·

·

Crisis Energética: Cable a tierra


Allá a mediados del 2002 dijeron que el dólar se iba a disparar a 10$. Cuando la actividad económica empezó a recuperarse, se trataba sólo de un “rebote”. El crecimiento continuó, y adujeron que era apenas un “veranito”. Desde entonces la economía creció a un ritmo inédito en la historia de nuestro país. ¿Entonces? Pasamos de crecer al 9% a crecer al 7%, previsto para este año. Entonces “¡desaceleración!”, clamaron a coro. Los economistas del estáblisment siempre le encuentran la vuelta para descubrir una catástrofe inminente. Y una vez tras otra le yerran. Lo que está claro es que el nuevo modelo económico, surgido de las cenizas de la crisis de 2001, tiene perdedores, de allí tanta estridencia, tanto afán en profetizar calamidades.

En este año han aparecido serios problemas en el abastecimiento energético. Como no podía ser de otra manera el cacareo de los opinólogos remacha nuestros oídos con el retintín de la “crisis energética”. “Imprevisión”, “falta de planificación”, “sinceramiento de las tarifas”, “seguridad jurídica”, son algunos de los artículos de fe que invocan los inquisidores neoliberales para enviar a la hoguera al Gobierno Nacional. Pero ¿de qué crisis estamos hablando, y cuáles son sus causas? ¿Acaso la Argentina está condenada a la oscuridad en un mundo de lamparitas encendidas, y todo por culpa de este Gobierno?

En la actual situación de nuestro país concurren dos factores: uno es la modalidad que ha tenido el crecimiento económico, y otro es la estructura privatizada, desregulada y fragmentada del sector energético que dejó la infausta década menemista. El primero es un factor interno, y el segundo es un factor global que impacta no sólo en Argentina, también en numerosos países que han sido bendecidos por la fe liberal.

El último año que la Argentina creció bajo la convertibilidad fue 1998, de allí en adelante fue cuesta abajo hasta colapsar. Por eso suele tomarse ese año para comparar el desempeño económico luego de la devaluación. Veremos qué cambió en el crecimiento argentino bajo uno y otro modelo:

- El año 2006 cerró con un PBI 15% mayor que el de 1998 (ver cuadro). El crecimiento posterior a la crisis fue liderado inicialmente por la industria, para luego arrastrar al resto de los sectores de la economía.

- En 2006 el promedio de actividad industrial –relevado por el INDEC a través del Estimador Mensual Industrial (EMI)- aparece un 17% mayor que en 1998, apenas dos puntos mayor que el PBI. Sin embargo, los bloques industriales más intensivos en el uso de energía han sido precisamente los que más han crecido, notoriamente por encima del promedio, incrementando pari passu la demanda energética. Del otro lado, un sistema energético que a medida que la convertibilidad se hundía paralizó toda inversión.

Tenemos, entonces, un crecimiento liderado por las industrias que más emplean la energía como insumo, y una infraestructura energética que recién a partir de 2003, y con recursos públicos, ha comenzado a ampliar su capacidad instalada. Por añadidura, algunas variables imprevisibles, como el récord histórico de bajas temperaturas durante el invierno, y la carencia de agua en algunas de las más importantes centrales hidroeléctricas.

Como vemos, el desajuste tiene raíces más profundas que las agitadas por la oposición mediática, y revaloriza la política gubernamenteal de priorizar el consumo domiciliario por sobre el resto. Acaso algunos quisieran dejar a la población sin gas o electricidad en medio del frío, tan carente de alternativas políticas se encuentran que a lo único que apuestan es a solazarse con el malestar social.

En cuanto al sistema energético nacional, es bastante conocida la calamitosa historia del proceso de privatizaciones de los noventa, por ello no abundaremos en detalles. Reseñemos breve, y conceptualmente, lo que nos dejó:

- Un sistema fragmentado y desarticulado, donde la exploración, extracción y producción, el transporte, la transformación, y la distribución de energéticos, en sus variadas formas, se reparte en un conjunto caótico de empresas privadas –sólo en apariencia, pues un pequeño conjunto de compañías, a través de subsidiarias, participa en casi todos del sistema-, y extranjeras en una importante proporción.

- La coordinación de tal sistema quedó librada a los “mecanismos de mercado” introducidos en sus diferentes eslabones; las privatizaciones no previeron instancia alguna de planificación estratégica que administrara de modo global el empleo de un recurso básico para la vida una Nación. De manera tal que la provisión de energía quedó sujeta a la lógica de la rentabilidad privada –de los accionistas de las empresas- y desligada de una programación a largo plazo de las necesidades del desarrollo nacional.

Agreguemos que no sólo hace agua en la Argentina este modelo de privatización y desregulación energética, ha fracasado también en el mundo. Por cierto, no vivimos en un mundo de lamparitas encendidas. Pero claro, los diarios nos hablan de otras cosas, no mencionan, por referir sólo tres ejemplos, que:

- En Europa, los avances desregulatorios ya están dando problemas. El mes pasado en Barcelona quedaron 350 mil hogares sin electricidad, y los apagones persisten. Las asociaciones de vecinos cuestionan el modelo de desregulación.

- Nicaragua, que desreguló en 2001 sus sistema eléctrico, quedó a oscuras, también el mes pasado. Se culpa a la empresa española Unión Fenosa (presente en la Argentina a través de su controlada Endesa), y el Gobierno considera seriamente renacionalizar el sector.

- La peor crisis energética de los EE.UU. en su historia, fue en California durante 2000 y 2001, a poco de aplicar el modelo privatista de mercado; ENRON, la estrella de los mercados bursátiles que colapsó en medio de un escandaloso fraude contable, fue llevada a la justicia por manipular deliberadamente la provisión de electricidad con el objeto de negociar aumentos de tarifas

Cualquier parecido entre Bush, Ortega, y Zapatero con Kirchner queda librado a la proficua imaginación de los detractores de nuestro Presidente.

En conclusión, lo que está en crisis no es precisamente el sistema energético Argentino, sino el específico modelo desregulador y privatista implementado en los noventa90, que también entra también en crisis en los otros diversos lugares del mundo donde se ha aplicado. Además, como hemos visto, choca frontalmente con el modelo industrialista e inclusivo que necesita nuestro país. Cuando la Argentina era una economía de especulación y servicios, dolarizada y excluyente, el modelo encajaba; en cuanto la Argentina comienza a producir y reindustrializarse el modelo energético cruje. Desde lo peor de la crisis en 2002, la economía creció 40% sin interrupciones. El problema pues, no es de tarifas o “señales de precios que alienten la inversión”.

Desde 2003, el Estado ha retomado, con grandes dificultades, su rol estratégico en el sector. No ha sido suficiente para librarnos de contra las incertidumbres y riesgos del corto plazo, pero ha sido un auspicioso paso inicial en la insoslayable tarea, que tiene por delante el Movimiento Nacional: , de recuperar la soberanía energética para el desarrollo nacional.

0 refutaciones: