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Madre Tierra

Leímos en Homoeconomicus, hace un par de días, un análisis sobre la concentración de la tierra en distintos países del mundo, y de allí la concentración de la renta de la tierra. El informe se basaba en datos de la FAO, y suscitó un jugoso debates (ver aquí) y alguna repercusión en otras páginas que leemos (ver Abuelo Económico).

Todo lo cual nos disparó la pregunta de cuán concentrada está la tierra hoy en Argentina. La cuestión nos toma bastante desprevenidos, porque venimos metiéndole cuchara a diversos indicadores sociales, y además, si de tierra se trata nuestra única posesión de la misma suele acumularse debajo de nuestra cama. Así que desde aquí nos sumamos a la controversia.

Pues bien, por desfachatez nomás, volvimos a nuestro depósito –luego de buscar la cita de la nota anterior- y nos encontramos con algunos tabulados del Censo Nacional Agropecuario 2002 , realizado por el nunca tan bien poderado INDEC.

Jugamos un poco, y armamos esto (click para ampliar):



Aquí vemos la cantidad de Explotaciones Agropecuarias (EAP), ordenadas por tramos de superficie, la superficie que acumula cada uno de ellos, y sus porcentuales sobre el total. A su vez agrupamos estos datos originales en tres subconjuntos con cortes en 100 y 1.000 hectáreas. Este agrupamiento no se sustenta en literatura alguna, sino que es pura intuición de lo que (por tradición familiar) conocemos del sector. Y aclaremos que este cuadro se refiere al total del país, aquí tenemos tanto minifundistas del NOA y el NOE, como megasuperficies de la Patagonia.

El primer interrogante que nos plantea (a nosotros, al menos) la lectura de estos Datos Duros es: ¿a quién cuerno representa la Sociedad Rural??? (sí, sí, ya lo sabemos…) ¿Y CRA, CARBAP, CONINAGRO, y FAA? Daría la impresión de que se disputan la representación del 16,97% de productores con más de 200 ha.

Si –casi exactamente- el 50% de la superficie de las EAP de la Argentina corresponde a establecimientos de más de 5.000 hectáreas, que son menos del 2% del total, ¿no son por lo menos distorsionadas la mayoría de las opiniones y análisis que se hacen sobre “el campo”?

El 57,87% de los productores que trabajan establecimientos de menos de 100 hectáreas, ¿no son “el campo"? ¿Quién lo representa?

Para terminar (porque estamos apurados) va el siguiente Gráfico (click sobre la imagen para ampliar):

Aquí vemos –como en los gráficos de distribución del ingreso- qué porción del total de la tierra corresponde a cada tramo de extensión. Ideal sería que cada subconjunto representara igual porcentaje de explotaciones, pero la información publicada no nos provee ese dato, ello hubiera implicado trabajar con Padrón Censal original (prometemos averiguar si se consigue).

Con respecto al cálculo del Indice de Gini para esta distribución, aunque el agrupamiento de los cuantiles no sea homogéneo, igualmente se puede hacer, pero el márgen –de tiempo- es demasiado pequeño para ello. El año que viene volvemos con la cuenta.

Así sobre el pucho no vamos a mandarnos ninguna conclusión pomposa, sino tan sólo constatar que a una dada distribución del ingreso –regresiva como la aún vigente en nuestro país- corresponde una distribución mucho más desigual de los activos (o la riqueza), en este caso la tierra.


Aclaración Metodológica: el CNA-2002 releva como unidad de análisis la EAP, esto es la “unidad de organización de la producción” que, “1) produce bienes agrícolas, pecuarios o forestales destinados al mercado; 2) tiene una dirección que asume la gestión y los riesgos de la actividad: el productor; 3) utiliza los mismos medios de producción de uso durable y parte de la misma mano de obra en todas las parcelas que la integran”. También indaga sobre el régimen de tenencia de la tierra, pero como es un censo sus datos son en definitiva los declarados por los encuestados. Quiere decir que un propietario de varias EAP no colindantes no es detectado por el censo ni tomado como una única unidad de producción. Otra cosa es la información de los catastros rurales de cada provincia, donde se registra la titularidad del dominio, i.e. quienes son los dueños efectivos de la tierra. Moraleja: los datos expuestos podrían subestimar la medida de concentración de la tierra. Un estudio, controvertido, que sí analiza estos aspectos es: Basualdo, Eduardo; Khavisse, Miguel. El nuevo poder terrateniente. Investigación sobre los nuevos y viejos propietarios de tierras de la Provincia de Buenos Aires. Buenos Aires: Editorial Planeta, 1993

Liberales (I)

Para degustar en estos últimos días del año, y suscitado por lecturas de diversos debates en los Blogs que leemos, fuímos a nuestro depósito y recordamos que además de números tenemos guardadas algunas otras cosillas. Aquí va, y a adivinar quién lo dijo!!! (la respuesta y referencia irá en la ventanita de comentarios, jejé)
Los liberales argentinos son amantes platónicos de una deidad que no han visto, ni conocen. Ser libre, para ellos no consiste en gobernarse a sí mismos, sino en gobernar a los otros. La posesión del gobierno: he ahí todo su liberalismo [...] El liberalismo, como hábito de respetar el disentimiento de los otros ejercido en nuestra contra, es cosa que no cabe en la cabeza de un liberal argentino. El disidente, es enemigo; la disidencia de opinión, es guerra, hostilidad, que autoriza la represión y muerte.

Lokomotora K

Pasadas las fiestas de la natividad, y aparentemente aquietados los ánimos valijeros que agitaron a oficialismo y oposición durante las primeras dos semanas del Gobierno de Cristina Fernández, retomamos la saga de los balances del gobierno del ex – Presidente Néstor.

Es que justo el 20 de Diciembre pasado, el INDEC –ése organismo “intervenido”, “cuestionado”, de porquería, puaj, puaj!- publicó los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica referidos al mes de Octubre. Este indicador, más conocido por sus siglas, EMAE, provee cifras mensuales que aproximan la evolución del PBI. Puesto que este último tiene datos trimestrales y se publican con un considerable gap respecto del período medido, el buen EMAE va estimando mes a mes, y con sólo mesypico de demora, la evolución del Producto.

Y como en Diciembre hizo entrega de mando el ex – Presidente Néstor, el dato de marras es un buen parámetro para evaluar el trayecto de su gestión en lo que hace al crecimiento económico, y compararlo con pasadas gestiones de gobierno.

Veamos (click sobre la imagen para ampliar):

Evaluación: de los datos ilustrados por el gráfico vemos claramente que la Gestión Kirchner se caracterizó por haberse iniciado con tenue “veranito”, seguido por un exiguo “rebote” de la actividad económica. Luego el “viento de cola” proveniente del sector externo, con la bonanza de los precios de las commodities, mejoró un tanto el indicador, aunque luego se vió ensombrecido por factores diversos, entre los que mencionaremos:

  • la inseguridad jurídica que deviene de las políticas anti-mercado y el intervencionismo estatal;
  • el colapso energético resultante de la ausencia de inversiones, el retraso tarifario y la falta de planificación;
  • las regresivas políticas de ingresos que paralizaron la evolución del consumo interno;
  • un proceso inflacionario totalmente desbocado que profundiza la incertidumbre de los agentes económicos;
  • la devaluación cambiaria, y la flotación manipulada por el BCRA, que desvalorizaron los activos nominados en moneda nacional, generando una parálisis en la inversión reproductiva;
  • la renegociación de la deuda externa, y la desmesurada quita que impuso, que cerró sine die las fuentes de financiamiento interno y externo;
  • por su parte la intervención del Instituto de Estadísticas anuló toda medida fiable de la inflación, redundando ello en un generalizado y masivo repudio a los títulos públicos indexados por CER, lo cual augura un inminente y seguro default;
  • se suma a ello el desborde del gasto público en un año caracterizado por la más desenfrenada demagogia electoral.

Conclusión: tenemos a la vista la evidente desaceleración de la economía, expresando un nuevo fracaso de las políticas populistas que ya demostraron en el pasado conducir al estancamiento.

Por el contrario en años anteriores habíamos sido testigos de sólidas y consistentes políticas macro, que marcaron el rumbo de un crecimiento sostenido a altas tasas, particularmente durante la administración del Dr. Me#em, y más aún durante el gobierno que le sucedió, cuando la deuda pública alcanzó el codiciado investment grade. Lamentablemente, la inserción de la Argentina en el mundo desarrollado se vio bruscamente truncada, provocando el generalizado empobrecimiento de los sectores medios y altos de los grandes centros urbanos. El país ha desaprovechado una oportunidad histórica dada por un contexto internacional inmejorable.

(PS: qué facil es ser liberal, no? Y qué fácil debe resultar ser columnista de Ambito!!!)

Diciembre 2001 – 19/20


Veíamos venir esta efeméride, polisémica si las hay, pero se nos arrimó sin que hubiésemos preparado nada muy interesante, así que improvisamos un poco.

Las jornadas del 19 y 20 ya han generado toneladas de papel escrito y gigabytes de lo mismo. No pretenderemos ser ni originales ni exhaustivos.

Como hito histórico se lo ha leído en tanto clausura del período que arranca en Marzo de 1976, en lo político y, sobre todo en lo económico.

Como acontecimiento social, ha recibido explicaciones divergentes que centran su génesis y consumación desde “el palacio” o desde “la calle”. El Palacio y la Calle, tal el título del libro de Bonasso (santo a cuya devoción, sin embargo, no somos particularmente afectos), resume esa duplicidad de perspectivas. 19/20 fue, o bien una conspiración de un sector político y social que promovía la devaluación, y para ello activó resortes desestabilizatorios coronados por saqueos dirigidos desde la red política duhaldista del conurbano bonaerense; o bien se trató de una insurrección popular que impugnó el orden político y económico vigente, quedando trunca al no poder traducir la amplia movilización en organización social y política que cuestionara desde sus bases territoriales al sistema partidocrático.

Entre esas dos lecturas transitan todos los intentos explicativos de los hechos.

También esos días condensan el derrumbe de la experiencia de gobierno de la Alianza UCR-Frepaso. Tinta y gigas también han corrido analizándo lo ocurrido en ese período presidencial malhadado. Sobre sus posibilidades, sus promesas, sus debilidades, y en definitiva, sobre las decisiones económicas que realizó durante su gestión.

Humildemente creemos que la decisión de sostener a rajatabla el régimen de convertibilidad fue uno de los pilares fundamentales de su costoso fracaso. Cabe preguntarse si hubiera tenido la fortaleza política de formular una “salida ordenada” del esquema de caja de conversión. Cabe preguntarse si esa alternativa era considerada como tal para el dispositivo político que ocupaba la Rosada. Caben muchos y muchos interrogantes contrafácticos. En fin, aclaramos que no pretendíamos exhaustividad.

Para un pensamiento económico que se expresaba en los márgenes del discurso políticamente correcto, admitido, y digno de publicarse, la recesión iniciada a fines de 1998 indicaba el definitivo agotamiento de la convertibilidad. En tal sentido hemos querido mostrar algunos indicadores resultantes de la elección asumida por el Gobierno de la Alianza, expresada durante la campaña electoral de 1999, y luego a lo largo de toda la gestión: “la convertibilidad no se toca”. Consigna de la que no se movían ni los más progresistas del Frepaso, ni los más liberales del radicalismo.

Los resultados fueron éstos (click sobre la imagen para ampliar):

Las consecuencias:



Queremos concluir con una reflexión (ajena) sobre la llamada “crisis de representación” que fue puesta sobre el tapete de manera contundente por las jornadas de 19/20. Muchos creyeron atisbar a partir de allí nuevas formas de representación social y política. Asambleas de vecinos, cacerolazos, movilización de sectores medios atrapados por el corralito financiero, piqueteros emergentes de los más profundo de la pobreza, descrédito de casi todos los referentes políticos y gremiales que ocupaban la escena del momento, se resumían en una consigna retomada por la patria mediática y amplificada como quintaesencia de los reclamos populares: “que se vayan todos”.

Sabemos lo que vino luego, y cómo los excitados militantes de izquierda trosquista quedaban pedaleando en el aire cuando las asambleas que pretendían dirigir (vanguardia esclarecida al fin) iban mermando su concurrencia en correlación casi perfecta con la desorbitancia de sus propuestas.

Es un ejemplo, malicioso por supuesto, pero les cabe a todos quienes pretendieron discernir entre lo multiforme de las expresiones movilizatorias, algún sendero de reformulación radical del orden político (quede claro que quienes hacemos Datos Duros fuimos parte de ello, nos hacemos cargo, no pontificamos desde las alturas omniscientes).

Se trata, entonces, de un notable pensador anarquista francés, donde leímos (bastante luego del 19/20) lo siguiente:

Simple, como todos los fenómenos de la naturaleza, elemental, como el hambre o el deseo sexual, esta fuerza tiene como motor primario, como impulso original, el instinto de conservación de la especie, la necesidad de subsistencia, el aguijón del interés material1. Los trabajadores se movilizan, abandonan la pasividad, la rutina y el automatismo del gesto cotidiano, dejan de ser moléculas aisladas y se sueldan con sus compañeros de trabajo y de alienación, no porque un “conductor” los incite a ello, tampoco, lo más a menudo, porque un pensamiento consciente los despierte y fanatice, sino, simplemente, porque la necesidad los empuja a asegurar o a mejorar sus medios de subsistencia y, si éstas han alcanzado ya un nivel más alto, a reconquistar su dignidad de hombres.

Este movimiento existe permanentemente, en estado latente, subterráneo. La clase explotada no deja en ningún momento de ejercer una relativa presión sobre sus explotadores para arrancarles, en primer lugar, una ración menos mezquina, y luego un mínimo de respeto. Pero, en los períodos de baja, esa presión es sorda, invisible, heterogénea. Se manifiesta en débiles reacciones individuales o de pequeños grupos aislados. El movimiento de masas se halla atomizado, replegado sobre sí mismo.

Sin embargo, en ciertas circunstancias ocurre que reaparece bruscamente en la superficie, se manifiesta como una enorme fuerza colectiva homogénea, ocurre que estalla. El exceso de miseria o de humillante opresión, no sólo económica, sino también política, provoca en cada una de sus víctimas un grito tan alto que todas las víctimas se sienten gritando juntas –a veces, por otra parte, uno o dos gritos se adelantan a los otros, aun en el más espontáneo de los movimientos. Como decía un obrero: “Siempre hay alguien que comienza la espontaneidad”–; y la unanimidad de ese grito les da confianza en sí mismos; y su protesta se convierte en un alud, el contagio revolucionario se
extiende al conjunto de la clase.

Lo que confiere su particularidad al movimiento de masas es el carácter concreto, pero limitado, de sus objetivos. Inconsciente, al menos en sus comienzos, difiere por su naturaleza de las acciones de los grupos políticos conscientes, o pretendidos tales. Puede, en ciertas circunstancias, proyectar su impulso a través de un partido, pero aún así no se produce una verdadera fusión. El movimiento de masas continúa obedeciendo a sus propias leyes, persiguiendo sus fines particulares, como el Ródano, que luego de verter sus aguas en el lago Leman prosigue su propio curso. La disparidad entre los móviles de la acción de las masas y aquellos de los partidos políticos es el origen de toda suerte de errores y desencuentros, de tácticas y diagnósticos falsos.

En una revolución existen dos clases de fuerzas que pueden marchar juntas y aun asociarse, pero que no son de la misma naturaleza y no se expresan en el mismo lenguaje. Toda revolución parte de un equívoco, unos se ponen en camino hacia objetivos puramente políticos –en la Rusia de 1905 y 1917, por ejemplo, contra el despotismo zarista–, los otros se lanzan a la lucha por motivos bastante diferentes: en la ciudad, contra la carestía de la vida, los bajos salarios, los impuestos, incluso el hambre; en el campo, contra la servidumbre y los cánones feudales, etc. Puede ocurrir que los segundos, por una natural asociación de ideas, adopten momentáneamente la terminología de los primeros, les presten sus brazos y viertan su sangre por ellos. Pero no por eso el movimiento de masas deja de seguir su propio camino. Como ha hecho con ellos una parte del camino, los políticos se imaginan que el movimiento de masas estará eternamente a su disposición como un perro amaestrado, que podrán llevarlo a donde ellos quieran, hacerle aceptar lo que a ellos les convenga, aplacar su hambre o dejarlo hambriento, hacerlo avanzar, retroceder y volver a avanzar conforme con sus cálculos, utilizarlo, llevarlo a una vía muerta y sacarlo luego de ella para volver a utilizarlo. El movimiento de masas no siempre se presta para semejante gimnasia. Una vez puesto en marcha no permanece fiel si no se le es fiel, si no se avanza siempre con él, ininterrumpidamente y en la dirección que su instinto de conservación le indica.

La asociación de ideas que hace aceptar a las masas el lenguaje de los políticos es frágil. Muy poco hace falta para romperla, para anular el circunstancial acuerdo: a veces una simple pausa en la marcha que, aun si es estratégicamente hábil, puede quebrar el impulso de las masas. Tal político, que la víspera, con un gesto, una palabra, ponía en pie a cien mil hombres, al día siguiente gesticula en el vacío, sin que nadie le responda. Puede desgañitarse, la asociación de ideas ya no funciona, la confianza ya no existe, el milagro no se produce más. Decepcionado, el movimiento de masas jura que no lo volverán a estafar, se repliega sobre sí mismo, ya no está a la disposición de nadie.

Daniel Guérin
Rosa Luxemburg y la espontaneidad revolucionaria

Texto completo aquí

37.500 %


Volvimos, luego de unos días agitados in extremis debido a la impecable transición bonaerense, donde un ejército disciplinado de cuadros técnicos provenientes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, nos demostró a los cerriles bonaerenses las maravillas que se pueden hacer con la Ley de Ministerios y las estructuras administrativas del Estado Provincial. ¡Qué oscuridad en la que vivíamos! ¡Cuán desasnados estamos ahora! No hay caso, los porteños de ley cruzan la General Paz y la mueven de taquito.

Establecido el prolegómeno excusatorio de nuestro silencio, vamos al tema que nos ocupa (diría un catedrático complutense). Periódicamente -o persistentemente, o contínuamente- nos encontramos con que la patria mediática se hace eco de los lamentos empresarios por la merma de su rentabilidad. Por ejemplo aquí. La cantilena pareciera ser siempre la misma.

Ya algunas de las primeras teorías del desarrollo, se fundaban en una distribución regresiva del ingreso como elemento positivo y favorecedor del progreso económico: en la creencia de que, como los pobres se consumen todo lo que ganan, y por lo tanto no ahorran -restándole recursos a la inversión, de donde provendría la ampliación de la capacidad productiva de la economía-, una distribución desigual debería favorecer la acumulación; los ricos, al incrementar su masa de inrgesos aumentarían la tasa de ahorro, y de allí inyectarían recursos destinados a la inversión. En una palabra, los más desfavorecidos debían ajustarse el cinturón y bancarse vivir contando las chirolas, pues en definitiva, era por el bien de todos, y en un futuro no muy lejano podrían salir de pobre al difundirse los efectos del crecimiento por todos los recovecos de la subdesarrollada sociedad. En términos estilizados, era aproximadamente este el argumento.

Poco han cambiado las cosas. Ahora, resulta que los aumentos de salarios, la presión tributaria del gobierno central, las intervenciones de organismos públicos distorsionando los mercados, etcétera, etc., generan inseguridad jurídica, van limando la rentabilidad de las empresas, y generan, en definitiva, desincentivos a la inversión. Con lo cual nos alejamos de la senda del progreso. Moraleja: las políticas de ingresos que lograron sacar a 9 milones de personas de la pobreza, son tan sólo una pasajera ilusión. El gobierno debería favorecer el sostenimiento de las tasas de rentabilidad empresaria, moderar el consumo, aquietar el crecimiento de los ingresos asalariados, dejar hacer, dejar pasar. De adoptar tal conducta, en un futuro no muy lejano, sin duda, accederíamos al paraíso, la tierra prometida, el equilibrio general con pleno empleo de los recursos, blablablá. Nada nuevo.

Esta larga introducción viene a cuento de una nota que encontramos en la página de Lucas Carrasco, es algo vieja, quizá muchos habrán leído ya alguna referencia a la cuestión, pero no dejó de impresionarnos, tanto por los datos involucrados como por los ribetes persecutorios del caso. Aquí va, habla por sí sólo.

Estimados: como Profesor Universitario, de la Universidad Kennedy. Dictaba cinco asignaturas, entre ellas, Ejercicio y Administración Farmacéutica. Con mas de 50 excelentes alumnos, inquisitivos, ávidos de adquirir conocimientos, mi misión además de enseñar Legislación Farmacéutica, era explicarles como es esta actividad comercialmente, tal es así, que como trabajo practico averiguamos al azar el costo de un descongestivo nasal en gotas, droga base nafazolina, tiempo en el mercado mas de 40 años, consultado el proveedor mas importante de drogas para la industria farmacéutica, dio el costo por frasco, 0,03 centavo, precio de venta 11,25 pesos, ganancia por unidad 37.500 %, por supuesto esto no tiene parangón con ninguna actividad licita, a todo esto se me invita el 5 de junio de 2007 al Anexo de la Cámara de Diputados de la Nación, donde se realizaron unas Jornadas sobre "Ética y Medicamentos" estando presentes, legisladores, funcionarios gremialistas , las Cámaras Farmacéutica que supuestamente no habían sido invitadas, pero ahí estaban en segunda fila, farmacéuticos, etc, finalizada la Jornada se podían exponer posiciones de cada uno que quisiera hablar, yo fui uno de ellos y en particular me dirigí a las Cámaras de la Industria a los que tenia a pocos metros, el drama es la accesibilidad de nuestro pueblo a los fármacos, se nos mueren compatriotas, en particular niños ,muchos de ellos muy pequeños y esta gente sin ninguna culpa gana el 37.500 %, esto es un escándalo de proporciones y el Estado debe y puede solucionarlo, no puede hacerse el distraído.

La respuesta a mis palabras no se hizo esperar, no para intentar solucionar el tema sino para sacarme del medio. Me cito mi Decano Dr, Capon Filas y La Directora de Farmacia Farmaceutica Magariños, y con un discurso Kafkiano e hiriente, me sacaron la cátedra de Farmacia, días después todas las demás, no estoy arrepentido, no puedo ser cómplice de tamaño despropósito.

Como curiosidad mi ultimo sueldo, aguinaldo incluido fueron 231 Pesos.

Lo saludo cordialmente.

Profesor Universitario.
Eduardo Marcelo Cocca
e-mail : profcocca@gmail.com

ESTOS SON LOS MAIL DE LAS PERSONAS RESPONSABLES DE MI SEPARACION DE TODAS MIS CATEDRAS, ES A LOS EFECTOS DE QUE SI ALGUIEN LES QUIERE DECIR ALGO.UN FRATERNAL ABRAZO A TODOSEDUARDO COCCA

Dr. Rodolfo Capón Filas caponfilas@fibertel.com.ar
Farmacéutica Maria del Carmen Magariños mcmagarinos@fibertel.com.ar
Rectorado rectorado@kennedy.edu.ar

Ver también:

http://www.blogger.com/profile/03067594795878250148

¡Qué minón!

Por favor, no dejen de leer el estupendo informe que Homoeconomicus publica hoy mismo sobre el tema de la minería en Argentina.

9 millones y medio de razones para no cantar victoria (o aquello del vaso medio vacío o medio lleno)

En varias páginas que leemos cotidianemente han aparecido abundosos e interesantes comentarios sobre la asunción de la nueva Presidenta (por ejemplo acá), balances de la gestión del Néstor, y vaticinios sobre lo que se viene. Como en estos días hemos andado con ajetreo, y veces también desconfiamos de nuestra capacidad reflexiva (o por que no nos sale nada que valga realmente la pena subir al bloguín), la cuestión es que nos hemos remitido a un pudoroso silencio, mucho mejor que repetir lugares comunes, y glosar –apenas- los diarios. Luego, al volver a escuchar con algún detenimiento algunos pasajes del discurso de asunción, más algún comentario amigo, se nos suscitó la siguiente reflexión. Allí va.

Días atrás, cuando subimos esta nota, nos quedamos pensando. Resulta que una vez nuestra rubia amiga de Adrogué, al ver uno de los Gráficos que la acompañaba, nos preguntó por qué a los pobres e indigentes los poníamos arriba de los no pobres. Y que quizá se visualizara mejor la evolución favorable de estos indicadores sociales, si hacíamos al revés, es decir así (click para ampliar):

Bueno, es lo que referimos en el título, son dos maneras de ver lo mismo. Y es lo que ocurre con las estadísticas, los cuadros y los gráficos que ilustran lo cuantitativo. Dados unos datos, buenos, malos o peores, el arte de ilustrarlos –en gráficos y cuadros- puede ser una de las artes más maliciosas y manipuladoras. Basta con agrandar la escala o achicarla, para que gruesas variaciones en el corto plazo desaparezcan de la vista y quede una línea de apariencia suave; o basta estirar la línea de tiempo incorporando datos pasados –irrelevantes para el análisis- para que un brusco descenso se transforme en un imperceptible declive. Los colores con que se ilustra también son un contundente significante. No es lo mismo, poner a los pobres e indigentes en violentos tonos de rojo que como matices de un gris neutral. Y no es lo mismo ponerlos “arriba” que “abajo”. A efectos cuantitativos, es lo mismo, no se falsea ningún número, pero sí induce sobre la posible lectura.

Poner a los pobres “abajo” conlleva asumir que son los que están sumergidos en el fondo de la sociedad. Y ponerlos “arriba” puede hacer pensar que son una carga que pesa sobre esa sociedad.

Si se pone a los pobres “abajo” se corre el riesgo de que, a medida que que esos segmentos rojos se van angostando, alguien diga que hemos llegado a umbrales “tolerables de pobreza”, o acaso a un “núcleo duro” muy complicado de revertir. En definitiva, se invisibilizan, puesto que “pobres ha habido siempre”, no?

No estamos del todo seguros, pero preferimos ponerlos “arriba”, nos da la impresión de que si bien vemos lo “lleno” del vaso, es más difícil engañarse sobre lo “vacio” que resta llenar. Ponerlos “abajo” resalta lo “lleno”, pero lo que falta aparece como un resto, un sedimento, una rémora que, puesto que el vaso está bastante lleno, quizá pierda importancia.

Y bien, el corolario de esta reflexión estético-metodológica, viene a cuento de un punto que mencionó la Presidenta en su discurso (cito de memoria):

"Mientras haya un pobre en la Argentina no habremos alcanzado la Victoria"
Y de aquí, claro, el motivo del título.

Se viene, se viene...


Cortito y al pie porque estamos en caliente-caliente, entre transiciones nacionales, bonaerenses y platenses, merodeando mentideros, roscas, rosquetes y meras rosquitas. En fin, traspaso de mando, de banda y de bastón, lo que se venía, ya llegó, aquí está. Que venga lo que tenga que venir.

Cristina 2007-2015: ¿Volver a Perón?

Seguimos emperrados con la cuestión de la Distribución del Ingreso. Quizá porque hace bastante tiempo que venimos quemando pestañas en la ingrata labor de recopilar y estudiar estos numeritos; quizá también porque, de veras, es un debate vigente y pertinente. Como sea, en la semana nos pusimos laboriosos y aquí va.

La cuestión es que hay dos líneas gruesamente definidas cuando se debate –poco- y se opina –mal- sobre la Cuestión Distributiva (así, pomposamente llamada).

Una, que va desde Claudio Lozano hasta el “Chipi” Christian Castillo sostiene que estamos, más que mal, requetemal. Que vamos cuesta abajo, que el Gobierno del Presidente Néstor no cambió nada, sino para peor, etcétera, etcétera. En el mejor de los casos, que estamos congelados en los niveles de desigualdad regresiva de la crisis. No sostienen sus posiciones con Datos Duros y serios como los nuestros.

La otra –que tampoco se mete mucho con los números- se apaña en que… es muy complicado revertir la desigualdad. Mejor nos conformamos con la recuperación del empleo, la baja de la pobreza y la indigencia; a fin de cuentas el crecimiento ayuda y mejor no jodamos con redistribuir, que a ver si nos caemos del mundo, generamos inseguridad jurídica, hacemos populismo y otras herejías. Nada nuevo, un remix de la teoría del “derrame”.

Debiera haber voces intermedias, amparadas en los datos –favorables- sobre la evolución distributiva desde 2003 al presente. En nota anterior vimos algunos datos, y si yo fuera el Gobierno saldría con los tapones de punta a callarles la boca a los que dicen que estamos como siempre de regresivos. ¿Por qué no lo hacen si son datos buenos? No lo sé, pero a mí me parecen uno de los mejores indicadores de la actual gestión.

Bien, en esa nota anterior, nos metimos con algunos numeritos referidos a la pauta distributiva que se desprende de la última medición publicada de la EPH, Encuesta Permanente de Hogares (la "buena de en serio" je, antes que Guillote Moreno rajara a la dirección de la Encuesta). Sobre todo en cuanto a las variaciones favorables habidas entre 2003 y 2007.

Pero claro, se dirá, estamos aún lejos del paraíso (¿recuerdan aquello del infierno y el purgatorio?). Ahora bien, nos preguntamos: ¿dónde queda el paraíso? Si bien podemos decir que en algunos aspectos se registra menos desigualdad que allá por el 94’ ¿eso significa que en esos años estábamos bárbaro? (ya me imagino: ¡Menem volvé!).

Pues, evidentemente no. Personalmente hemos definido nuestro “Paraíso” como el año 1974, más precisamente Octubre. Sí, sí, gobernaba Isabel, el General se había peleado con sus “muchachos” y luego estirado la pata, todas esas cosas turbulentas, ya lo sabemos.

La cosa es que elegimos ese momento de nuestra historia por varias razones –pocas en realidad-: primeramente porque fue el último año más o menos “normal” en que estuvo en vigencia el anterior modelo de acumulación: industrialista, mercadointernista, con una clase trabajadora que cobraba bien y en blanco, tenía sindicatos poderosos, los asalariados se llevaban algo así como el 47% del ingreso (46,9% en 1973, último año de la serie de distribución funcional del BCRA). En fin, el estatismo populista feo y malo reinaba a sus anchas por los confines de la república, y en los barrios populosos de morochaje los domingos crepitaba en los aires la fragancia del asadito.

La segunda razón, más mundana y pedestre, es que en Octubre de 1974 tenemos la primera medición de la EPH para el Gran Buenos Aires, de donde salen los tabulados de distribución del ingreso. Es decir, es lo más lejano históricamente que tenemos para comparar seriamente con la actual pauta distributiva. En ese año aún no había un relevamiento estadísticamente relevante para un conjunto amplio de aglomerados urbanos de todo el país. De todos modos los números del GBA siempre siguen de cerquita a los del total urbano (obviamente que por su peso demográfico y estadístico diferencial), así que los podemos tomar como punto de comparación.

Entonces ¿cómo estábamos en 1974 en comparación con estos tiempos ingratos? Veamos (click sobre la imágen para verla mejor):




Acá es como ya hemos visto, el decil 1 es el de los hogares con menor ingreso per cápita, y el decil diez es el que le sobra la biyuya. Tenemos a la vista, cómo se repartía la torta en el GBA en 1974, cómo se distribuye ahorita nomás, en el 1º trimestre de 2007, y las variaciones absolutas y relativas. En rojito van las pérdidas de participación en la torta, y en azul las ganancias. Múltiples y diversas lecturas, cómo no, son posibles a partir del cuadrito.

Calculemos: los primeros cuatro deciles, el 40% de los hogares más pobres, perdieron el 20% de la porción que se llevaban en tiempos de Gelbard (hagan la cuenta, no puedo hacerlo todo yo!). Al primer estrato le fue como en la guerra, y al décimo le fue de fiesta-fiesta. El 20% superior, es decir, los deciles 9 y 10, amarrocó casi todo lo que perdió el resto, y en terminos relativos agrandó su porción casi un 18%. Mientras tanto, los estratos intermedios, los deciles 5 al 8 (¡oh, sufrida clase media, cuántas cosas se dicen en tu nombre!), puede decirse que zafó bastante del diluvio: en total pierde 0,6 puntos del total, o 2,55% de lo que tenía.

En el medio, ya lo sabemos, estuvo la Dictadura de Videla-Martínez de Hoz & Co., la debacle hiperinflacionaria de Alfonsín, le década de Me#em y Caballo, el absurdo De la Rúa de nuevo con el equino, la megadevaluación del Caudillo de Lomas de Zamora, y por fin el Presidente Néstor (¿te extrañaremos?).

Ahora bien, supongamos que nos da por la utopía, soñar despiertos, o proyectar tendencias –que es massomeno lo mismo-, podríamos volver a esa Icaria, a ese paraíso perdido? ¿Es posible, o al menos factible? Y, sobre todo, lo más importante, ¿cuándo?

Acá veíamos en nota anterior la evolución del Indice de Gini desde Mayo de 1994 hasta el 1º trimestre de 2007, y como viene cayendo con altibajos desde la crisis 2001-2002. La idea es simple, vamos a proyectar esa tendencia, y ver cuándo llegaría a los niveles de nuestro paraíso perdido.

(Para los “entendidos”: paciencia, que aquí en este blog no queremos dejar a nadie pataleando sin saber de qué se trata)

La herramienta que vamos a emplear se llama mínimos cuadrados, y fue desarrollada por el genio de los genios, princeps mathemathicorum, Carl Friedrich Gauss. Cuando queremos analizar la tendencia de una serie de datos que varían en el tiempo, tenemos muchas opciones y alernativas. La primera, y más simple, es el ojo. Ciertamente, cuando vemos un gráfico podemos apreciar si los valores crecen, disminuyen, fluctúan con alguna periodicidad, o son más bien volátiles. Pero claro, el ojímetro no va más alla de esa evaluación subjetiva. Por ello, la estadística (la de en serio, que suda estudiando y analizando fórmulas estrambóticas) ha desarrollado una enorme variedad de recursos para arrimar el bochín y poder decir, con algún fundamento, qué tendencia tiene una variable. El método de mínimos cuadrados, el más simple, nos provee de una línea recta –por eso lo de tendencia “lineal”- que es la que “mejor se ajusta” a la serie de datos. Lo de “mejor”, no es en sentido figurado, sino a partir de una definición estricta (en “Introducción a la econometría” de Oskar Lange –el polaco-, es donde hemos encontrado una de las mejores exposiciones del tema, pero por desgracia es un libro difícil de encontrar).

Entonces, con esa recta que nos marca la tendencia (lineal) de la evolución de una variable en el tiempo, tenemos un criterio fundado para decir si vamos para arriba o si vamos para abajo. Podemos hacer algo más… podemos extrapolarla. Vamos, que si nuestra serie de datos llega al 1º trimestre de 2007, le damos para adelante en el tiempo, y vemos qué pasa. ¿Esto es sanata? NO. ¿Futurología? Un poco. Una variable –como nuestro índice de Gini- es condicionada, influída, determinada y modificada por una multiplicidad de factores, cuantificables o no, que a su vez pueden variar, y lo hacen. Por eso, como suelen hacer los economistas, llamaremos a esta proyección un “ejercicio”. De todos modos, como luego veremos, nos habilita para dilucidar qué cosas deberían también ocurrir para que esa tendencia se materializara.

La serie de datos que emplearemos para proyectar es el Indice de Gini, calculado sobre la distribución decílica del ingreso de los hogares, según el ingreso per cápita familiar, desde el 4º trimestre de 2003 hasta el 1º trimestre de 2007. Arrancamos desde ahí porque es cuando arranca la Encuesta Permanente de Hogares en su modalidad Contínua, que produce información trimestral. Vale decir, es homogénea la unidad de tiempo sobre la cual proyectaremos.

Ah, el Indice de Gini para la distribución del ingreso del GBA en Octubre de 1974 era: 0,259

Ese sería nuestro objetivo para llegar al paraíso (para Volver a Perón!!!)

¿Qué resultados nos da esta proyección/ejercicio/futurismo/sanata? Veamos (click para ampliar):


Confesión: cuando hicimos las cuentas nos quedamos verdaderamente impresionados. Primero por la sideral distancia entre la actual pauta distributiva y la del 74’, y luego por todo lo que habría que recorrer –supuestas todas las condiciones ideales- para regresar a ella.

Entonces, continuando la tendencia (línea azul, la de los mínimos cuadrados), de la evolución del Indice de Gini entre 2003 y 2007 (línea naranja con puntitos), vemos cuándo nos cruzamos con el Indice de Gini del 74’ en el GBA (línea verde horizontal). Resultado: en el 1º trimestre de 2016 (circulito azul).

Algún kirchnerista delirante de optimismo podría pensar: Cristina pone en la mesa del acuerdo social la cuestión distributiva, avanza meta que meta redistribuir, se reelige en el 2011, y en 2015, vuelve Néstor triunfalmente. Foto: entrega de la banda presidencial con un cartelón grande detrás que dice “lo hicimos mi General: Gini=0,260”. Lindo ¿no?

Se va Néstor, se va, se va...

Así es, para la felicidad de quienes lo detestan y para beneplácito de quienes votaron a Cristina, este Lunes 10 de Diciembre, el Presidente Néstor hará entrega del cargo de Presidente. Ya no más pingüino, de aquí en más pingüina.

¿Lo extrañaremos, como dijo ella? ¡Quién sabe! Lo que sí en estos días que se vienen va a correr mucha, pero mucha mucha tinta, haciendo balance y memoria, estado patrimonial e inventario de lo acontecido desde aquel 25 de Mayo de 2003, cuando Me#em se bajó de la carrera y le dejó la presidencia con el veintipico por ciento de los votos. Se dirán cantidades de cosas, en tono panegírico o de diatriba.

Por nuestra parte, revisamos en nuestro yacimiento de Datos Duros, con que solemos contar a la hora de mensurar las realidades que vivimos, y decidimos resumir estos cuatro años en los dos gráficos que acompañan la nota.



Clave: evolución de la población bajo las líneas de pobreza e indigencia en porcentaje de la población total.

Clave: esto es en cantidades contantes y sonantes de seres humanos habitantes de nuestra Argentina. Clasificamos según si están por arriba de la línea de pobreza (no pobres), si están por debajo de la línea de pobreza pero por encima de la línea de indigencia (pobres no indigentes), y por último si están por debajo de la línea de indigencia (indigentes).

Fuentes: claro, la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC.

Aclaración metodológica: para este gráfico aplicamos las tasas vistas en el primer gráfico, a las estimaciones de Población Total Urbana que produce la Secretaría de Política Económica del Ministerio de Economía. Estrictamente hablando es lo que laman "ejercicio", ya que la EPH no capta toda toda la población urbana.

Aclaración metodológica bis: llegamos hasta el 2º semestre de 2006 porque los datos correspondientes al 1º semestre de 2007 dicen que no son buenos, dicen que se aplicó para el cálculo de las líneas de pobreza e indigencia los resultados del Indice de Precios al Consumidor (IPC), que, dicen, están adulterados/dibujados/manipulados por influencia de un Subsecretario de un Ministerio. Dicen. Así que para que los beocios no vengan a decir que batimos fruta vamos con los datos buenos buenitos, antes de que tan oscuras influencias hollaran la pureza prístina que tenía el anterior aIPC. Salute.

Si hubiera que resumir esto en tres palabras, podría decirse... ¡salir de pobre!

Cinco Gambas


¡Sorpresa! Sorpresa nuestra, claro. Pusimos el primer contador el Martes 27, como quien no quiere la cosa, como para ver qué pasaba. Y, bueno, gratamente sorprendidos, por que a este Lunes que nos regala con un cielo celestísimo, el cuadradito se abre y nos muestra que esta humilde página se ha visto ya más de 500 veces. ¿Será mucho? ¿Será poco? La verdad es que no esperábamos tanto, no sabíamos cuánto, pero seguro que mucho menos.

Arrancamos este blog con la discreta espectativa de hacer visibles números que suelen ser legibles sólo para "entendidos", que excluyen de su debate a los hijos de vecino que carecen de títulos de grado, maestrías y especializaciones blablá. Y por tanto, cuando son sesgados, manipulados, maliciosamente enfocados, la cosa pasa de largo, y así nos comemos las zonceras sin capacidad de digerirlas.

Estimulados por tantos visitantes, que por ahora no sabemos si pasarán de largo nomás, o si volverán a cada tanto en búsqueda de Datos Duros, vamos a seguir con nuestra autoimpuesta misión de ejercer el Jauretchismo Estadístico, de ser apenas gestores de ocurrencias ajenas, y lobbystas de ideas originales pero no nuestras.

Como siempre va una de cal y otra de arena... parece que en Venezuela perdimos. Qué cagada, ya opinaremos al respecto, irresponsablemente por supuesto.