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¿Por qué ganó Cristina?

Seguimos profundizando en los motivos del triunfo electoral de la Senadora –ya Presidenta electa- Cristina Fernández de Kirchner.

Ya mucho se ha batido el parche con la dicotomía entre el voto de los “centros urbanos”, libre, a conciencia y educado, y los sufragios de la periferia pobretona, analfa y punteril.

Paralelamente a ese debate de poco vuelo, unos cuantos analistas un poco más sutiles venían advirtiendo –ya antes del comicio- sobre la notable evolución de los indicadores sociales que mostraba la gestión del Presidente Néstor, cifrando allí las causas del apoyo electoral condensado en la jornada del 28 de Octubre.

Vamos a hundir el bisturí en ése tema. En particular en la evolución del mercado de trabajo. Sí, ya sabemos lo que cayó el desempleo y el subempleo, cuánto se incrementó el nivel de actividad, etcétera, etcétera. Pero de lo que se trata es de saber cómo y cuánto se “derramó” de ésa mejora de los indicadores laborales. En una de ésas podemos llegar a descubrir que el pobrerío votó a Cristina porque realmente mejoraron su situación laboral y sus ingresos, no? ¿Qué dirán entonces los Salvajes Unitarios estigmatizadores del voto de los humildes?

Vamos a ver qué pasa cuando cruzamos los indicadores del mercado laboral, con la estratificación de los hogares según el Ingreso per Cápita Familiar (IPCF). Esto es, con los deciles de hogares ordenados desde el más pobre al más rico.





En el Cuadro 1 (click sobre la imagen para verlo ampliado) podemos ya ver unas cuantas cosas. Primero, vemos diez conjuntos o estratos de hogares, que van del decil 1 –de menor ingreso- hasta el 10 –de mayores ingresos-. Y tenemos las tasas de desocupación del total de la población relevada por la Encuesta de Hogares, que cae del 16,8% al 9,8% entre el 3º trimestre de 2003 y el 1º de 2007.

Además, si consideramos cada decil por separado, vemos la tasa de desocupación que se registra en cada uno (recordemos: la población desocupada del decil sobre la población económicamente activa del mismo decil). En el decil más pobre, el desempleo cae del pavoroso 30,9% al todavía gravísimo 18,1%, pero cae 12,7 puntos. Así podemos seguir leyendo hacia abajo qué ocurrió en cada estrato. Hasta llegar al paraíso del pleno empleo en que viven los del decil 10, el más rico.

Mientras que en 2003, el 70% de los hogares –los deciles 1 a 7- padecían tasas de desempleo de dos dígitos, en 2007, se redujeron al 40%. Los deciles de menores ingresos, que se encontraban en el reino de la recontra-híper desocupación en 2003, son donde más se acentúa la caída.

Podría decirse que esto sólo bastaría para dar cuenta del voto a Cristina, y de pasada iluminar las otras razones del voto de la terca negrada, que además de choripanes, micros y tetrabrick, que por lo visto tuvo algo más que sopesar a la hora de elegir qué boleta ensobrar en el cuarto oscuro. El Cuadro 1, pues, ya nos va dando indicios de cómo se han ido repartiendo los efectos del acelerado crecimiento económico. Pero vamos por más.





A partir del Cuadro 2 (click sobre la imagen para verlo ampliado) podemos poner en cantidades lo que en el anterior aparecían como porcentajes. ¿Qué nos dice este cuadro –lo reconocemos- algo más complejo de leer? En el 3º trimestre de 2003 la Encuesta de Hogares relevó casi 1 millón 700 mil desocupados, que en el 1º trimestre de 2007 se redujeron a poco más de un millón. Esto es, 600 mil personas dejaron de ser desocupadas. ¿De dónde salieron? ¿Adónde estaban? Lo podemos ver en las dos últimas columnas. El 27,7% de quienes dejaron de estar desocupados, corresponden al decil más pobre. Y así podemos seguir hacia abajo con los deciles de ingreso creciente. Si contamos los cuatro deciles de menores ingresos, el 40% de los hogares más pobres, allí está el 61,3% de quienes abandonaron la condición de desempleo. ¿Y podemos seguir considerando que si votaron a Cristina lo hicieron arreados?

Pero claro, podríamos pensar que algunos/muchos/unos cuantos dejaron de ser desocupados porque se quedaron en su casa y dejaron de buscar trabajo. Es decir que bajó la tasa de actividad del estrato. Algo de eso sin duda hay, pero vamos a seguir con la modalidad de la reinclusión laboral, lo que determinará finalmente el aumento del ingreso de los hogares.



Nuevamente, como en el caso del desempleo, vemos la tasa de subocupación para el total de la población relevada –cae del 17,2% al 9,7% entre el 3º trimestre de 2003 y el 1º trimestre de 2007-, y la tasa de subocupación que afecta a cada estrato separadamente. También aquí constatamos que el subempleo horario golpea más cuanto más descendemos en la escala de ingresos, pero también que es allí, en los estratos más bajos, donde más disminuyó. Si replicamos el Cuadro 2 para este caso, pondremos en cantidades de subocupados lo que aquí aparecen como porcentajes.

Podemos aquí realizar similar lectura que en el caso de los desocupados. Entre el 3º trimestre de 2003 y el 1º trimestre de 207, la cantidad total de subocupados relevada desciende de poco más de 1 millón 700 mil a 1 millón 80 mil. Dejan de ser subocupados 661 mil personas. Y quienes abandonan esa condición laboral se distribuyen según consignan las dos últimas columnas. El 61,6% de quienes salen del subempleo horario corresponden a los 4 deciles de menores ingresos.

Esta modalidad de reinclusión laboral, y cómo impactó diferenciadamente en los estratos más bajos, se va a reflejar en la pauta de distribución del ingreso. ¿Cómo? Que sí, que cambió, y para mejor. Si no cree vea:

En este Gráfico (click sobre la imagen para verlo ampliado) vemos para cada Decil, qué porcentaje del ingreso total se embolsa, y cómo evolucionó esta distribución entre Mayo de 2003 y el 1º trimestre de 2007. Podemos apreciar que los ricachones de los deciles 9 y 10 son perdedores netos, sobre todo el Decil 10, y que lo que pierden se reparte entre el resto. Notablemente, los estratos más pobres recuperan porciones de la torta. La remanida brecha entre el estrato más rico y el más pobre, esto es, cuántas veces más se lleva de la torta el decil 10 en comparación con el decil 1, por su parte, desciende de 14 a 11 (calcule con calculadora, véalo Usted mismo) ¿Alguien dijo que la distribución del ingreso estaba congelada? Si afinamos el lápiz, se puede ver cómo crece o decrece cada estrato:

Clave de lectura: el decil 1, el más pobre, aumentó 9,09% su participación en el ingreso total, el decil 2 aumentó el 7,32%, y así. Sí, sí, visto así, es bastante desparejo, pero ¿se puede seguir diciendo que este modelo no derramó nada?

Para concluir, porque esto ya es demasiado largo para un bloguín, vamos con dos gráficos más.



Acá vemos que el ingreso per cápita promedio de los hogares más pobres aumentó 176% entre Mayo de 2003 y el 1º trimestre de 2007, el del decil 2 aumentó 184%, y así. Esto es medido en pesos corrientes. Claro, entretanto hubo inflación –y ahora también aunque no la conocemos- pero el gráfico exhibe el aumento en contantes y sonantes pesos, sin deflactar ni nada. Creemos que habla por sí sólo.


Por último de lo último, tenemos el famoso Indice de Gini, desde Mayo de 1994 hasta el 1º trimestre de 2007. El Indice es un número sintético que sintetiza –como dice su nombre- la distribución vista en el Gráfico 1. Como es sabido, cuando crece refleja una mayor desigualdad, y cuando disminuye refleja una mayor equidad. Si su valor fuera 1 mostraría una situación en la cual un solo individuo acapara todo el ingreso y el resto zapatero. Si su valor fuera cero, la situación sería la opuesta: todos ganarían lo mismo. La curva dice que con la recuperación económica posterior a la devaluación se quiebra la tendencia siempre creciente de los años convertibles y neoliberales. Y más aún, que desde el picotazo de 2002, se han recuperado niveles de equidad mayores a los de la década del noventa.

Repreguntamos la pregunta del título: ¿por qué ganó Cristina? La única verdad es la realidad, solía decir un general, o coronel, o león herbívoro creo, no sé.

ACLARACION METODOLOGICA:

Los numeritos en danza fueron obtenidos a partir de las Bases Usuarias de la Encuesta Permanente de Hogares –procesados con SPSS 15.0- y de los tabulados básicos de la EPH puntual, disponibles en la página del INDEC, constando que es toda información previa al affaire Moreno-Edwin-Pagliere. Así que, no chillar, estos datos son de cuando “los troscos del Indec” todavía mandaban en el organismo y conspiraban con los tenedores de bonos indexados por el CER.

(¿“Trotsky en Wall Street” decía una canción de Sabina?)

¿Mató a alguien?


El sempiterno, inefable, histórico, Don Antonio Cafiero a sus 85 años sigue con tela para cortar, si no, vean esta entrevista, sugestiva, interesante y pintoresca que le hace la revista Fortuna.

Opina sobre Moreno, sobre el nuevo ministro de economía, y varias cosas más. Imperdible.

El Fracaso del efecto Derrame

Reproducimos artículo del Lic. Santiago Fraschina (becario del CONICET), publicado en Agencia Paco Urondo

Distincion entre los instrumentos y la meta de un modelo economico

El primer día de clase, el docente realiza una pregunta a su grupo de alumnos que en principio les pareció muy sencilla, incluso hasta con una cuota de ingenuidad por ser ellos estudiantes avanzados de la carrera de Economía.

- ¿Cómo se dan cuenta ustedes que la Argentina se encuentra en crisis? ¿Qué indicador tomarían para diagnosticar la recesión del país?.

De inmediato comenzaron a cruzarse las miradas de los alumnos con gesto de asombro ante la aparente simplicidad de la pregunta de su profesor.

- Un país está en crisis cuando no hay crecimiento económico- aventuró rápidamente un estudiante con la seguridad de haber respondido correctamente la pregunta.

- No- contestó el docente en forma contundente.

- Al disminuir el producto bruto per capita- respondió otro alumno, creyendo que lo único que le faltaba a la respuesta de su compañero era un poco de refinamiento.

- Tampoco- exclamó el docente.

Empezaron a verse gestos de sorpresa entre los alumnos ante las negativas del docente a la respuesta de sus compañeros.

- Al aumentar el déficit fiscal del Estado- tímidamente, esta vez, respondió otro alumno.

- Menos- sentenció el profesor de Economía.

La pregunta aparentemente sencilla se había convertido en un escollo difícil de superar.

- Cuando se genera inflación y se reduce la inversión de los empresarios- balbuceó otro alumno, arriesgando dos respuestas para aumentar su probabilidad de acierto.

- Ninguna de las dos- dictaminó el docente, y agregó –Uno se da cuenta que la Argentina está en crisis porque al pasar al mediodía por las obras en construcción, ya no se siente el aroma a asado como en el pasado. Ese es el mejor indicador que se puede utilizar para demostrar la situación crítica que está atravesando el país.

Esta breve historia que parece tener un final poco académico por parte del profesor, encierra sin embargo, conceptos básicos y fundamentales para cualquier economista, y que deben enseñarse el primer día de clase de la Facultad: la distinción entre la meta de un modelo económico y las herramientas o instrumentos para alcanzar dicha meta.

A la hora de considerar el éxito o fracaso de un modelo económico es imprescindible, para dicha evaluación, la distinción entre las políticas económicas, de las metas u objetivos del modelo. A su vez, entre estos últimos, debemos diferenciar las metas intermedias del objetivo final.

Tanto las políticas económicas como las metas intermedias deben estar subordinada al objetivo final. Es decir, se eligen herramientas económicas para conseguir las metas intermedias que nos permitan conseguir el objetivo último del modelo económico:

Políticas económicas - metas intermedias - objetivo final

El éxito o no de un modelo de desarrollo depende de cuanto nos acercamos o nos alejamos de la meta final. Si bien todo modelo económico está conformado por los tres componentes, su éxito no depende de las herramientas económicas ni de las metas intermedias. Estas deben considerarse tan solo como pasos previos hacia la meta final.

Entre las políticas económicas aplicables podemos encontrar las siguientes: déficit fiscal cero, privatizaciones, devaluación, dolarización, apertura de la economía, proteccionismo, acuerdo o no con el Fondo Monetario Internacional, desregulación de los mercados, estatización de las empresas, pesificación de la economía, no pagar la deuda externa, subsidiar a los sectores productivos, entre otras.

Por otro lado, las metas intermedias que se pueden alcanzar al aplicar las diferentes políticas económicas, pueden ser: crecimiento económico, aumento de la inversión, estabilización de los precios, aumento de la productividad de la economía, incremento del producto per capita del país, entre otras.

Pero el objetivo final, por el cual debemos medir el éxito de todos los modelos económicos, y al cual deben subordinarse las políticas económicas y las metas intermedias, es el mejoramiento del estándar de vida de la población.

Un modelo de desarrollo no es exitoso cuando se logran las metas intermedias, ni mucho menos cuando se aplican de manera satisfactorias las políticas económicas. Solo es exitoso cuando aumenta el bienestar de la mayoría de los individuos de la población. Muchas veces se aplican herramientas económicas sin siquiera alcanzar las metas intermedias, pero aunque se alcancen, no nos debemos conformar para declararlo como exitoso al modelo, pues falta observar si esas metas intermedias alcanzadas nos acerca o no al objetivo final. Por lo tanto, la eficacia de las herramientas económicas y de las metas intermedias alcanzadas se deben medir en términos de si mejoran o empeoran el bienestar de la población.

Por otro lado, los dos primeros componentes del modelo de desarrollo deben ser flexibles y tienen que modificarse rápidamente si nos alejamos del objetivo final. En cambio, este ultimo es inmodificable y es común a todo modelo económico. Las herramientas económicas y los objetivos intermedios son instrumentos transitorios, no permanentes, y deben alterarse para poder alcanzar la meta final. No debe ser un objetivo en sí mismo el de mantener permanentemente los dos primeros componentes del modelo de desarrollo y menos cuando empeora el bienestar de la población.

Los medios, tanto las políticas económicas y los objetivos intermedios, son opcionales según los diferentes contextos, tanto nacionales como internacionales, en cambio, el fin del modelo económico, mejorar el estándar de vida de la población, se mantiene inalterable.

Ahora sí podemos observar claramente la diferencia entre las respuestas de los alumnos y la del docente de Economía. Los alumnos se referían a los medios, mientras que el profesor apuntaba al objetivo final de todo modelo económico.

Ahora bien, para medir el éxito de los medios no es necesario salir a dar vuelta al mediodía por los barrios para pasar por las obras de construcción y verificar si hay aroma o no a asado. Por suerte existen indicadores que nos permiten mensurar el estándar de vida de la sociedad, de los cuales destacamos los siguientes: la evolución del mercado de trabajo, el comportamiento de las remuneraciones reales de los asalariados, el nivel de la pobreza y, por ultimo, la distribución del ingreso entre los diferentes estratos sociales.

Es importante señalar que estos indicadores apuntan a medir el estándar de vida de los individuos que forma parte de su calidad de vida. Sin embargo, este ultimo concepto es mas abarcativo que el primero, al tener en cuenta los efectos, no solo de las políticas económicas, sino de las políticas públicas en general. Para mensurar la calidad de vida de los individuos, a los indicadores recientemente mencionados, les debemos sumar el acceso a la salud, a la educación, la seguridad de la población, entre otras. Pero este articulo solo se va a circunscribir a las consecuencias de las políticas económicas en las condiciones de vida de la población.

El plan de convertibilidad y sus indicadores sociales

A principio de los años noventa se instauró en la Argentina un nuevo régimen de acumulación sustentado en nuevas políticas económicas y que alcanzaron importantes metas intermedias arduamente esperadas.

Entre las nuevas herramientas económicas implementadas al principio de los años noventa se encuentran las siguientes:
- Apertura de la economía, a través de la reducción arancelaria y la apreciación cambiaría.
- Paridad cambiaría de la moneda local con la moneda norteamericana.
- La desregulación de los mercados, incluido el mercado laboral.
- Privatizaciones de las empresas públicas.

Como consecuencias de estas políticas económicas se alcanzaron importantes metas intermedias:
- Crecimiento económico.
- Aumento del consumo y de la inversión.
- Estabilización de los precios, e
- Incremento de la productividad de la economía.

Ante estos sorprendentes resultados, muchos funcionarios, académicos, periodistas y profesionales que trabajaban en consultoras privadas, salieron rápidamente a declarar el tremendo éxito del nuevo modelo económico, confundiendo, igual que los alumnos avanzados de economía, los medios o instrumento con el objetivo final del modelo económico.

Por lo tanto, es el momento de analizar los diferentes indicadores que me permitan medir como evolucionó el estándar de vida de la población durante la aplicación de este “exitoso” modelo económico. Es hora de observar si las nuevas políticas económicas nos acercaron o no a la meta final.

Evolución del Mercado de Trabajo: Durante la década de los noventa tanto la desocupación como la subocupacion y los trabajos precarios se constituyeron en problemas relevantes del mercado laboral, debido a su inusitado aumento.

Con respecto a la tasa de desempleo durante toda la década del ochenta y hasta 1992 nunca alcanzó los dos dígitos y, en general, durante dicho periodo esta tasa oscilo entre el 4 y el 8%.

Sin embargo, en 1993 se produce el gran despegue de la desocupación, llegando al 17,3% de desocupados en 1996, alcanzando su pico mas alto en 1995 donde la tasa de desocupación trepó al 18,4%, es decir, 2.170.000 personas. Luego se produjo un descenso de la tasa de desocupación, llegando en 1997 al 13,7%, aunque es importante destacar que nunca dejó de ser de dos dígitos. Además, y como consecuencia de la crisis iniciadas a mediados de 1998, su produce un nuevo incremento en la desocupación de manera continuada y sin interrupción. Alcanza al 18,3% a fin de 2001, que si bien era una décima menor a la de mayo de 1995 (18,4%) abarcaba a una mayor cantidad de individuos: en el 2001 afectaba a 2.532.000 individuos, mientras que en 1995 había 2.170.000 de desocupados.

Un sendero parecido a la desocupación tuvo el subempleo (personas ocupadas pero que trabajan menos de 35 horas semanales por causas involuntarias). Desde 1991 a 1996 la tasa de subempleo subió del 7,9% al 13,6%. Esta tendencia ascendente de la tasa de subocupacion continuó durante el resto de la década del noventa, alcanzando a ser en 1999 del 14,3%. Por ultimo, dicha tasa trepó a finales de 2001 a 16,3%.

Si uno suma la tasa de desocupación con la tasa de subempleo para observar cual es el número de personas con problemas laborales se obtiene los siguientes datos:

En el mes de mayo de 1991 encontrábamos que 1.724.000 personas se encontraban con problemas laborales entre los desocupados y subocupados. En 1997, esta suma nos daba 3.620.000 individuos pasando en el 2001 a representar 4.800.000 de personas los desempleados y subocupados.(1)

Sin embargo, la desocupación y subocupacion no fueron las únicas deficiencias del mercado laboral durante la década de los noventa. Durante este período se produjo un incremento notable de los empleos precarios, deteriorando el nivel de vida de los ocupados en dichos empleos y la de sus familias.

Dentro de los trabajos precarios debemos sumar a los empleos no registrados en la seguridad social (trabajo en “negro”) y los trabajos con contratos por tiempo determinados.

Hay tres características importantes relacionados con los trabajos precarios y que generan un importante deterioro en la calidad de vida de las personas con tales empleos:

1 - Incremento en la inestabilidad de los empleos. Produce un aumento de la rotación de la mano de obra, pasando de un empleo a la desocupación y luego, si tiene suerte, a otro empleo.

2 - Hay una estrecha relación entre los empleos precarios y las jornadas de trabajos atípicas, esto es, jornada de trabajo de tiempo reducido (subocupacion) como la jornada laboral extensa.

3 - Los salarios de los empleos precarios son menores que las remuneraciones de los empleos estables y protegidos. Por lo tanto la precarización no es recompensada con mayores ingresos, sino, todo lo contrario, los trabajos precarios reciben una menor remuneración.

Comportamiento del Salario Real: Los salarios se desplomaron como consecuencia de los procesos hiperinflacionarios producidos a finales de la década de los ochenta y principio de los noventa. A raíz de la desaceleración en el ritmo de crecimiento de los precios logrados con el Plan de Convertibilidad iniciada en 1991, se genera una importante recuperación de los ingresos reales en comparación con los niveles salariales en el contexto de alta inflación.

Sin embargo, este proceso ascendente de los salarios se iba a revertir rápidamente, cuando se hicieran sentir fuertemente los efectos negativos de las nuevas políticas económicas. Básicamente, a partir del notable incremento de la desocupación, que generó un estancamiento y luego un retroceso de las remuneraciones.

Consecuentemente, los salarios vigentes a finales de la década de los noventa eran inferiores a las remuneraciones de la década de los ochenta, con el agravante que los salarios de los años ochenta ya se encontraban fuertemente deteriorados. Las remuneraciones reales a finales de la década de los noventa eran 16% y 23% inferiores a la de los años 1986 y 1980 respectivamente.(2)

Distribución del Ingreso: Los siguientes datos van a ser contundentes para demostrar la regresividad en la distribución del ingreso.

En 1990 el 60% de la población más pobre participaba en el 28% del ingreso total, mientras que en 1997 dicha cifra se reducía al 26,6%. Mientras que el 40% restante participaba del 72% del ingreso en 1990, este porcentaje se incremento en 1997 al 73,4%.

En 1991, el 10% más rico de la población participaba en 14,4 veces mas del ingreso que el 10% más pobre. En 1997 dicha diferencia se extendió a 23,1. El 10% más pobre participaba del 2,1% del ingreso total de la economía en 1990, reduciéndose dicha cifra en 1999 al 1,5%. Mientras tanto, el 10% más rico de percibir el 33,6% en 1990 pasó a recibir 36,7% del ingreso total en 1999.

Considerando toda la década de los noventa, la brecha entre el 10% más rico y más pobre se incremento en un 57%. El proceso de concentración del ingreso fue una constante durante los años noventa, transformándose en el periodo mas inequitativo de la historia argentina.

Este incremento de la regresividad en la distribución del ingreso es confirmado por el Coeficiente de Gini. Cuando se incrementa dicho coeficiente, que varia entre cero y uno, significa que se incrementa la inequidad en la distribución del ingreso. El Coeficiente de Gini que era de 0,39 en 1990, se incremento durante la década de los noventa pasando a 0,40 en 1994 y alcanzando en 1999 el valor de 0,46.(3)

A pesar de los elevados niveles de desigualdad al comienzo de la década, al finalizar los años noventa los niveles de desigualdad del ingreso eran aun mayor.

Nivel de Pobreza: A partir del plan de Convertibilidad y como resultado de la disminución en el ritmo de crecimiento de los precios el nivel de pobreza disminuyó de manera significativa. Sin embargo, inmediatamente se produce un ascenso permanente de dicho indicador durante toda la década de los noventa, finalizándola con un nivel de pobreza superior a la de la década de los ochenta y setenta.

En 1974 el 8,2% de la población y el 7,7% de los hogares se hallaba por debajo de la línea de la pobreza. En 1989, como consecuencia del proceso inflacionario los hogares por debajo de la línea de la pobreza se sitúo en el 38,8%. Luego con el Plan de Convertibilidad y gracias al efecto de estabilización este porcentaje se reduce. A partir de ese momento, y como resultado de las nuevas políticas económicas, este indicador aumenta de manera constante, alcanzando al 18,8% de los hogares en 1998. Llegando al 2001 donde todos los días se sumaban 2.000 nuevos pobres. Al final de dicho año el 40% de la población del país vivía por debajo de la línea de la pobreza.(4)

En resumen, durante la década de los noventa, se produjeron los siguientes procesos de manera simultanea: aumento de la desocupación, subocupacion y de los trabajos precarios, reducción de las remuneraciones reales de los asalariados, incremento de la inequidad en la distribución del ingreso y elevación del nivel de la pobreza de la población. Esto es, empeoraron considerablemente las condiciones de vida de la mayoría de los individuos.

Conclusión: el nuevo modelo de acumulación introducido al principio de los años noventa fue un rotundo fracaso. Esto explica por que el docente de economía no sintiera más el aroma del asado en las obras de construcción, a pesar de que las herramientas económicas fueron aplicadas de manera satisfactorias y se alcanzaron las metas intermedias. El problema es que nos alejamos del objetivo final de todo modelo de desarrollo.

La logica del pensamiento detrás del modelo

Como dijimos, el nuevo modelo económico instaurado en los años noventa aplicó de manera satisfactorias las políticas económicas que permitieron alcanzar de manera exitosa los objetivos intermedios. Sin embargo, fracasó en conseguir el objetivo final que es el mejoramiento del bienestar de la población. Por lo tanto, la ruptura se produce en el ultimo pasaje de los tres componentes, entre las metas intermedias y el objetivo final.

Este fracaso se genera debido a la lógica del pensamiento que se encierra detrás de este modelo, denominado “efecto derrame”. Esta lógica predica que como resultado del crecimiento económico, los nuevos ingresos creados serán derramados para el conjunto de la población. Por lo tanto, consiguiendo la meta intermedia del crecimiento económico el objetivo final se conseguirá de manera espontanea y automática.

La secuencia es la siguiente:

Aplicando las diferentes políticas económicas de desregulación alcanzamos la metaÕdel mercado, apertura de la economía y privatizaciones intermedia del crecimiento económico (los otros objetivos intermedios, como por ejemplo la estabilidad de los precios, están subordinados a la meta intermedia mejorando las condiciones deÕ mas importante que es el crecimiento económico) vida de los individuos de manera espontanea a través del “efecto derrame”.

Sin embargo, este efecto no se produjo durante la década de los noventa, sino todo lo contrario, se ha producido un efecto de concentración del ingreso en pocos individuos.

La misma lógica de pensamiento es la que encierra la devaluación recientemente aplicada. Se modificaron las políticas económicas para conseguir un crecimiento económico (a través del sector exportador y por un cierto proceso de sustitución de importaciones) que automáticamente nos llevara al mejoramiento del bienestar de la población. Si esta lógica fracasó durante la década de los noventa, no se entiende por que motivo será exitosa con las nuevas herramientas económicas.

Por lo tanto, para el verdadero cambio del modelo económico lo que hay que modificar es esta lógica de pensamiento que encierra el modelo, esto es, el cambio del modelo no se refiere solo a una sustitución de las herramientas económicas.

La nueva lógica debe ser distribuir el ingreso para luego crecer, y no buscar un crecimiento para que luego se derrame de manera espontanea y automática por los diferentes estratos sociales de la población. El crecimiento económico, como nos demostró la década de los noventa, es una condición necesaria pero no suficiente para mejorar la calidad de vida de nuestros habitantes.

En una sociedad con una importante regresividad en la distribución del ingreso como la Argentina, el crecimiento tiende a reproducir e incluso ampliar dicha inequidad y, por lo tanto, aumentar la pobreza y deteriorar las condiciones de vida de la población.

La nueva lógica que debe encerrar el nuevo modelo económica es aplicar políticas económicas que busque directamente una mayor equidad distributiva del ingreso y que sea la base de un crecimiento económico armónico, equitativo y controlado, y que sea un crecimiento sustentable desde el punto de vista económico y social. Para que de una buena vez por todas vuelva el aroma a asado en las construcciones.


NOTAS

(1) Se utilizaron las siguientes fuentes para la recopilación de los datos:
- Beccaria, Luis: “Empleo e integración social”, Fondo de Cultura Económica, 2001.
- Cuello, Raul: “Política económica y exclusión social”, Macchi, 1998.
- Diario Clarín: “Casi 5.000.000 de personas tienen problemas de empleo”, página 18, 14 de diciembre de 2001.
- Hidalgo, Juan Carlos: “El mercado de trabajo. Teoría económica, plan de convertibilidad y opción de desarrollo”, Centro de Publicación/Universidad Nacional del Litoral, 1999.
- Rapoport, Mario y colaboradores: “Historia económica, política y social argentina (1880-2000)”, Macchi, 2000.

(2) Beccaria, Luis: “Empleo e integración social”, Fondo de Cultura Económica, 2001.

(3) Estos datos fueron extraídos de las siguientes fuentes:
- Cuello, Raul: “Política económica y exclusión social”, Macchi, 1998.
- Diario Clarín: “Crece la brecha entre ricos y pobres”, pagina 9, 5 de noviembre de 2001.
- Lopez, Artemio; Romeo, Martin: “La distribución del ingreso en la década de los noventa”, Equipo de Investigación Social (EQUIS), 2000.

(4) Las fuentes de los datos son:
- Diario Clarín: “Cada día, en la Argentina hay 2.000 nuevos pobres”, página 3, 23 de noviembre de 2001.
- Teubal, Miguel: “Crecimiento y pobreza: el caso Argentino”, en ENOIKOS, Nº 15, Revista de la Facultad de Ciencias Económicas, U.B.A., 1999.

BIBLIOGRAFIA

- Altimir, Oscar; Beccaria, Luis: “Distribución del ingreso en la Argentina”, Serie Reforma Económica, 1999.
- Beccaria, Luis: “Un análisis de la estructura distributiva del nuevo régimen económico”, en ENOIKOS Nº 15, Revista de la Facultad de Ciencias Económicas, U.B.A., 1999.
- Beccaria, Luis: “Empleo e integración social”, Fondo de Cultura Económica, 2001.
- Beccaria, Luis; Serino, Leandro: “La baja de la calidad del empleo en los noventa”, en ENOIKOS Nº 18, Facultad de Ciencias Económicas, U.B.A., 2001.
- Cuello, Raul: “Política económica y exclusión social”, Macchi, 1998.
- Diario Clarín: “La brecha: herida absurda”, Suplemento Zona, páginas 6 y 7, 20 de Enero de 2002.
- Diario Clarín: “Cada día, en la Argentina hay 2.000 nuevos pobres”, página 3, 23 de noviembre de 2001.
- Diario Clarín: “Crece la brecha entre ricos y pobres”, pagina 9, 5 de noviembre de 2001.
- Diario Clarín: “Casi 5.000.000 de personas tienen problemas de empleo”, página 18, 14 de diciembre de 2001.
- Hidalgo, Juan Carlos: “El mercado de trabajo. Teoría económica, plan de convertibilidad y opción de desarrollo”, Centro de Publicación/Universidad Nacional del Litoral, 1999.
- Lindenboim, Javier: “El deterioro del mercado de trabajo y las “nuevas” relaciones laborales”, en ENOIKOS Nº 18, Revista de la Facultad de Ciencias Económicas, U.B.A., 2001.
- Lopez, Artemio; Romeo, Martin: “La distribución del ingreso en la década de los noventa”, Equipo de Investigación Social (EQUIS), 2000.
- Lo Vuolo, Ruben; Barbeito, Alberto; Pautassi, Laura; Rodriguez, Corina: “La pobreza...de la política contra la pobreza”, Miño y Davila Editores, 1999.
- Rofman, Alejandro: “La distribución del ingreso en la década de los noventa y sus implicancias económicas y sociales”, en ENOIKOS Nº 15, Revista de la Facultad de Ciencias Económicas, U.B.A., 1999.
- Rapoport, Mario y colaboradores: “Historia económica, política y social argentina (1880-2000)”, Macchi, 2000.
- Teubal, Miguel: “Crecimiento y pobreza: el caso Argentino”, en ENOIKOS, Nº 15, Revista de la Facultad de Ciencias Económicas, U.B.A., 1999.

¿Quién votó a Cristina?


Los días posteriores a las elecciones suelen ser un anticlímax político y discursivo. Pero dan pie también para sopesar los números finos del resultado del comicio. Allí –en los datos duros que surgen del escrutinio cuasi definitivo- encuentran sepultura un variopinto conjunto de lecturas sesgadas , análisis apresurados, y conclusiones concluyentes, hechas antes de la compulsa electoral, y durante la noche caliente del escrutinio, con pocos –muy poquitos- votos escrutados.

Pero como el momento ya pasó, y el mencionado anticlímax afirmó sus reales en el universo mediático, de tanta verba y tanta tinta, corridos en esas horas, aún quedan instalados y circulando numerosos y falaces enunciados que pueden oírse repetir una y otra vez, sorprendentemente, aún cuando los datos duros proveen contundentes elementos refutatorios. En su reemplazo, aparecen nuevas lecturas, no menos arbitrarias, que desvían la atención. Reseñaremos un par de casos.

Un ejemplo de lo dicho son los resultados de la Provincia de Buenos Aires. El periodismo interesado no cejó en su intento de proyectar al Gobernador electo –Daniel Scioli- como futuro challenger del gobierno nacional. Puesto que los votos para gobernador iban a ser de mucha mayor cuantía –así lo decían las encuestas- que los votos que recibiera Cristina Fernández para presidenta, Scioli se convertiría en el “tractor” del voto presidencial. De esta manera, la Presidenta electa le “adeudaría” buena parte de su triunfo en ese distrito clave para la elección nacional, y el nuevo Gobernador afirmaría un espacio representativo propio donde irían a coaligarse a futuro los peronistas descontentos con el Gobierno K. Aún los diarios del lunes 29 abonaban esta perspectiva, y con un escrutinio muy parcial asomaban números que parecían sostener la tesis. Ya el martes la cuestión desapareció de los titulares. ¿Qué pasó?

Pues bien, en la Provincia de Buenos Aires Cristina Fernández fue votada por 3.071.534 ciudadanos –el 45,93% de los votos positivos- en tanto que Daniel Scioli recibió la preferencia de 3.149.170 votantes –el 48,11%-, resultando una diferencia entrambos de sólo 77.636 votos –2,18 puntos porcentuales-, aproximadamente la suma de los votos obtenidos por Pino Solanas y Luis Amman, del FRAL. Poca cosa en verdad como para situar al Gobernador electo en una pretendida posición de disputa por la centralidad de la gestión que se iniciará el 10 de Diciembre.

Valga como anecdótica –o no- la situación que se registró en La Matanza, donde la Senadora Fernández recogió la preferencia de 277.267 electores –el 54,78%-, mientras que el actual Vicepresidente obtuvo 261.154 sufragios –el 51,04%-, es decir 16.113 votos menos. Se podría –honestamente- cifrar la diferencia en causas relacionadas con la interna política del oficialismo local, y con la figura del candidato a Vicegobernador, Alberto Balestrini, hombre fuerte del distrito. Pero, en función de los presagios mediáticos, el resultado no deja de llamar la atención.

Tanto énfasis puesto en diferenciar la preferencia electoral de la Presidenta y el Gobernador, ya electos, obedece al repetido intento de introducir “cuñas” y supuestos divisionismos en el dispositivo político oficial. Los medios opositores –o, si se quiere, la oposición expresada mediáticamente- han necesitado de contínuo, desde que asumiera Néstor Kirchner en 2003, de buscar, descubrir, alentar y azuzar fisuras en el espacio político denominado “kirchnerismo”. Sólo que –ay!- los datos duros a veces le dan un claro mentís a tales construcciones, que terminan revelándose sólo discursivas.

Una vez confrontadas los vaticinios previos con los guarismos reales, algunos lugares comunes caducan rápidamente y se le otorga vigencia a otros nuevos, siempre a tono con la búsqueda de fracturas sociales o políticas. Por ello la novísima controversia aparecida en estos días es la que se da en torno a la oposición “centros urbanos/interior pauperizado”. Esta mirada tendenciosa, racista, en definitiva gorila, y poco original –tan sólo un remix de tradicionales posturas denigratorias de los sectores populares- ha pretendido encontrar una dicotomía entre lo que sería el voto de las “grandes ciudades”, donde abunda la gente educada, formada, crítica, de clase media, casi faltaría agregar de piel blanca, por un lado, y por otro, el de las periferias, los espacios suburbanos, las provincias pobres, donde predomina “esa gente”, de poca educación, con “abundante superávit de oscura pigmentación”, pobre, y por tanto fácil presa de la dádiva y el clientelismo, aquéllos a quienes se lleva a votar “por un choripán” (es notable la fijación que tienen ciertos comunicadores en correlacionar la ingesta de embutidos con la preferencia electoral).

La inferencia implícita de esta diferenciación no es otra que la del “voto calificado”. Más allá de la tiranía del número que impone la democracia, habría votos que valen más que otros, por ser producto de la libertad de la conciencia de quien lo emite. Los “otros” serían votos de “segunda”, condicionados por el clientelismo y los aparatos. Unos votarían pensando en las sacrosantas instituciones, los “otros”, rehenes de sus carencias, en su bolsillo –o al menos en su estómago.

Tal como la Presidenta electa lo hizo, con rotundo y elemental sentido común, cabría preguntarse por qué distritos como Quilmes (385.636 empadronados), Florencio Varela (225.242 empadronados), Almirante Brown (337.973 empadronados), La Matanza (773.449 empadronados), Lanús (348.624 empadronados), Moreno (242.527 empadronados), Merlo (311.882 empadronados), todos donde Cristina Fernández ganó con holgura no son considerados “grandes centros urbanos”. Entre ellos suman 2.625.333 electores, más que los 2.564.950 de la Ciudad de Buenos Aires, y mucho más también que los otros remanidos “grandes centros urbanos” donde se registró una buena performance electoral de la oposición. Claro, los “calificadores de votos” sostendrán que en esos territorios del impenetrable conurbano campean caudillos locales y toda suerte de “punteros” que con las consabidas malas artes clientelares, capturan el voto de los pobres e ignorantes. Ignoramos cómo explicarán el desempeño de la Senadora en las elecciones de 2005, cuando tales caudillos y punteros apoyaban la candidatura de Hilda González de Duhalde. O, por remitirnos más atrás, el notable desempeño que obtuvo la Alianza UCR-FREPASO en los mismos distritos durante las elecciones legislativas de 1997, confrontando también con la Senadora González de Duhalde.

De manera tal que, la supuesta polaridad entre “grandes centros urbanos” y el resto, se revela pura y dura como una oposición clasista. Lo dijo la candidata opositora Elisa Carrió: se prepara para gobernar en 2011 con el voto de las “clases medias y medias altas”. No aclaró qué sucederá con el voto de los humildes. Así pues, como “civilización y barbarie”, “alpargatas y libros”, regresa por sus fueros un no tan nuevo clasismo oligárquico.

Vuelven los salvajes unitarios… viva la Santa Federación!!!