están una vez más dentro del peronismo, y de ninguna manera haciendo guiños a una izquierda irresponsable, mezquina e ingrata.
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