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Madre Tierra

Leímos en Homoeconomicus, hace un par de días, un análisis sobre la concentración de la tierra en distintos países del mundo, y de allí la concentración de la renta de la tierra. El informe se basaba en datos de la FAO, y suscitó un jugoso debates (ver aquí) y alguna repercusión en otras páginas que leemos (ver Abuelo Económico).

Todo lo cual nos disparó la pregunta de cuán concentrada está la tierra hoy en Argentina. La cuestión nos toma bastante desprevenidos, porque venimos metiéndole cuchara a diversos indicadores sociales, y además, si de tierra se trata nuestra única posesión de la misma suele acumularse debajo de nuestra cama. Así que desde aquí nos sumamos a la controversia.

Pues bien, por desfachatez nomás, volvimos a nuestro depósito –luego de buscar la cita de la nota anterior- y nos encontramos con algunos tabulados del Censo Nacional Agropecuario 2002 , realizado por el nunca tan bien poderado INDEC.

Jugamos un poco, y armamos esto (click para ampliar):



Aquí vemos la cantidad de Explotaciones Agropecuarias (EAP), ordenadas por tramos de superficie, la superficie que acumula cada uno de ellos, y sus porcentuales sobre el total. A su vez agrupamos estos datos originales en tres subconjuntos con cortes en 100 y 1.000 hectáreas. Este agrupamiento no se sustenta en literatura alguna, sino que es pura intuición de lo que (por tradición familiar) conocemos del sector. Y aclaremos que este cuadro se refiere al total del país, aquí tenemos tanto minifundistas del NOA y el NOE, como megasuperficies de la Patagonia.

El primer interrogante que nos plantea (a nosotros, al menos) la lectura de estos Datos Duros es: ¿a quién cuerno representa la Sociedad Rural??? (sí, sí, ya lo sabemos…) ¿Y CRA, CARBAP, CONINAGRO, y FAA? Daría la impresión de que se disputan la representación del 16,97% de productores con más de 200 ha.

Si –casi exactamente- el 50% de la superficie de las EAP de la Argentina corresponde a establecimientos de más de 5.000 hectáreas, que son menos del 2% del total, ¿no son por lo menos distorsionadas la mayoría de las opiniones y análisis que se hacen sobre “el campo”?

El 57,87% de los productores que trabajan establecimientos de menos de 100 hectáreas, ¿no son “el campo"? ¿Quién lo representa?

Para terminar (porque estamos apurados) va el siguiente Gráfico (click sobre la imagen para ampliar):

Aquí vemos –como en los gráficos de distribución del ingreso- qué porción del total de la tierra corresponde a cada tramo de extensión. Ideal sería que cada subconjunto representara igual porcentaje de explotaciones, pero la información publicada no nos provee ese dato, ello hubiera implicado trabajar con Padrón Censal original (prometemos averiguar si se consigue).

Con respecto al cálculo del Indice de Gini para esta distribución, aunque el agrupamiento de los cuantiles no sea homogéneo, igualmente se puede hacer, pero el márgen –de tiempo- es demasiado pequeño para ello. El año que viene volvemos con la cuenta.

Así sobre el pucho no vamos a mandarnos ninguna conclusión pomposa, sino tan sólo constatar que a una dada distribución del ingreso –regresiva como la aún vigente en nuestro país- corresponde una distribución mucho más desigual de los activos (o la riqueza), en este caso la tierra.


Aclaración Metodológica: el CNA-2002 releva como unidad de análisis la EAP, esto es la “unidad de organización de la producción” que, “1) produce bienes agrícolas, pecuarios o forestales destinados al mercado; 2) tiene una dirección que asume la gestión y los riesgos de la actividad: el productor; 3) utiliza los mismos medios de producción de uso durable y parte de la misma mano de obra en todas las parcelas que la integran”. También indaga sobre el régimen de tenencia de la tierra, pero como es un censo sus datos son en definitiva los declarados por los encuestados. Quiere decir que un propietario de varias EAP no colindantes no es detectado por el censo ni tomado como una única unidad de producción. Otra cosa es la información de los catastros rurales de cada provincia, donde se registra la titularidad del dominio, i.e. quienes son los dueños efectivos de la tierra. Moraleja: los datos expuestos podrían subestimar la medida de concentración de la tierra. Un estudio, controvertido, que sí analiza estos aspectos es: Basualdo, Eduardo; Khavisse, Miguel. El nuevo poder terrateniente. Investigación sobre los nuevos y viejos propietarios de tierras de la Provincia de Buenos Aires. Buenos Aires: Editorial Planeta, 1993

Liberales (I)

Para degustar en estos últimos días del año, y suscitado por lecturas de diversos debates en los Blogs que leemos, fuímos a nuestro depósito y recordamos que además de números tenemos guardadas algunas otras cosillas. Aquí va, y a adivinar quién lo dijo!!! (la respuesta y referencia irá en la ventanita de comentarios, jejé)
Los liberales argentinos son amantes platónicos de una deidad que no han visto, ni conocen. Ser libre, para ellos no consiste en gobernarse a sí mismos, sino en gobernar a los otros. La posesión del gobierno: he ahí todo su liberalismo [...] El liberalismo, como hábito de respetar el disentimiento de los otros ejercido en nuestra contra, es cosa que no cabe en la cabeza de un liberal argentino. El disidente, es enemigo; la disidencia de opinión, es guerra, hostilidad, que autoriza la represión y muerte.

Lokomotora K

Pasadas las fiestas de la natividad, y aparentemente aquietados los ánimos valijeros que agitaron a oficialismo y oposición durante las primeras dos semanas del Gobierno de Cristina Fernández, retomamos la saga de los balances del gobierno del ex – Presidente Néstor.

Es que justo el 20 de Diciembre pasado, el INDEC –ése organismo “intervenido”, “cuestionado”, de porquería, puaj, puaj!- publicó los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica referidos al mes de Octubre. Este indicador, más conocido por sus siglas, EMAE, provee cifras mensuales que aproximan la evolución del PBI. Puesto que este último tiene datos trimestrales y se publican con un considerable gap respecto del período medido, el buen EMAE va estimando mes a mes, y con sólo mesypico de demora, la evolución del Producto.

Y como en Diciembre hizo entrega de mando el ex – Presidente Néstor, el dato de marras es un buen parámetro para evaluar el trayecto de su gestión en lo que hace al crecimiento económico, y compararlo con pasadas gestiones de gobierno.

Veamos (click sobre la imagen para ampliar):

Evaluación: de los datos ilustrados por el gráfico vemos claramente que la Gestión Kirchner se caracterizó por haberse iniciado con tenue “veranito”, seguido por un exiguo “rebote” de la actividad económica. Luego el “viento de cola” proveniente del sector externo, con la bonanza de los precios de las commodities, mejoró un tanto el indicador, aunque luego se vió ensombrecido por factores diversos, entre los que mencionaremos:

  • la inseguridad jurídica que deviene de las políticas anti-mercado y el intervencionismo estatal;
  • el colapso energético resultante de la ausencia de inversiones, el retraso tarifario y la falta de planificación;
  • las regresivas políticas de ingresos que paralizaron la evolución del consumo interno;
  • un proceso inflacionario totalmente desbocado que profundiza la incertidumbre de los agentes económicos;
  • la devaluación cambiaria, y la flotación manipulada por el BCRA, que desvalorizaron los activos nominados en moneda nacional, generando una parálisis en la inversión reproductiva;
  • la renegociación de la deuda externa, y la desmesurada quita que impuso, que cerró sine die las fuentes de financiamiento interno y externo;
  • por su parte la intervención del Instituto de Estadísticas anuló toda medida fiable de la inflación, redundando ello en un generalizado y masivo repudio a los títulos públicos indexados por CER, lo cual augura un inminente y seguro default;
  • se suma a ello el desborde del gasto público en un año caracterizado por la más desenfrenada demagogia electoral.

Conclusión: tenemos a la vista la evidente desaceleración de la economía, expresando un nuevo fracaso de las políticas populistas que ya demostraron en el pasado conducir al estancamiento.

Por el contrario en años anteriores habíamos sido testigos de sólidas y consistentes políticas macro, que marcaron el rumbo de un crecimiento sostenido a altas tasas, particularmente durante la administración del Dr. Me#em, y más aún durante el gobierno que le sucedió, cuando la deuda pública alcanzó el codiciado investment grade. Lamentablemente, la inserción de la Argentina en el mundo desarrollado se vio bruscamente truncada, provocando el generalizado empobrecimiento de los sectores medios y altos de los grandes centros urbanos. El país ha desaprovechado una oportunidad histórica dada por un contexto internacional inmejorable.

(PS: qué facil es ser liberal, no? Y qué fácil debe resultar ser columnista de Ambito!!!)

Diciembre 2001 – 19/20


Veíamos venir esta efeméride, polisémica si las hay, pero se nos arrimó sin que hubiésemos preparado nada muy interesante, así que improvisamos un poco.

Las jornadas del 19 y 20 ya han generado toneladas de papel escrito y gigabytes de lo mismo. No pretenderemos ser ni originales ni exhaustivos.

Como hito histórico se lo ha leído en tanto clausura del período que arranca en Marzo de 1976, en lo político y, sobre todo en lo económico.

Como acontecimiento social, ha recibido explicaciones divergentes que centran su génesis y consumación desde “el palacio” o desde “la calle”. El Palacio y la Calle, tal el título del libro de Bonasso (santo a cuya devoción, sin embargo, no somos particularmente afectos), resume esa duplicidad de perspectivas. 19/20 fue, o bien una conspiración de un sector político y social que promovía la devaluación, y para ello activó resortes desestabilizatorios coronados por saqueos dirigidos desde la red política duhaldista del conurbano bonaerense; o bien se trató de una insurrección popular que impugnó el orden político y económico vigente, quedando trunca al no poder traducir la amplia movilización en organización social y política que cuestionara desde sus bases territoriales al sistema partidocrático.

Entre esas dos lecturas transitan todos los intentos explicativos de los hechos.

También esos días condensan el derrumbe de la experiencia de gobierno de la Alianza UCR-Frepaso. Tinta y gigas también han corrido analizándo lo ocurrido en ese período presidencial malhadado. Sobre sus posibilidades, sus promesas, sus debilidades, y en definitiva, sobre las decisiones económicas que realizó durante su gestión.

Humildemente creemos que la decisión de sostener a rajatabla el régimen de convertibilidad fue uno de los pilares fundamentales de su costoso fracaso. Cabe preguntarse si hubiera tenido la fortaleza política de formular una “salida ordenada” del esquema de caja de conversión. Cabe preguntarse si esa alternativa era considerada como tal para el dispositivo político que ocupaba la Rosada. Caben muchos y muchos interrogantes contrafácticos. En fin, aclaramos que no pretendíamos exhaustividad.

Para un pensamiento económico que se expresaba en los márgenes del discurso políticamente correcto, admitido, y digno de publicarse, la recesión iniciada a fines de 1998 indicaba el definitivo agotamiento de la convertibilidad. En tal sentido hemos querido mostrar algunos indicadores resultantes de la elección asumida por el Gobierno de la Alianza, expresada durante la campaña electoral de 1999, y luego a lo largo de toda la gestión: “la convertibilidad no se toca”. Consigna de la que no se movían ni los más progresistas del Frepaso, ni los más liberales del radicalismo.

Los resultados fueron éstos (click sobre la imagen para ampliar):

Las consecuencias:



Queremos concluir con una reflexión (ajena) sobre la llamada “crisis de representación” que fue puesta sobre el tapete de manera contundente por las jornadas de 19/20. Muchos creyeron atisbar a partir de allí nuevas formas de representación social y política. Asambleas de vecinos, cacerolazos, movilización de sectores medios atrapados por el corralito financiero, piqueteros emergentes de los más profundo de la pobreza, descrédito de casi todos los referentes políticos y gremiales que ocupaban la escena del momento, se resumían en una consigna retomada por la patria mediática y amplificada como quintaesencia de los reclamos populares: “que se vayan todos”.

Sabemos lo que vino luego, y cómo los excitados militantes de izquierda trosquista quedaban pedaleando en el aire cuando las asambleas que pretendían dirigir (vanguardia esclarecida al fin) iban mermando su concurrencia en correlación casi perfecta con la desorbitancia de sus propuestas.

Es un ejemplo, malicioso por supuesto, pero les cabe a todos quienes pretendieron discernir entre lo multiforme de las expresiones movilizatorias, algún sendero de reformulación radical del orden político (quede claro que quienes hacemos Datos Duros fuimos parte de ello, nos hacemos cargo, no pontificamos desde las alturas omniscientes).

Se trata, entonces, de un notable pensador anarquista francés, donde leímos (bastante luego del 19/20) lo siguiente:

Simple, como todos los fenómenos de la naturaleza, elemental, como el hambre o el deseo sexual, esta fuerza tiene como motor primario, como impulso original, el instinto de conservación de la especie, la necesidad de subsistencia, el aguijón del interés material1. Los trabajadores se movilizan, abandonan la pasividad, la rutina y el automatismo del gesto cotidiano, dejan de ser moléculas aisladas y se sueldan con sus compañeros de trabajo y de alienación, no porque un “conductor” los incite a ello, tampoco, lo más a menudo, porque un pensamiento consciente los despierte y fanatice, sino, simplemente, porque la necesidad los empuja a asegurar o a mejorar sus medios de subsistencia y, si éstas han alcanzado ya un nivel más alto, a reconquistar su dignidad de hombres.

Este movimiento existe permanentemente, en estado latente, subterráneo. La clase explotada no deja en ningún momento de ejercer una relativa presión sobre sus explotadores para arrancarles, en primer lugar, una ración menos mezquina, y luego un mínimo de respeto. Pero, en los períodos de baja, esa presión es sorda, invisible, heterogénea. Se manifiesta en débiles reacciones individuales o de pequeños grupos aislados. El movimiento de masas se halla atomizado, replegado sobre sí mismo.

Sin embargo, en ciertas circunstancias ocurre que reaparece bruscamente en la superficie, se manifiesta como una enorme fuerza colectiva homogénea, ocurre que estalla. El exceso de miseria o de humillante opresión, no sólo económica, sino también política, provoca en cada una de sus víctimas un grito tan alto que todas las víctimas se sienten gritando juntas –a veces, por otra parte, uno o dos gritos se adelantan a los otros, aun en el más espontáneo de los movimientos. Como decía un obrero: “Siempre hay alguien que comienza la espontaneidad”–; y la unanimidad de ese grito les da confianza en sí mismos; y su protesta se convierte en un alud, el contagio revolucionario se
extiende al conjunto de la clase.

Lo que confiere su particularidad al movimiento de masas es el carácter concreto, pero limitado, de sus objetivos. Inconsciente, al menos en sus comienzos, difiere por su naturaleza de las acciones de los grupos políticos conscientes, o pretendidos tales. Puede, en ciertas circunstancias, proyectar su impulso a través de un partido, pero aún así no se produce una verdadera fusión. El movimiento de masas continúa obedeciendo a sus propias leyes, persiguiendo sus fines particulares, como el Ródano, que luego de verter sus aguas en el lago Leman prosigue su propio curso. La disparidad entre los móviles de la acción de las masas y aquellos de los partidos políticos es el origen de toda suerte de errores y desencuentros, de tácticas y diagnósticos falsos.

En una revolución existen dos clases de fuerzas que pueden marchar juntas y aun asociarse, pero que no son de la misma naturaleza y no se expresan en el mismo lenguaje. Toda revolución parte de un equívoco, unos se ponen en camino hacia objetivos puramente políticos –en la Rusia de 1905 y 1917, por ejemplo, contra el despotismo zarista–, los otros se lanzan a la lucha por motivos bastante diferentes: en la ciudad, contra la carestía de la vida, los bajos salarios, los impuestos, incluso el hambre; en el campo, contra la servidumbre y los cánones feudales, etc. Puede ocurrir que los segundos, por una natural asociación de ideas, adopten momentáneamente la terminología de los primeros, les presten sus brazos y viertan su sangre por ellos. Pero no por eso el movimiento de masas deja de seguir su propio camino. Como ha hecho con ellos una parte del camino, los políticos se imaginan que el movimiento de masas estará eternamente a su disposición como un perro amaestrado, que podrán llevarlo a donde ellos quieran, hacerle aceptar lo que a ellos les convenga, aplacar su hambre o dejarlo hambriento, hacerlo avanzar, retroceder y volver a avanzar conforme con sus cálculos, utilizarlo, llevarlo a una vía muerta y sacarlo luego de ella para volver a utilizarlo. El movimiento de masas no siempre se presta para semejante gimnasia. Una vez puesto en marcha no permanece fiel si no se le es fiel, si no se avanza siempre con él, ininterrumpidamente y en la dirección que su instinto de conservación le indica.

La asociación de ideas que hace aceptar a las masas el lenguaje de los políticos es frágil. Muy poco hace falta para romperla, para anular el circunstancial acuerdo: a veces una simple pausa en la marcha que, aun si es estratégicamente hábil, puede quebrar el impulso de las masas. Tal político, que la víspera, con un gesto, una palabra, ponía en pie a cien mil hombres, al día siguiente gesticula en el vacío, sin que nadie le responda. Puede desgañitarse, la asociación de ideas ya no funciona, la confianza ya no existe, el milagro no se produce más. Decepcionado, el movimiento de masas jura que no lo volverán a estafar, se repliega sobre sí mismo, ya no está a la disposición de nadie.

Daniel Guérin
Rosa Luxemburg y la espontaneidad revolucionaria

Texto completo aquí

37.500 %


Volvimos, luego de unos días agitados in extremis debido a la impecable transición bonaerense, donde un ejército disciplinado de cuadros técnicos provenientes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, nos demostró a los cerriles bonaerenses las maravillas que se pueden hacer con la Ley de Ministerios y las estructuras administrativas del Estado Provincial. ¡Qué oscuridad en la que vivíamos! ¡Cuán desasnados estamos ahora! No hay caso, los porteños de ley cruzan la General Paz y la mueven de taquito.

Establecido el prolegómeno excusatorio de nuestro silencio, vamos al tema que nos ocupa (diría un catedrático complutense). Periódicamente -o persistentemente, o contínuamente- nos encontramos con que la patria mediática se hace eco de los lamentos empresarios por la merma de su rentabilidad. Por ejemplo aquí. La cantilena pareciera ser siempre la misma.

Ya algunas de las primeras teorías del desarrollo, se fundaban en una distribución regresiva del ingreso como elemento positivo y favorecedor del progreso económico: en la creencia de que, como los pobres se consumen todo lo que ganan, y por lo tanto no ahorran -restándole recursos a la inversión, de donde provendría la ampliación de la capacidad productiva de la economía-, una distribución desigual debería favorecer la acumulación; los ricos, al incrementar su masa de inrgesos aumentarían la tasa de ahorro, y de allí inyectarían recursos destinados a la inversión. En una palabra, los más desfavorecidos debían ajustarse el cinturón y bancarse vivir contando las chirolas, pues en definitiva, era por el bien de todos, y en un futuro no muy lejano podrían salir de pobre al difundirse los efectos del crecimiento por todos los recovecos de la subdesarrollada sociedad. En términos estilizados, era aproximadamente este el argumento.

Poco han cambiado las cosas. Ahora, resulta que los aumentos de salarios, la presión tributaria del gobierno central, las intervenciones de organismos públicos distorsionando los mercados, etcétera, etc., generan inseguridad jurídica, van limando la rentabilidad de las empresas, y generan, en definitiva, desincentivos a la inversión. Con lo cual nos alejamos de la senda del progreso. Moraleja: las políticas de ingresos que lograron sacar a 9 milones de personas de la pobreza, son tan sólo una pasajera ilusión. El gobierno debería favorecer el sostenimiento de las tasas de rentabilidad empresaria, moderar el consumo, aquietar el crecimiento de los ingresos asalariados, dejar hacer, dejar pasar. De adoptar tal conducta, en un futuro no muy lejano, sin duda, accederíamos al paraíso, la tierra prometida, el equilibrio general con pleno empleo de los recursos, blablablá. Nada nuevo.

Esta larga introducción viene a cuento de una nota que encontramos en la página de Lucas Carrasco, es algo vieja, quizá muchos habrán leído ya alguna referencia a la cuestión, pero no dejó de impresionarnos, tanto por los datos involucrados como por los ribetes persecutorios del caso. Aquí va, habla por sí sólo.

Estimados: como Profesor Universitario, de la Universidad Kennedy. Dictaba cinco asignaturas, entre ellas, Ejercicio y Administración Farmacéutica. Con mas de 50 excelentes alumnos, inquisitivos, ávidos de adquirir conocimientos, mi misión además de enseñar Legislación Farmacéutica, era explicarles como es esta actividad comercialmente, tal es así, que como trabajo practico averiguamos al azar el costo de un descongestivo nasal en gotas, droga base nafazolina, tiempo en el mercado mas de 40 años, consultado el proveedor mas importante de drogas para la industria farmacéutica, dio el costo por frasco, 0,03 centavo, precio de venta 11,25 pesos, ganancia por unidad 37.500 %, por supuesto esto no tiene parangón con ninguna actividad licita, a todo esto se me invita el 5 de junio de 2007 al Anexo de la Cámara de Diputados de la Nación, donde se realizaron unas Jornadas sobre "Ética y Medicamentos" estando presentes, legisladores, funcionarios gremialistas , las Cámaras Farmacéutica que supuestamente no habían sido invitadas, pero ahí estaban en segunda fila, farmacéuticos, etc, finalizada la Jornada se podían exponer posiciones de cada uno que quisiera hablar, yo fui uno de ellos y en particular me dirigí a las Cámaras de la Industria a los que tenia a pocos metros, el drama es la accesibilidad de nuestro pueblo a los fármacos, se nos mueren compatriotas, en particular niños ,muchos de ellos muy pequeños y esta gente sin ninguna culpa gana el 37.500 %, esto es un escándalo de proporciones y el Estado debe y puede solucionarlo, no puede hacerse el distraído.

La respuesta a mis palabras no se hizo esperar, no para intentar solucionar el tema sino para sacarme del medio. Me cito mi Decano Dr, Capon Filas y La Directora de Farmacia Farmaceutica Magariños, y con un discurso Kafkiano e hiriente, me sacaron la cátedra de Farmacia, días después todas las demás, no estoy arrepentido, no puedo ser cómplice de tamaño despropósito.

Como curiosidad mi ultimo sueldo, aguinaldo incluido fueron 231 Pesos.

Lo saludo cordialmente.

Profesor Universitario.
Eduardo Marcelo Cocca
e-mail : profcocca@gmail.com

ESTOS SON LOS MAIL DE LAS PERSONAS RESPONSABLES DE MI SEPARACION DE TODAS MIS CATEDRAS, ES A LOS EFECTOS DE QUE SI ALGUIEN LES QUIERE DECIR ALGO.UN FRATERNAL ABRAZO A TODOSEDUARDO COCCA

Dr. Rodolfo Capón Filas caponfilas@fibertel.com.ar
Farmacéutica Maria del Carmen Magariños mcmagarinos@fibertel.com.ar
Rectorado rectorado@kennedy.edu.ar

Ver también:

http://www.blogger.com/profile/03067594795878250148

¡Qué minón!

Por favor, no dejen de leer el estupendo informe que Homoeconomicus publica hoy mismo sobre el tema de la minería en Argentina.

9 millones y medio de razones para no cantar victoria (o aquello del vaso medio vacío o medio lleno)

En varias páginas que leemos cotidianemente han aparecido abundosos e interesantes comentarios sobre la asunción de la nueva Presidenta (por ejemplo acá), balances de la gestión del Néstor, y vaticinios sobre lo que se viene. Como en estos días hemos andado con ajetreo, y veces también desconfiamos de nuestra capacidad reflexiva (o por que no nos sale nada que valga realmente la pena subir al bloguín), la cuestión es que nos hemos remitido a un pudoroso silencio, mucho mejor que repetir lugares comunes, y glosar –apenas- los diarios. Luego, al volver a escuchar con algún detenimiento algunos pasajes del discurso de asunción, más algún comentario amigo, se nos suscitó la siguiente reflexión. Allí va.

Días atrás, cuando subimos esta nota, nos quedamos pensando. Resulta que una vez nuestra rubia amiga de Adrogué, al ver uno de los Gráficos que la acompañaba, nos preguntó por qué a los pobres e indigentes los poníamos arriba de los no pobres. Y que quizá se visualizara mejor la evolución favorable de estos indicadores sociales, si hacíamos al revés, es decir así (click para ampliar):

Bueno, es lo que referimos en el título, son dos maneras de ver lo mismo. Y es lo que ocurre con las estadísticas, los cuadros y los gráficos que ilustran lo cuantitativo. Dados unos datos, buenos, malos o peores, el arte de ilustrarlos –en gráficos y cuadros- puede ser una de las artes más maliciosas y manipuladoras. Basta con agrandar la escala o achicarla, para que gruesas variaciones en el corto plazo desaparezcan de la vista y quede una línea de apariencia suave; o basta estirar la línea de tiempo incorporando datos pasados –irrelevantes para el análisis- para que un brusco descenso se transforme en un imperceptible declive. Los colores con que se ilustra también son un contundente significante. No es lo mismo, poner a los pobres e indigentes en violentos tonos de rojo que como matices de un gris neutral. Y no es lo mismo ponerlos “arriba” que “abajo”. A efectos cuantitativos, es lo mismo, no se falsea ningún número, pero sí induce sobre la posible lectura.

Poner a los pobres “abajo” conlleva asumir que son los que están sumergidos en el fondo de la sociedad. Y ponerlos “arriba” puede hacer pensar que son una carga que pesa sobre esa sociedad.

Si se pone a los pobres “abajo” se corre el riesgo de que, a medida que que esos segmentos rojos se van angostando, alguien diga que hemos llegado a umbrales “tolerables de pobreza”, o acaso a un “núcleo duro” muy complicado de revertir. En definitiva, se invisibilizan, puesto que “pobres ha habido siempre”, no?

No estamos del todo seguros, pero preferimos ponerlos “arriba”, nos da la impresión de que si bien vemos lo “lleno” del vaso, es más difícil engañarse sobre lo “vacio” que resta llenar. Ponerlos “abajo” resalta lo “lleno”, pero lo que falta aparece como un resto, un sedimento, una rémora que, puesto que el vaso está bastante lleno, quizá pierda importancia.

Y bien, el corolario de esta reflexión estético-metodológica, viene a cuento de un punto que mencionó la Presidenta en su discurso (cito de memoria):

"Mientras haya un pobre en la Argentina no habremos alcanzado la Victoria"
Y de aquí, claro, el motivo del título.

Se viene, se viene...


Cortito y al pie porque estamos en caliente-caliente, entre transiciones nacionales, bonaerenses y platenses, merodeando mentideros, roscas, rosquetes y meras rosquitas. En fin, traspaso de mando, de banda y de bastón, lo que se venía, ya llegó, aquí está. Que venga lo que tenga que venir.

Cristina 2007-2015: ¿Volver a Perón?

Seguimos emperrados con la cuestión de la Distribución del Ingreso. Quizá porque hace bastante tiempo que venimos quemando pestañas en la ingrata labor de recopilar y estudiar estos numeritos; quizá también porque, de veras, es un debate vigente y pertinente. Como sea, en la semana nos pusimos laboriosos y aquí va.

La cuestión es que hay dos líneas gruesamente definidas cuando se debate –poco- y se opina –mal- sobre la Cuestión Distributiva (así, pomposamente llamada).

Una, que va desde Claudio Lozano hasta el “Chipi” Christian Castillo sostiene que estamos, más que mal, requetemal. Que vamos cuesta abajo, que el Gobierno del Presidente Néstor no cambió nada, sino para peor, etcétera, etcétera. En el mejor de los casos, que estamos congelados en los niveles de desigualdad regresiva de la crisis. No sostienen sus posiciones con Datos Duros y serios como los nuestros.

La otra –que tampoco se mete mucho con los números- se apaña en que… es muy complicado revertir la desigualdad. Mejor nos conformamos con la recuperación del empleo, la baja de la pobreza y la indigencia; a fin de cuentas el crecimiento ayuda y mejor no jodamos con redistribuir, que a ver si nos caemos del mundo, generamos inseguridad jurídica, hacemos populismo y otras herejías. Nada nuevo, un remix de la teoría del “derrame”.

Debiera haber voces intermedias, amparadas en los datos –favorables- sobre la evolución distributiva desde 2003 al presente. En nota anterior vimos algunos datos, y si yo fuera el Gobierno saldría con los tapones de punta a callarles la boca a los que dicen que estamos como siempre de regresivos. ¿Por qué no lo hacen si son datos buenos? No lo sé, pero a mí me parecen uno de los mejores indicadores de la actual gestión.

Bien, en esa nota anterior, nos metimos con algunos numeritos referidos a la pauta distributiva que se desprende de la última medición publicada de la EPH, Encuesta Permanente de Hogares (la "buena de en serio" je, antes que Guillote Moreno rajara a la dirección de la Encuesta). Sobre todo en cuanto a las variaciones favorables habidas entre 2003 y 2007.

Pero claro, se dirá, estamos aún lejos del paraíso (¿recuerdan aquello del infierno y el purgatorio?). Ahora bien, nos preguntamos: ¿dónde queda el paraíso? Si bien podemos decir que en algunos aspectos se registra menos desigualdad que allá por el 94’ ¿eso significa que en esos años estábamos bárbaro? (ya me imagino: ¡Menem volvé!).

Pues, evidentemente no. Personalmente hemos definido nuestro “Paraíso” como el año 1974, más precisamente Octubre. Sí, sí, gobernaba Isabel, el General se había peleado con sus “muchachos” y luego estirado la pata, todas esas cosas turbulentas, ya lo sabemos.

La cosa es que elegimos ese momento de nuestra historia por varias razones –pocas en realidad-: primeramente porque fue el último año más o menos “normal” en que estuvo en vigencia el anterior modelo de acumulación: industrialista, mercadointernista, con una clase trabajadora que cobraba bien y en blanco, tenía sindicatos poderosos, los asalariados se llevaban algo así como el 47% del ingreso (46,9% en 1973, último año de la serie de distribución funcional del BCRA). En fin, el estatismo populista feo y malo reinaba a sus anchas por los confines de la república, y en los barrios populosos de morochaje los domingos crepitaba en los aires la fragancia del asadito.

La segunda razón, más mundana y pedestre, es que en Octubre de 1974 tenemos la primera medición de la EPH para el Gran Buenos Aires, de donde salen los tabulados de distribución del ingreso. Es decir, es lo más lejano históricamente que tenemos para comparar seriamente con la actual pauta distributiva. En ese año aún no había un relevamiento estadísticamente relevante para un conjunto amplio de aglomerados urbanos de todo el país. De todos modos los números del GBA siempre siguen de cerquita a los del total urbano (obviamente que por su peso demográfico y estadístico diferencial), así que los podemos tomar como punto de comparación.

Entonces ¿cómo estábamos en 1974 en comparación con estos tiempos ingratos? Veamos (click sobre la imágen para verla mejor):




Acá es como ya hemos visto, el decil 1 es el de los hogares con menor ingreso per cápita, y el decil diez es el que le sobra la biyuya. Tenemos a la vista, cómo se repartía la torta en el GBA en 1974, cómo se distribuye ahorita nomás, en el 1º trimestre de 2007, y las variaciones absolutas y relativas. En rojito van las pérdidas de participación en la torta, y en azul las ganancias. Múltiples y diversas lecturas, cómo no, son posibles a partir del cuadrito.

Calculemos: los primeros cuatro deciles, el 40% de los hogares más pobres, perdieron el 20% de la porción que se llevaban en tiempos de Gelbard (hagan la cuenta, no puedo hacerlo todo yo!). Al primer estrato le fue como en la guerra, y al décimo le fue de fiesta-fiesta. El 20% superior, es decir, los deciles 9 y 10, amarrocó casi todo lo que perdió el resto, y en terminos relativos agrandó su porción casi un 18%. Mientras tanto, los estratos intermedios, los deciles 5 al 8 (¡oh, sufrida clase media, cuántas cosas se dicen en tu nombre!), puede decirse que zafó bastante del diluvio: en total pierde 0,6 puntos del total, o 2,55% de lo que tenía.

En el medio, ya lo sabemos, estuvo la Dictadura de Videla-Martínez de Hoz & Co., la debacle hiperinflacionaria de Alfonsín, le década de Me#em y Caballo, el absurdo De la Rúa de nuevo con el equino, la megadevaluación del Caudillo de Lomas de Zamora, y por fin el Presidente Néstor (¿te extrañaremos?).

Ahora bien, supongamos que nos da por la utopía, soñar despiertos, o proyectar tendencias –que es massomeno lo mismo-, podríamos volver a esa Icaria, a ese paraíso perdido? ¿Es posible, o al menos factible? Y, sobre todo, lo más importante, ¿cuándo?

Acá veíamos en nota anterior la evolución del Indice de Gini desde Mayo de 1994 hasta el 1º trimestre de 2007, y como viene cayendo con altibajos desde la crisis 2001-2002. La idea es simple, vamos a proyectar esa tendencia, y ver cuándo llegaría a los niveles de nuestro paraíso perdido.

(Para los “entendidos”: paciencia, que aquí en este blog no queremos dejar a nadie pataleando sin saber de qué se trata)

La herramienta que vamos a emplear se llama mínimos cuadrados, y fue desarrollada por el genio de los genios, princeps mathemathicorum, Carl Friedrich Gauss. Cuando queremos analizar la tendencia de una serie de datos que varían en el tiempo, tenemos muchas opciones y alernativas. La primera, y más simple, es el ojo. Ciertamente, cuando vemos un gráfico podemos apreciar si los valores crecen, disminuyen, fluctúan con alguna periodicidad, o son más bien volátiles. Pero claro, el ojímetro no va más alla de esa evaluación subjetiva. Por ello, la estadística (la de en serio, que suda estudiando y analizando fórmulas estrambóticas) ha desarrollado una enorme variedad de recursos para arrimar el bochín y poder decir, con algún fundamento, qué tendencia tiene una variable. El método de mínimos cuadrados, el más simple, nos provee de una línea recta –por eso lo de tendencia “lineal”- que es la que “mejor se ajusta” a la serie de datos. Lo de “mejor”, no es en sentido figurado, sino a partir de una definición estricta (en “Introducción a la econometría” de Oskar Lange –el polaco-, es donde hemos encontrado una de las mejores exposiciones del tema, pero por desgracia es un libro difícil de encontrar).

Entonces, con esa recta que nos marca la tendencia (lineal) de la evolución de una variable en el tiempo, tenemos un criterio fundado para decir si vamos para arriba o si vamos para abajo. Podemos hacer algo más… podemos extrapolarla. Vamos, que si nuestra serie de datos llega al 1º trimestre de 2007, le damos para adelante en el tiempo, y vemos qué pasa. ¿Esto es sanata? NO. ¿Futurología? Un poco. Una variable –como nuestro índice de Gini- es condicionada, influída, determinada y modificada por una multiplicidad de factores, cuantificables o no, que a su vez pueden variar, y lo hacen. Por eso, como suelen hacer los economistas, llamaremos a esta proyección un “ejercicio”. De todos modos, como luego veremos, nos habilita para dilucidar qué cosas deberían también ocurrir para que esa tendencia se materializara.

La serie de datos que emplearemos para proyectar es el Indice de Gini, calculado sobre la distribución decílica del ingreso de los hogares, según el ingreso per cápita familiar, desde el 4º trimestre de 2003 hasta el 1º trimestre de 2007. Arrancamos desde ahí porque es cuando arranca la Encuesta Permanente de Hogares en su modalidad Contínua, que produce información trimestral. Vale decir, es homogénea la unidad de tiempo sobre la cual proyectaremos.

Ah, el Indice de Gini para la distribución del ingreso del GBA en Octubre de 1974 era: 0,259

Ese sería nuestro objetivo para llegar al paraíso (para Volver a Perón!!!)

¿Qué resultados nos da esta proyección/ejercicio/futurismo/sanata? Veamos (click para ampliar):


Confesión: cuando hicimos las cuentas nos quedamos verdaderamente impresionados. Primero por la sideral distancia entre la actual pauta distributiva y la del 74’, y luego por todo lo que habría que recorrer –supuestas todas las condiciones ideales- para regresar a ella.

Entonces, continuando la tendencia (línea azul, la de los mínimos cuadrados), de la evolución del Indice de Gini entre 2003 y 2007 (línea naranja con puntitos), vemos cuándo nos cruzamos con el Indice de Gini del 74’ en el GBA (línea verde horizontal). Resultado: en el 1º trimestre de 2016 (circulito azul).

Algún kirchnerista delirante de optimismo podría pensar: Cristina pone en la mesa del acuerdo social la cuestión distributiva, avanza meta que meta redistribuir, se reelige en el 2011, y en 2015, vuelve Néstor triunfalmente. Foto: entrega de la banda presidencial con un cartelón grande detrás que dice “lo hicimos mi General: Gini=0,260”. Lindo ¿no?

Se va Néstor, se va, se va...

Así es, para la felicidad de quienes lo detestan y para beneplácito de quienes votaron a Cristina, este Lunes 10 de Diciembre, el Presidente Néstor hará entrega del cargo de Presidente. Ya no más pingüino, de aquí en más pingüina.

¿Lo extrañaremos, como dijo ella? ¡Quién sabe! Lo que sí en estos días que se vienen va a correr mucha, pero mucha mucha tinta, haciendo balance y memoria, estado patrimonial e inventario de lo acontecido desde aquel 25 de Mayo de 2003, cuando Me#em se bajó de la carrera y le dejó la presidencia con el veintipico por ciento de los votos. Se dirán cantidades de cosas, en tono panegírico o de diatriba.

Por nuestra parte, revisamos en nuestro yacimiento de Datos Duros, con que solemos contar a la hora de mensurar las realidades que vivimos, y decidimos resumir estos cuatro años en los dos gráficos que acompañan la nota.



Clave: evolución de la población bajo las líneas de pobreza e indigencia en porcentaje de la población total.

Clave: esto es en cantidades contantes y sonantes de seres humanos habitantes de nuestra Argentina. Clasificamos según si están por arriba de la línea de pobreza (no pobres), si están por debajo de la línea de pobreza pero por encima de la línea de indigencia (pobres no indigentes), y por último si están por debajo de la línea de indigencia (indigentes).

Fuentes: claro, la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC.

Aclaración metodológica: para este gráfico aplicamos las tasas vistas en el primer gráfico, a las estimaciones de Población Total Urbana que produce la Secretaría de Política Económica del Ministerio de Economía. Estrictamente hablando es lo que laman "ejercicio", ya que la EPH no capta toda toda la población urbana.

Aclaración metodológica bis: llegamos hasta el 2º semestre de 2006 porque los datos correspondientes al 1º semestre de 2007 dicen que no son buenos, dicen que se aplicó para el cálculo de las líneas de pobreza e indigencia los resultados del Indice de Precios al Consumidor (IPC), que, dicen, están adulterados/dibujados/manipulados por influencia de un Subsecretario de un Ministerio. Dicen. Así que para que los beocios no vengan a decir que batimos fruta vamos con los datos buenos buenitos, antes de que tan oscuras influencias hollaran la pureza prístina que tenía el anterior aIPC. Salute.

Si hubiera que resumir esto en tres palabras, podría decirse... ¡salir de pobre!

Cinco Gambas


¡Sorpresa! Sorpresa nuestra, claro. Pusimos el primer contador el Martes 27, como quien no quiere la cosa, como para ver qué pasaba. Y, bueno, gratamente sorprendidos, por que a este Lunes que nos regala con un cielo celestísimo, el cuadradito se abre y nos muestra que esta humilde página se ha visto ya más de 500 veces. ¿Será mucho? ¿Será poco? La verdad es que no esperábamos tanto, no sabíamos cuánto, pero seguro que mucho menos.

Arrancamos este blog con la discreta espectativa de hacer visibles números que suelen ser legibles sólo para "entendidos", que excluyen de su debate a los hijos de vecino que carecen de títulos de grado, maestrías y especializaciones blablá. Y por tanto, cuando son sesgados, manipulados, maliciosamente enfocados, la cosa pasa de largo, y así nos comemos las zonceras sin capacidad de digerirlas.

Estimulados por tantos visitantes, que por ahora no sabemos si pasarán de largo nomás, o si volverán a cada tanto en búsqueda de Datos Duros, vamos a seguir con nuestra autoimpuesta misión de ejercer el Jauretchismo Estadístico, de ser apenas gestores de ocurrencias ajenas, y lobbystas de ideas originales pero no nuestras.

Como siempre va una de cal y otra de arena... parece que en Venezuela perdimos. Qué cagada, ya opinaremos al respecto, irresponsablemente por supuesto.

¿Por qué ganó Cristina?

Seguimos profundizando en los motivos del triunfo electoral de la Senadora –ya Presidenta electa- Cristina Fernández de Kirchner.

Ya mucho se ha batido el parche con la dicotomía entre el voto de los “centros urbanos”, libre, a conciencia y educado, y los sufragios de la periferia pobretona, analfa y punteril.

Paralelamente a ese debate de poco vuelo, unos cuantos analistas un poco más sutiles venían advirtiendo –ya antes del comicio- sobre la notable evolución de los indicadores sociales que mostraba la gestión del Presidente Néstor, cifrando allí las causas del apoyo electoral condensado en la jornada del 28 de Octubre.

Vamos a hundir el bisturí en ése tema. En particular en la evolución del mercado de trabajo. Sí, ya sabemos lo que cayó el desempleo y el subempleo, cuánto se incrementó el nivel de actividad, etcétera, etcétera. Pero de lo que se trata es de saber cómo y cuánto se “derramó” de ésa mejora de los indicadores laborales. En una de ésas podemos llegar a descubrir que el pobrerío votó a Cristina porque realmente mejoraron su situación laboral y sus ingresos, no? ¿Qué dirán entonces los Salvajes Unitarios estigmatizadores del voto de los humildes?

Vamos a ver qué pasa cuando cruzamos los indicadores del mercado laboral, con la estratificación de los hogares según el Ingreso per Cápita Familiar (IPCF). Esto es, con los deciles de hogares ordenados desde el más pobre al más rico.





En el Cuadro 1 (click sobre la imagen para verlo ampliado) podemos ya ver unas cuantas cosas. Primero, vemos diez conjuntos o estratos de hogares, que van del decil 1 –de menor ingreso- hasta el 10 –de mayores ingresos-. Y tenemos las tasas de desocupación del total de la población relevada por la Encuesta de Hogares, que cae del 16,8% al 9,8% entre el 3º trimestre de 2003 y el 1º de 2007.

Además, si consideramos cada decil por separado, vemos la tasa de desocupación que se registra en cada uno (recordemos: la población desocupada del decil sobre la población económicamente activa del mismo decil). En el decil más pobre, el desempleo cae del pavoroso 30,9% al todavía gravísimo 18,1%, pero cae 12,7 puntos. Así podemos seguir leyendo hacia abajo qué ocurrió en cada estrato. Hasta llegar al paraíso del pleno empleo en que viven los del decil 10, el más rico.

Mientras que en 2003, el 70% de los hogares –los deciles 1 a 7- padecían tasas de desempleo de dos dígitos, en 2007, se redujeron al 40%. Los deciles de menores ingresos, que se encontraban en el reino de la recontra-híper desocupación en 2003, son donde más se acentúa la caída.

Podría decirse que esto sólo bastaría para dar cuenta del voto a Cristina, y de pasada iluminar las otras razones del voto de la terca negrada, que además de choripanes, micros y tetrabrick, que por lo visto tuvo algo más que sopesar a la hora de elegir qué boleta ensobrar en el cuarto oscuro. El Cuadro 1, pues, ya nos va dando indicios de cómo se han ido repartiendo los efectos del acelerado crecimiento económico. Pero vamos por más.





A partir del Cuadro 2 (click sobre la imagen para verlo ampliado) podemos poner en cantidades lo que en el anterior aparecían como porcentajes. ¿Qué nos dice este cuadro –lo reconocemos- algo más complejo de leer? En el 3º trimestre de 2003 la Encuesta de Hogares relevó casi 1 millón 700 mil desocupados, que en el 1º trimestre de 2007 se redujeron a poco más de un millón. Esto es, 600 mil personas dejaron de ser desocupadas. ¿De dónde salieron? ¿Adónde estaban? Lo podemos ver en las dos últimas columnas. El 27,7% de quienes dejaron de estar desocupados, corresponden al decil más pobre. Y así podemos seguir hacia abajo con los deciles de ingreso creciente. Si contamos los cuatro deciles de menores ingresos, el 40% de los hogares más pobres, allí está el 61,3% de quienes abandonaron la condición de desempleo. ¿Y podemos seguir considerando que si votaron a Cristina lo hicieron arreados?

Pero claro, podríamos pensar que algunos/muchos/unos cuantos dejaron de ser desocupados porque se quedaron en su casa y dejaron de buscar trabajo. Es decir que bajó la tasa de actividad del estrato. Algo de eso sin duda hay, pero vamos a seguir con la modalidad de la reinclusión laboral, lo que determinará finalmente el aumento del ingreso de los hogares.



Nuevamente, como en el caso del desempleo, vemos la tasa de subocupación para el total de la población relevada –cae del 17,2% al 9,7% entre el 3º trimestre de 2003 y el 1º trimestre de 2007-, y la tasa de subocupación que afecta a cada estrato separadamente. También aquí constatamos que el subempleo horario golpea más cuanto más descendemos en la escala de ingresos, pero también que es allí, en los estratos más bajos, donde más disminuyó. Si replicamos el Cuadro 2 para este caso, pondremos en cantidades de subocupados lo que aquí aparecen como porcentajes.

Podemos aquí realizar similar lectura que en el caso de los desocupados. Entre el 3º trimestre de 2003 y el 1º trimestre de 207, la cantidad total de subocupados relevada desciende de poco más de 1 millón 700 mil a 1 millón 80 mil. Dejan de ser subocupados 661 mil personas. Y quienes abandonan esa condición laboral se distribuyen según consignan las dos últimas columnas. El 61,6% de quienes salen del subempleo horario corresponden a los 4 deciles de menores ingresos.

Esta modalidad de reinclusión laboral, y cómo impactó diferenciadamente en los estratos más bajos, se va a reflejar en la pauta de distribución del ingreso. ¿Cómo? Que sí, que cambió, y para mejor. Si no cree vea:

En este Gráfico (click sobre la imagen para verlo ampliado) vemos para cada Decil, qué porcentaje del ingreso total se embolsa, y cómo evolucionó esta distribución entre Mayo de 2003 y el 1º trimestre de 2007. Podemos apreciar que los ricachones de los deciles 9 y 10 son perdedores netos, sobre todo el Decil 10, y que lo que pierden se reparte entre el resto. Notablemente, los estratos más pobres recuperan porciones de la torta. La remanida brecha entre el estrato más rico y el más pobre, esto es, cuántas veces más se lleva de la torta el decil 10 en comparación con el decil 1, por su parte, desciende de 14 a 11 (calcule con calculadora, véalo Usted mismo) ¿Alguien dijo que la distribución del ingreso estaba congelada? Si afinamos el lápiz, se puede ver cómo crece o decrece cada estrato:

Clave de lectura: el decil 1, el más pobre, aumentó 9,09% su participación en el ingreso total, el decil 2 aumentó el 7,32%, y así. Sí, sí, visto así, es bastante desparejo, pero ¿se puede seguir diciendo que este modelo no derramó nada?

Para concluir, porque esto ya es demasiado largo para un bloguín, vamos con dos gráficos más.



Acá vemos que el ingreso per cápita promedio de los hogares más pobres aumentó 176% entre Mayo de 2003 y el 1º trimestre de 2007, el del decil 2 aumentó 184%, y así. Esto es medido en pesos corrientes. Claro, entretanto hubo inflación –y ahora también aunque no la conocemos- pero el gráfico exhibe el aumento en contantes y sonantes pesos, sin deflactar ni nada. Creemos que habla por sí sólo.


Por último de lo último, tenemos el famoso Indice de Gini, desde Mayo de 1994 hasta el 1º trimestre de 2007. El Indice es un número sintético que sintetiza –como dice su nombre- la distribución vista en el Gráfico 1. Como es sabido, cuando crece refleja una mayor desigualdad, y cuando disminuye refleja una mayor equidad. Si su valor fuera 1 mostraría una situación en la cual un solo individuo acapara todo el ingreso y el resto zapatero. Si su valor fuera cero, la situación sería la opuesta: todos ganarían lo mismo. La curva dice que con la recuperación económica posterior a la devaluación se quiebra la tendencia siempre creciente de los años convertibles y neoliberales. Y más aún, que desde el picotazo de 2002, se han recuperado niveles de equidad mayores a los de la década del noventa.

Repreguntamos la pregunta del título: ¿por qué ganó Cristina? La única verdad es la realidad, solía decir un general, o coronel, o león herbívoro creo, no sé.

ACLARACION METODOLOGICA:

Los numeritos en danza fueron obtenidos a partir de las Bases Usuarias de la Encuesta Permanente de Hogares –procesados con SPSS 15.0- y de los tabulados básicos de la EPH puntual, disponibles en la página del INDEC, constando que es toda información previa al affaire Moreno-Edwin-Pagliere. Así que, no chillar, estos datos son de cuando “los troscos del Indec” todavía mandaban en el organismo y conspiraban con los tenedores de bonos indexados por el CER.

(¿“Trotsky en Wall Street” decía una canción de Sabina?)

¿Mató a alguien?


El sempiterno, inefable, histórico, Don Antonio Cafiero a sus 85 años sigue con tela para cortar, si no, vean esta entrevista, sugestiva, interesante y pintoresca que le hace la revista Fortuna.

Opina sobre Moreno, sobre el nuevo ministro de economía, y varias cosas más. Imperdible.

El Fracaso del efecto Derrame

Reproducimos artículo del Lic. Santiago Fraschina (becario del CONICET), publicado en Agencia Paco Urondo

Distincion entre los instrumentos y la meta de un modelo economico

El primer día de clase, el docente realiza una pregunta a su grupo de alumnos que en principio les pareció muy sencilla, incluso hasta con una cuota de ingenuidad por ser ellos estudiantes avanzados de la carrera de Economía.

- ¿Cómo se dan cuenta ustedes que la Argentina se encuentra en crisis? ¿Qué indicador tomarían para diagnosticar la recesión del país?.

De inmediato comenzaron a cruzarse las miradas de los alumnos con gesto de asombro ante la aparente simplicidad de la pregunta de su profesor.

- Un país está en crisis cuando no hay crecimiento económico- aventuró rápidamente un estudiante con la seguridad de haber respondido correctamente la pregunta.

- No- contestó el docente en forma contundente.

- Al disminuir el producto bruto per capita- respondió otro alumno, creyendo que lo único que le faltaba a la respuesta de su compañero era un poco de refinamiento.

- Tampoco- exclamó el docente.

Empezaron a verse gestos de sorpresa entre los alumnos ante las negativas del docente a la respuesta de sus compañeros.

- Al aumentar el déficit fiscal del Estado- tímidamente, esta vez, respondió otro alumno.

- Menos- sentenció el profesor de Economía.

La pregunta aparentemente sencilla se había convertido en un escollo difícil de superar.

- Cuando se genera inflación y se reduce la inversión de los empresarios- balbuceó otro alumno, arriesgando dos respuestas para aumentar su probabilidad de acierto.

- Ninguna de las dos- dictaminó el docente, y agregó –Uno se da cuenta que la Argentina está en crisis porque al pasar al mediodía por las obras en construcción, ya no se siente el aroma a asado como en el pasado. Ese es el mejor indicador que se puede utilizar para demostrar la situación crítica que está atravesando el país.

Esta breve historia que parece tener un final poco académico por parte del profesor, encierra sin embargo, conceptos básicos y fundamentales para cualquier economista, y que deben enseñarse el primer día de clase de la Facultad: la distinción entre la meta de un modelo económico y las herramientas o instrumentos para alcanzar dicha meta.

A la hora de considerar el éxito o fracaso de un modelo económico es imprescindible, para dicha evaluación, la distinción entre las políticas económicas, de las metas u objetivos del modelo. A su vez, entre estos últimos, debemos diferenciar las metas intermedias del objetivo final.

Tanto las políticas económicas como las metas intermedias deben estar subordinada al objetivo final. Es decir, se eligen herramientas económicas para conseguir las metas intermedias que nos permitan conseguir el objetivo último del modelo económico:

Políticas económicas - metas intermedias - objetivo final

El éxito o no de un modelo de desarrollo depende de cuanto nos acercamos o nos alejamos de la meta final. Si bien todo modelo económico está conformado por los tres componentes, su éxito no depende de las herramientas económicas ni de las metas intermedias. Estas deben considerarse tan solo como pasos previos hacia la meta final.

Entre las políticas económicas aplicables podemos encontrar las siguientes: déficit fiscal cero, privatizaciones, devaluación, dolarización, apertura de la economía, proteccionismo, acuerdo o no con el Fondo Monetario Internacional, desregulación de los mercados, estatización de las empresas, pesificación de la economía, no pagar la deuda externa, subsidiar a los sectores productivos, entre otras.

Por otro lado, las metas intermedias que se pueden alcanzar al aplicar las diferentes políticas económicas, pueden ser: crecimiento económico, aumento de la inversión, estabilización de los precios, aumento de la productividad de la economía, incremento del producto per capita del país, entre otras.

Pero el objetivo final, por el cual debemos medir el éxito de todos los modelos económicos, y al cual deben subordinarse las políticas económicas y las metas intermedias, es el mejoramiento del estándar de vida de la población.

Un modelo de desarrollo no es exitoso cuando se logran las metas intermedias, ni mucho menos cuando se aplican de manera satisfactorias las políticas económicas. Solo es exitoso cuando aumenta el bienestar de la mayoría de los individuos de la población. Muchas veces se aplican herramientas económicas sin siquiera alcanzar las metas intermedias, pero aunque se alcancen, no nos debemos conformar para declararlo como exitoso al modelo, pues falta observar si esas metas intermedias alcanzadas nos acerca o no al objetivo final. Por lo tanto, la eficacia de las herramientas económicas y de las metas intermedias alcanzadas se deben medir en términos de si mejoran o empeoran el bienestar de la población.

Por otro lado, los dos primeros componentes del modelo de desarrollo deben ser flexibles y tienen que modificarse rápidamente si nos alejamos del objetivo final. En cambio, este ultimo es inmodificable y es común a todo modelo económico. Las herramientas económicas y los objetivos intermedios son instrumentos transitorios, no permanentes, y deben alterarse para poder alcanzar la meta final. No debe ser un objetivo en sí mismo el de mantener permanentemente los dos primeros componentes del modelo de desarrollo y menos cuando empeora el bienestar de la población.

Los medios, tanto las políticas económicas y los objetivos intermedios, son opcionales según los diferentes contextos, tanto nacionales como internacionales, en cambio, el fin del modelo económico, mejorar el estándar de vida de la población, se mantiene inalterable.

Ahora sí podemos observar claramente la diferencia entre las respuestas de los alumnos y la del docente de Economía. Los alumnos se referían a los medios, mientras que el profesor apuntaba al objetivo final de todo modelo económico.

Ahora bien, para medir el éxito de los medios no es necesario salir a dar vuelta al mediodía por los barrios para pasar por las obras de construcción y verificar si hay aroma o no a asado. Por suerte existen indicadores que nos permiten mensurar el estándar de vida de la sociedad, de los cuales destacamos los siguientes: la evolución del mercado de trabajo, el comportamiento de las remuneraciones reales de los asalariados, el nivel de la pobreza y, por ultimo, la distribución del ingreso entre los diferentes estratos sociales.

Es importante señalar que estos indicadores apuntan a medir el estándar de vida de los individuos que forma parte de su calidad de vida. Sin embargo, este ultimo concepto es mas abarcativo que el primero, al tener en cuenta los efectos, no solo de las políticas económicas, sino de las políticas públicas en general. Para mensurar la calidad de vida de los individuos, a los indicadores recientemente mencionados, les debemos sumar el acceso a la salud, a la educación, la seguridad de la población, entre otras. Pero este articulo solo se va a circunscribir a las consecuencias de las políticas económicas en las condiciones de vida de la población.

El plan de convertibilidad y sus indicadores sociales

A principio de los años noventa se instauró en la Argentina un nuevo régimen de acumulación sustentado en nuevas políticas económicas y que alcanzaron importantes metas intermedias arduamente esperadas.

Entre las nuevas herramientas económicas implementadas al principio de los años noventa se encuentran las siguientes:
- Apertura de la economía, a través de la reducción arancelaria y la apreciación cambiaría.
- Paridad cambiaría de la moneda local con la moneda norteamericana.
- La desregulación de los mercados, incluido el mercado laboral.
- Privatizaciones de las empresas públicas.

Como consecuencias de estas políticas económicas se alcanzaron importantes metas intermedias:
- Crecimiento económico.
- Aumento del consumo y de la inversión.
- Estabilización de los precios, e
- Incremento de la productividad de la economía.

Ante estos sorprendentes resultados, muchos funcionarios, académicos, periodistas y profesionales que trabajaban en consultoras privadas, salieron rápidamente a declarar el tremendo éxito del nuevo modelo económico, confundiendo, igual que los alumnos avanzados de economía, los medios o instrumento con el objetivo final del modelo económico.

Por lo tanto, es el momento de analizar los diferentes indicadores que me permitan medir como evolucionó el estándar de vida de la población durante la aplicación de este “exitoso” modelo económico. Es hora de observar si las nuevas políticas económicas nos acercaron o no a la meta final.

Evolución del Mercado de Trabajo: Durante la década de los noventa tanto la desocupación como la subocupacion y los trabajos precarios se constituyeron en problemas relevantes del mercado laboral, debido a su inusitado aumento.

Con respecto a la tasa de desempleo durante toda la década del ochenta y hasta 1992 nunca alcanzó los dos dígitos y, en general, durante dicho periodo esta tasa oscilo entre el 4 y el 8%.

Sin embargo, en 1993 se produce el gran despegue de la desocupación, llegando al 17,3% de desocupados en 1996, alcanzando su pico mas alto en 1995 donde la tasa de desocupación trepó al 18,4%, es decir, 2.170.000 personas. Luego se produjo un descenso de la tasa de desocupación, llegando en 1997 al 13,7%, aunque es importante destacar que nunca dejó de ser de dos dígitos. Además, y como consecuencia de la crisis iniciadas a mediados de 1998, su produce un nuevo incremento en la desocupación de manera continuada y sin interrupción. Alcanza al 18,3% a fin de 2001, que si bien era una décima menor a la de mayo de 1995 (18,4%) abarcaba a una mayor cantidad de individuos: en el 2001 afectaba a 2.532.000 individuos, mientras que en 1995 había 2.170.000 de desocupados.

Un sendero parecido a la desocupación tuvo el subempleo (personas ocupadas pero que trabajan menos de 35 horas semanales por causas involuntarias). Desde 1991 a 1996 la tasa de subempleo subió del 7,9% al 13,6%. Esta tendencia ascendente de la tasa de subocupacion continuó durante el resto de la década del noventa, alcanzando a ser en 1999 del 14,3%. Por ultimo, dicha tasa trepó a finales de 2001 a 16,3%.

Si uno suma la tasa de desocupación con la tasa de subempleo para observar cual es el número de personas con problemas laborales se obtiene los siguientes datos:

En el mes de mayo de 1991 encontrábamos que 1.724.000 personas se encontraban con problemas laborales entre los desocupados y subocupados. En 1997, esta suma nos daba 3.620.000 individuos pasando en el 2001 a representar 4.800.000 de personas los desempleados y subocupados.(1)

Sin embargo, la desocupación y subocupacion no fueron las únicas deficiencias del mercado laboral durante la década de los noventa. Durante este período se produjo un incremento notable de los empleos precarios, deteriorando el nivel de vida de los ocupados en dichos empleos y la de sus familias.

Dentro de los trabajos precarios debemos sumar a los empleos no registrados en la seguridad social (trabajo en “negro”) y los trabajos con contratos por tiempo determinados.

Hay tres características importantes relacionados con los trabajos precarios y que generan un importante deterioro en la calidad de vida de las personas con tales empleos:

1 - Incremento en la inestabilidad de los empleos. Produce un aumento de la rotación de la mano de obra, pasando de un empleo a la desocupación y luego, si tiene suerte, a otro empleo.

2 - Hay una estrecha relación entre los empleos precarios y las jornadas de trabajos atípicas, esto es, jornada de trabajo de tiempo reducido (subocupacion) como la jornada laboral extensa.

3 - Los salarios de los empleos precarios son menores que las remuneraciones de los empleos estables y protegidos. Por lo tanto la precarización no es recompensada con mayores ingresos, sino, todo lo contrario, los trabajos precarios reciben una menor remuneración.

Comportamiento del Salario Real: Los salarios se desplomaron como consecuencia de los procesos hiperinflacionarios producidos a finales de la década de los ochenta y principio de los noventa. A raíz de la desaceleración en el ritmo de crecimiento de los precios logrados con el Plan de Convertibilidad iniciada en 1991, se genera una importante recuperación de los ingresos reales en comparación con los niveles salariales en el contexto de alta inflación.

Sin embargo, este proceso ascendente de los salarios se iba a revertir rápidamente, cuando se hicieran sentir fuertemente los efectos negativos de las nuevas políticas económicas. Básicamente, a partir del notable incremento de la desocupación, que generó un estancamiento y luego un retroceso de las remuneraciones.

Consecuentemente, los salarios vigentes a finales de la década de los noventa eran inferiores a las remuneraciones de la década de los ochenta, con el agravante que los salarios de los años ochenta ya se encontraban fuertemente deteriorados. Las remuneraciones reales a finales de la década de los noventa eran 16% y 23% inferiores a la de los años 1986 y 1980 respectivamente.(2)

Distribución del Ingreso: Los siguientes datos van a ser contundentes para demostrar la regresividad en la distribución del ingreso.

En 1990 el 60% de la población más pobre participaba en el 28% del ingreso total, mientras que en 1997 dicha cifra se reducía al 26,6%. Mientras que el 40% restante participaba del 72% del ingreso en 1990, este porcentaje se incremento en 1997 al 73,4%.

En 1991, el 10% más rico de la población participaba en 14,4 veces mas del ingreso que el 10% más pobre. En 1997 dicha diferencia se extendió a 23,1. El 10% más pobre participaba del 2,1% del ingreso total de la economía en 1990, reduciéndose dicha cifra en 1999 al 1,5%. Mientras tanto, el 10% más rico de percibir el 33,6% en 1990 pasó a recibir 36,7% del ingreso total en 1999.

Considerando toda la década de los noventa, la brecha entre el 10% más rico y más pobre se incremento en un 57%. El proceso de concentración del ingreso fue una constante durante los años noventa, transformándose en el periodo mas inequitativo de la historia argentina.

Este incremento de la regresividad en la distribución del ingreso es confirmado por el Coeficiente de Gini. Cuando se incrementa dicho coeficiente, que varia entre cero y uno, significa que se incrementa la inequidad en la distribución del ingreso. El Coeficiente de Gini que era de 0,39 en 1990, se incremento durante la década de los noventa pasando a 0,40 en 1994 y alcanzando en 1999 el valor de 0,46.(3)

A pesar de los elevados niveles de desigualdad al comienzo de la década, al finalizar los años noventa los niveles de desigualdad del ingreso eran aun mayor.

Nivel de Pobreza: A partir del plan de Convertibilidad y como resultado de la disminución en el ritmo de crecimiento de los precios el nivel de pobreza disminuyó de manera significativa. Sin embargo, inmediatamente se produce un ascenso permanente de dicho indicador durante toda la década de los noventa, finalizándola con un nivel de pobreza superior a la de la década de los ochenta y setenta.

En 1974 el 8,2% de la población y el 7,7% de los hogares se hallaba por debajo de la línea de la pobreza. En 1989, como consecuencia del proceso inflacionario los hogares por debajo de la línea de la pobreza se sitúo en el 38,8%. Luego con el Plan de Convertibilidad y gracias al efecto de estabilización este porcentaje se reduce. A partir de ese momento, y como resultado de las nuevas políticas económicas, este indicador aumenta de manera constante, alcanzando al 18,8% de los hogares en 1998. Llegando al 2001 donde todos los días se sumaban 2.000 nuevos pobres. Al final de dicho año el 40% de la población del país vivía por debajo de la línea de la pobreza.(4)

En resumen, durante la década de los noventa, se produjeron los siguientes procesos de manera simultanea: aumento de la desocupación, subocupacion y de los trabajos precarios, reducción de las remuneraciones reales de los asalariados, incremento de la inequidad en la distribución del ingreso y elevación del nivel de la pobreza de la población. Esto es, empeoraron considerablemente las condiciones de vida de la mayoría de los individuos.

Conclusión: el nuevo modelo de acumulación introducido al principio de los años noventa fue un rotundo fracaso. Esto explica por que el docente de economía no sintiera más el aroma del asado en las obras de construcción, a pesar de que las herramientas económicas fueron aplicadas de manera satisfactorias y se alcanzaron las metas intermedias. El problema es que nos alejamos del objetivo final de todo modelo de desarrollo.

La logica del pensamiento detrás del modelo

Como dijimos, el nuevo modelo económico instaurado en los años noventa aplicó de manera satisfactorias las políticas económicas que permitieron alcanzar de manera exitosa los objetivos intermedios. Sin embargo, fracasó en conseguir el objetivo final que es el mejoramiento del bienestar de la población. Por lo tanto, la ruptura se produce en el ultimo pasaje de los tres componentes, entre las metas intermedias y el objetivo final.

Este fracaso se genera debido a la lógica del pensamiento que se encierra detrás de este modelo, denominado “efecto derrame”. Esta lógica predica que como resultado del crecimiento económico, los nuevos ingresos creados serán derramados para el conjunto de la población. Por lo tanto, consiguiendo la meta intermedia del crecimiento económico el objetivo final se conseguirá de manera espontanea y automática.

La secuencia es la siguiente:

Aplicando las diferentes políticas económicas de desregulación alcanzamos la metaÕdel mercado, apertura de la economía y privatizaciones intermedia del crecimiento económico (los otros objetivos intermedios, como por ejemplo la estabilidad de los precios, están subordinados a la meta intermedia mejorando las condiciones deÕ mas importante que es el crecimiento económico) vida de los individuos de manera espontanea a través del “efecto derrame”.

Sin embargo, este efecto no se produjo durante la década de los noventa, sino todo lo contrario, se ha producido un efecto de concentración del ingreso en pocos individuos.

La misma lógica de pensamiento es la que encierra la devaluación recientemente aplicada. Se modificaron las políticas económicas para conseguir un crecimiento económico (a través del sector exportador y por un cierto proceso de sustitución de importaciones) que automáticamente nos llevara al mejoramiento del bienestar de la población. Si esta lógica fracasó durante la década de los noventa, no se entiende por que motivo será exitosa con las nuevas herramientas económicas.

Por lo tanto, para el verdadero cambio del modelo económico lo que hay que modificar es esta lógica de pensamiento que encierra el modelo, esto es, el cambio del modelo no se refiere solo a una sustitución de las herramientas económicas.

La nueva lógica debe ser distribuir el ingreso para luego crecer, y no buscar un crecimiento para que luego se derrame de manera espontanea y automática por los diferentes estratos sociales de la población. El crecimiento económico, como nos demostró la década de los noventa, es una condición necesaria pero no suficiente para mejorar la calidad de vida de nuestros habitantes.

En una sociedad con una importante regresividad en la distribución del ingreso como la Argentina, el crecimiento tiende a reproducir e incluso ampliar dicha inequidad y, por lo tanto, aumentar la pobreza y deteriorar las condiciones de vida de la población.

La nueva lógica que debe encerrar el nuevo modelo económica es aplicar políticas económicas que busque directamente una mayor equidad distributiva del ingreso y que sea la base de un crecimiento económico armónico, equitativo y controlado, y que sea un crecimiento sustentable desde el punto de vista económico y social. Para que de una buena vez por todas vuelva el aroma a asado en las construcciones.


NOTAS

(1) Se utilizaron las siguientes fuentes para la recopilación de los datos:
- Beccaria, Luis: “Empleo e integración social”, Fondo de Cultura Económica, 2001.
- Cuello, Raul: “Política económica y exclusión social”, Macchi, 1998.
- Diario Clarín: “Casi 5.000.000 de personas tienen problemas de empleo”, página 18, 14 de diciembre de 2001.
- Hidalgo, Juan Carlos: “El mercado de trabajo. Teoría económica, plan de convertibilidad y opción de desarrollo”, Centro de Publicación/Universidad Nacional del Litoral, 1999.
- Rapoport, Mario y colaboradores: “Historia económica, política y social argentina (1880-2000)”, Macchi, 2000.

(2) Beccaria, Luis: “Empleo e integración social”, Fondo de Cultura Económica, 2001.

(3) Estos datos fueron extraídos de las siguientes fuentes:
- Cuello, Raul: “Política económica y exclusión social”, Macchi, 1998.
- Diario Clarín: “Crece la brecha entre ricos y pobres”, pagina 9, 5 de noviembre de 2001.
- Lopez, Artemio; Romeo, Martin: “La distribución del ingreso en la década de los noventa”, Equipo de Investigación Social (EQUIS), 2000.

(4) Las fuentes de los datos son:
- Diario Clarín: “Cada día, en la Argentina hay 2.000 nuevos pobres”, página 3, 23 de noviembre de 2001.
- Teubal, Miguel: “Crecimiento y pobreza: el caso Argentino”, en ENOIKOS, Nº 15, Revista de la Facultad de Ciencias Económicas, U.B.A., 1999.

BIBLIOGRAFIA

- Altimir, Oscar; Beccaria, Luis: “Distribución del ingreso en la Argentina”, Serie Reforma Económica, 1999.
- Beccaria, Luis: “Un análisis de la estructura distributiva del nuevo régimen económico”, en ENOIKOS Nº 15, Revista de la Facultad de Ciencias Económicas, U.B.A., 1999.
- Beccaria, Luis: “Empleo e integración social”, Fondo de Cultura Económica, 2001.
- Beccaria, Luis; Serino, Leandro: “La baja de la calidad del empleo en los noventa”, en ENOIKOS Nº 18, Facultad de Ciencias Económicas, U.B.A., 2001.
- Cuello, Raul: “Política económica y exclusión social”, Macchi, 1998.
- Diario Clarín: “La brecha: herida absurda”, Suplemento Zona, páginas 6 y 7, 20 de Enero de 2002.
- Diario Clarín: “Cada día, en la Argentina hay 2.000 nuevos pobres”, página 3, 23 de noviembre de 2001.
- Diario Clarín: “Crece la brecha entre ricos y pobres”, pagina 9, 5 de noviembre de 2001.
- Diario Clarín: “Casi 5.000.000 de personas tienen problemas de empleo”, página 18, 14 de diciembre de 2001.
- Hidalgo, Juan Carlos: “El mercado de trabajo. Teoría económica, plan de convertibilidad y opción de desarrollo”, Centro de Publicación/Universidad Nacional del Litoral, 1999.
- Lindenboim, Javier: “El deterioro del mercado de trabajo y las “nuevas” relaciones laborales”, en ENOIKOS Nº 18, Revista de la Facultad de Ciencias Económicas, U.B.A., 2001.
- Lopez, Artemio; Romeo, Martin: “La distribución del ingreso en la década de los noventa”, Equipo de Investigación Social (EQUIS), 2000.
- Lo Vuolo, Ruben; Barbeito, Alberto; Pautassi, Laura; Rodriguez, Corina: “La pobreza...de la política contra la pobreza”, Miño y Davila Editores, 1999.
- Rofman, Alejandro: “La distribución del ingreso en la década de los noventa y sus implicancias económicas y sociales”, en ENOIKOS Nº 15, Revista de la Facultad de Ciencias Económicas, U.B.A., 1999.
- Rapoport, Mario y colaboradores: “Historia económica, política y social argentina (1880-2000)”, Macchi, 2000.
- Teubal, Miguel: “Crecimiento y pobreza: el caso Argentino”, en ENOIKOS, Nº 15, Revista de la Facultad de Ciencias Económicas, U.B.A., 1999.

¿Quién votó a Cristina?


Los días posteriores a las elecciones suelen ser un anticlímax político y discursivo. Pero dan pie también para sopesar los números finos del resultado del comicio. Allí –en los datos duros que surgen del escrutinio cuasi definitivo- encuentran sepultura un variopinto conjunto de lecturas sesgadas , análisis apresurados, y conclusiones concluyentes, hechas antes de la compulsa electoral, y durante la noche caliente del escrutinio, con pocos –muy poquitos- votos escrutados.

Pero como el momento ya pasó, y el mencionado anticlímax afirmó sus reales en el universo mediático, de tanta verba y tanta tinta, corridos en esas horas, aún quedan instalados y circulando numerosos y falaces enunciados que pueden oírse repetir una y otra vez, sorprendentemente, aún cuando los datos duros proveen contundentes elementos refutatorios. En su reemplazo, aparecen nuevas lecturas, no menos arbitrarias, que desvían la atención. Reseñaremos un par de casos.

Un ejemplo de lo dicho son los resultados de la Provincia de Buenos Aires. El periodismo interesado no cejó en su intento de proyectar al Gobernador electo –Daniel Scioli- como futuro challenger del gobierno nacional. Puesto que los votos para gobernador iban a ser de mucha mayor cuantía –así lo decían las encuestas- que los votos que recibiera Cristina Fernández para presidenta, Scioli se convertiría en el “tractor” del voto presidencial. De esta manera, la Presidenta electa le “adeudaría” buena parte de su triunfo en ese distrito clave para la elección nacional, y el nuevo Gobernador afirmaría un espacio representativo propio donde irían a coaligarse a futuro los peronistas descontentos con el Gobierno K. Aún los diarios del lunes 29 abonaban esta perspectiva, y con un escrutinio muy parcial asomaban números que parecían sostener la tesis. Ya el martes la cuestión desapareció de los titulares. ¿Qué pasó?

Pues bien, en la Provincia de Buenos Aires Cristina Fernández fue votada por 3.071.534 ciudadanos –el 45,93% de los votos positivos- en tanto que Daniel Scioli recibió la preferencia de 3.149.170 votantes –el 48,11%-, resultando una diferencia entrambos de sólo 77.636 votos –2,18 puntos porcentuales-, aproximadamente la suma de los votos obtenidos por Pino Solanas y Luis Amman, del FRAL. Poca cosa en verdad como para situar al Gobernador electo en una pretendida posición de disputa por la centralidad de la gestión que se iniciará el 10 de Diciembre.

Valga como anecdótica –o no- la situación que se registró en La Matanza, donde la Senadora Fernández recogió la preferencia de 277.267 electores –el 54,78%-, mientras que el actual Vicepresidente obtuvo 261.154 sufragios –el 51,04%-, es decir 16.113 votos menos. Se podría –honestamente- cifrar la diferencia en causas relacionadas con la interna política del oficialismo local, y con la figura del candidato a Vicegobernador, Alberto Balestrini, hombre fuerte del distrito. Pero, en función de los presagios mediáticos, el resultado no deja de llamar la atención.

Tanto énfasis puesto en diferenciar la preferencia electoral de la Presidenta y el Gobernador, ya electos, obedece al repetido intento de introducir “cuñas” y supuestos divisionismos en el dispositivo político oficial. Los medios opositores –o, si se quiere, la oposición expresada mediáticamente- han necesitado de contínuo, desde que asumiera Néstor Kirchner en 2003, de buscar, descubrir, alentar y azuzar fisuras en el espacio político denominado “kirchnerismo”. Sólo que –ay!- los datos duros a veces le dan un claro mentís a tales construcciones, que terminan revelándose sólo discursivas.

Una vez confrontadas los vaticinios previos con los guarismos reales, algunos lugares comunes caducan rápidamente y se le otorga vigencia a otros nuevos, siempre a tono con la búsqueda de fracturas sociales o políticas. Por ello la novísima controversia aparecida en estos días es la que se da en torno a la oposición “centros urbanos/interior pauperizado”. Esta mirada tendenciosa, racista, en definitiva gorila, y poco original –tan sólo un remix de tradicionales posturas denigratorias de los sectores populares- ha pretendido encontrar una dicotomía entre lo que sería el voto de las “grandes ciudades”, donde abunda la gente educada, formada, crítica, de clase media, casi faltaría agregar de piel blanca, por un lado, y por otro, el de las periferias, los espacios suburbanos, las provincias pobres, donde predomina “esa gente”, de poca educación, con “abundante superávit de oscura pigmentación”, pobre, y por tanto fácil presa de la dádiva y el clientelismo, aquéllos a quienes se lleva a votar “por un choripán” (es notable la fijación que tienen ciertos comunicadores en correlacionar la ingesta de embutidos con la preferencia electoral).

La inferencia implícita de esta diferenciación no es otra que la del “voto calificado”. Más allá de la tiranía del número que impone la democracia, habría votos que valen más que otros, por ser producto de la libertad de la conciencia de quien lo emite. Los “otros” serían votos de “segunda”, condicionados por el clientelismo y los aparatos. Unos votarían pensando en las sacrosantas instituciones, los “otros”, rehenes de sus carencias, en su bolsillo –o al menos en su estómago.

Tal como la Presidenta electa lo hizo, con rotundo y elemental sentido común, cabría preguntarse por qué distritos como Quilmes (385.636 empadronados), Florencio Varela (225.242 empadronados), Almirante Brown (337.973 empadronados), La Matanza (773.449 empadronados), Lanús (348.624 empadronados), Moreno (242.527 empadronados), Merlo (311.882 empadronados), todos donde Cristina Fernández ganó con holgura no son considerados “grandes centros urbanos”. Entre ellos suman 2.625.333 electores, más que los 2.564.950 de la Ciudad de Buenos Aires, y mucho más también que los otros remanidos “grandes centros urbanos” donde se registró una buena performance electoral de la oposición. Claro, los “calificadores de votos” sostendrán que en esos territorios del impenetrable conurbano campean caudillos locales y toda suerte de “punteros” que con las consabidas malas artes clientelares, capturan el voto de los pobres e ignorantes. Ignoramos cómo explicarán el desempeño de la Senadora en las elecciones de 2005, cuando tales caudillos y punteros apoyaban la candidatura de Hilda González de Duhalde. O, por remitirnos más atrás, el notable desempeño que obtuvo la Alianza UCR-FREPASO en los mismos distritos durante las elecciones legislativas de 1997, confrontando también con la Senadora González de Duhalde.

De manera tal que, la supuesta polaridad entre “grandes centros urbanos” y el resto, se revela pura y dura como una oposición clasista. Lo dijo la candidata opositora Elisa Carrió: se prepara para gobernar en 2011 con el voto de las “clases medias y medias altas”. No aclaró qué sucederá con el voto de los humildes. Así pues, como “civilización y barbarie”, “alpargatas y libros”, regresa por sus fueros un no tan nuevo clasismo oligárquico.

Vuelven los salvajes unitarios… viva la Santa Federación!!!

Crisis Energética: Cable a tierra


Allá a mediados del 2002 dijeron que el dólar se iba a disparar a 10$. Cuando la actividad económica empezó a recuperarse, se trataba sólo de un “rebote”. El crecimiento continuó, y adujeron que era apenas un “veranito”. Desde entonces la economía creció a un ritmo inédito en la historia de nuestro país. ¿Entonces? Pasamos de crecer al 9% a crecer al 7%, previsto para este año. Entonces “¡desaceleración!”, clamaron a coro. Los economistas del estáblisment siempre le encuentran la vuelta para descubrir una catástrofe inminente. Y una vez tras otra le yerran. Lo que está claro es que el nuevo modelo económico, surgido de las cenizas de la crisis de 2001, tiene perdedores, de allí tanta estridencia, tanto afán en profetizar calamidades.

En este año han aparecido serios problemas en el abastecimiento energético. Como no podía ser de otra manera el cacareo de los opinólogos remacha nuestros oídos con el retintín de la “crisis energética”. “Imprevisión”, “falta de planificación”, “sinceramiento de las tarifas”, “seguridad jurídica”, son algunos de los artículos de fe que invocan los inquisidores neoliberales para enviar a la hoguera al Gobierno Nacional. Pero ¿de qué crisis estamos hablando, y cuáles son sus causas? ¿Acaso la Argentina está condenada a la oscuridad en un mundo de lamparitas encendidas, y todo por culpa de este Gobierno?

En la actual situación de nuestro país concurren dos factores: uno es la modalidad que ha tenido el crecimiento económico, y otro es la estructura privatizada, desregulada y fragmentada del sector energético que dejó la infausta década menemista. El primero es un factor interno, y el segundo es un factor global que impacta no sólo en Argentina, también en numerosos países que han sido bendecidos por la fe liberal.

El último año que la Argentina creció bajo la convertibilidad fue 1998, de allí en adelante fue cuesta abajo hasta colapsar. Por eso suele tomarse ese año para comparar el desempeño económico luego de la devaluación. Veremos qué cambió en el crecimiento argentino bajo uno y otro modelo:

- El año 2006 cerró con un PBI 15% mayor que el de 1998 (ver cuadro). El crecimiento posterior a la crisis fue liderado inicialmente por la industria, para luego arrastrar al resto de los sectores de la economía.

- En 2006 el promedio de actividad industrial –relevado por el INDEC a través del Estimador Mensual Industrial (EMI)- aparece un 17% mayor que en 1998, apenas dos puntos mayor que el PBI. Sin embargo, los bloques industriales más intensivos en el uso de energía han sido precisamente los que más han crecido, notoriamente por encima del promedio, incrementando pari passu la demanda energética. Del otro lado, un sistema energético que a medida que la convertibilidad se hundía paralizó toda inversión.

Tenemos, entonces, un crecimiento liderado por las industrias que más emplean la energía como insumo, y una infraestructura energética que recién a partir de 2003, y con recursos públicos, ha comenzado a ampliar su capacidad instalada. Por añadidura, algunas variables imprevisibles, como el récord histórico de bajas temperaturas durante el invierno, y la carencia de agua en algunas de las más importantes centrales hidroeléctricas.

Como vemos, el desajuste tiene raíces más profundas que las agitadas por la oposición mediática, y revaloriza la política gubernamenteal de priorizar el consumo domiciliario por sobre el resto. Acaso algunos quisieran dejar a la población sin gas o electricidad en medio del frío, tan carente de alternativas políticas se encuentran que a lo único que apuestan es a solazarse con el malestar social.

En cuanto al sistema energético nacional, es bastante conocida la calamitosa historia del proceso de privatizaciones de los noventa, por ello no abundaremos en detalles. Reseñemos breve, y conceptualmente, lo que nos dejó:

- Un sistema fragmentado y desarticulado, donde la exploración, extracción y producción, el transporte, la transformación, y la distribución de energéticos, en sus variadas formas, se reparte en un conjunto caótico de empresas privadas –sólo en apariencia, pues un pequeño conjunto de compañías, a través de subsidiarias, participa en casi todos del sistema-, y extranjeras en una importante proporción.

- La coordinación de tal sistema quedó librada a los “mecanismos de mercado” introducidos en sus diferentes eslabones; las privatizaciones no previeron instancia alguna de planificación estratégica que administrara de modo global el empleo de un recurso básico para la vida una Nación. De manera tal que la provisión de energía quedó sujeta a la lógica de la rentabilidad privada –de los accionistas de las empresas- y desligada de una programación a largo plazo de las necesidades del desarrollo nacional.

Agreguemos que no sólo hace agua en la Argentina este modelo de privatización y desregulación energética, ha fracasado también en el mundo. Por cierto, no vivimos en un mundo de lamparitas encendidas. Pero claro, los diarios nos hablan de otras cosas, no mencionan, por referir sólo tres ejemplos, que:

- En Europa, los avances desregulatorios ya están dando problemas. El mes pasado en Barcelona quedaron 350 mil hogares sin electricidad, y los apagones persisten. Las asociaciones de vecinos cuestionan el modelo de desregulación.

- Nicaragua, que desreguló en 2001 sus sistema eléctrico, quedó a oscuras, también el mes pasado. Se culpa a la empresa española Unión Fenosa (presente en la Argentina a través de su controlada Endesa), y el Gobierno considera seriamente renacionalizar el sector.

- La peor crisis energética de los EE.UU. en su historia, fue en California durante 2000 y 2001, a poco de aplicar el modelo privatista de mercado; ENRON, la estrella de los mercados bursátiles que colapsó en medio de un escandaloso fraude contable, fue llevada a la justicia por manipular deliberadamente la provisión de electricidad con el objeto de negociar aumentos de tarifas

Cualquier parecido entre Bush, Ortega, y Zapatero con Kirchner queda librado a la proficua imaginación de los detractores de nuestro Presidente.

En conclusión, lo que está en crisis no es precisamente el sistema energético Argentino, sino el específico modelo desregulador y privatista implementado en los noventa90, que también entra también en crisis en los otros diversos lugares del mundo donde se ha aplicado. Además, como hemos visto, choca frontalmente con el modelo industrialista e inclusivo que necesita nuestro país. Cuando la Argentina era una economía de especulación y servicios, dolarizada y excluyente, el modelo encajaba; en cuanto la Argentina comienza a producir y reindustrializarse el modelo energético cruje. Desde lo peor de la crisis en 2002, la economía creció 40% sin interrupciones. El problema pues, no es de tarifas o “señales de precios que alienten la inversión”.

Desde 2003, el Estado ha retomado, con grandes dificultades, su rol estratégico en el sector. No ha sido suficiente para librarnos de contra las incertidumbres y riesgos del corto plazo, pero ha sido un auspicioso paso inicial en la insoslayable tarea, que tiene por delante el Movimiento Nacional: , de recuperar la soberanía energética para el desarrollo nacional.