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Soluciones Massachusets para los problemas Argentinos


En este fin de semana tórrido no teníamos ánimo para meter el bísturi en varias cuestiones que tenemos en elaboración. Sí hicimos un ejercicio de memoria y recordamos aquéllos calientes días iniciales del 2002. Particularmente trajimos al presente éste increíble documento, un paper seriamente académico de un influyente economista del MIT: nada menos que Rüdiger Dornbusch (el que haya estudiado macro sin pasar jamás por su texto, que lo diga!).

Bien, éstas cosas se pensaban por aquellos nortes para sacarnos del atolladero.


Argentina: un plan de rescate que funcione


Ricardo Caballero y Rudi Dornbusch
Massachusetts Institute of Technology

Argentina está esperando para que paguen su fianza, otro envío del FMI que ayude a resolver la miríada de asuntos irresolubles en economía, política y área social. Y, igual que antes. Hay un inútil fardo en el buzón. Por supuesto que todo el mundo sabe que ésta no es la respuesta. La verdad es que la Argentina se encuentra en bancarrota. Bancarrota económica, política y social. Sus instituciones no son funcionales, su gobierno irrespetable, y su cohesión social colapsada. Habiéndose hundido tan hondo, no es ninguna sorpresa que la reconstrucción sea la respuesta en lugar de un rápido arreglo de apoyo financiero. Argentina es como las economías europeas fueron en los tempranos 1920s, no un país con una cuestión de liquidez, como si necesitara un año para estar devuelta de pie como Corea, México o Brasil.


Es tiempo de ser radicales. Cualquier plausible reconstrucción programada debe ser realizada alrededor de tres puntos:

· El reconocimiento de que será el esfuerzo de una década y no de algunos años. La economía productiva argentina, su crédito y sus instituciones han sido destruidas. Tanto su capital físico como moral tendrá que ser construido y esto toma mucho tiempo.

· Porque la política argentina se ha sobrecargado, debe temporalmente resignar su soberanía sobre todos los temas financieros. La solidez financiera es la clave del área en donde una cabecera de playa de estabilidad debe ser creada aun antes de hablar de finanzas públicas, ahorro e inversión.

· El resto del mundo debe proveer ayuda financiera a la Argentina. Pero debe hacerlo sólo cuando Argentina acepte una reforma radical y manos extranjeras en el control y la supervización del gasto fiscal, la emisión monetaria y la administración tributaria. Cualquier préstamo externo será para unir la brecha entre necesidades fiscales inmediatas y el día, el año, o dos barranca abajo, donde las reformas radicales crearan finanzas sustentables.

Argentina hoy está en bancarrota y tropezando todavía. En el correr de los eventos, la emisión monetaria sólo tapará los problemas por poco tiempo. Lejos de resolver los temas abiertos, el caos finanaciero y público destruirá aun más las bases para la reconstrucción. Una inútil batalla distributiva está sucediendo entre trabajadores y adinerados, entre gremios y hombres de negocios, entre depositantes con dinero en el “corralito” y aquellos que tienen sus dineros en Miami, entre las provincias y Buenos Aires, entre sindicatos y patronal, entre inversores externos y acreedores, y una nación que quiere desprenderse de sus obligaciones en un vano esfuerzo para mantener algún tipo de normalidad. Argentina se está canibalizando por esta disputa. Aun con dinero del FMI, sin un profundo e intensivo cambio de las reglas de juego, no se podrá prevenir la autodestrucción.

Los argentinos debe humildemente darse cuenta de que sin un masivo apoyo e intromisión extranjera no podrá salir de este desastre. ¿Qué clase de ayuda financiera? Esta va más allá del financiamiento. En el corazón de los problemas argentinos está una crisis de confianza como sociedad y de confianza en el futuro de la economía. Ningún grupo está deseando resolver las quejas y arreglar el país para entregar el poder a ningún otro grupo local.

Alguien tiene que gobernar el país con mano firme, una dictadura es algo no probable ni querido. Pero desde que todos piensan –en general correctamente- que cualquier otro es egoísta y corrupto, no hay pacto social que pueda ser alcanzado. Sin este pacto social, la canibalizacion día a día del capital social y económico continuará. Aún más horrendos resultados se encuentran en el horizonte.


Argentina debe dejar mucha de su soberanía monetaria, fiscal, de manejo regulatorio y de activos por un periodo de, digamos, 5 años. Después de la Primera Guerra Mundial, la Liga de las Naciones reconoció el problema fundamental de una sociedad disfuncional en Austria. Se resolvió aquel tema con apoyo finanaciero teniendo –con el apoyo del parlamento- un Comisionado General residente señalado por y responsable ante la Liga de las Naciones. El Comisionado General tenía que firmar cada gasto en las cuentas, supervisaba el Banco Central y monitoreaba la reforma. Aquí está el lenguaje del reporte a la Liga: “ Pero el exitoso cumplimiento del programa reformado, en la cual la prosperidad austríaca y el valor de sus activos depende, será necesariamente una dificultosa y dolorosa tarea. La agenda por lo tanto incluiría la designación de un comisionado general, cuyo deber será asegurarse, en colaboración con el gobierno austríaco, de que el programa de reformas sea llevado a cabo y él, de supervisar su ejecución.

¡Y funcionó! Aquí está lo que la Argentina debería aceptar hacer. Un consejo de extranjeros experimentados en Bancos Centrales debe tomar el control de la política monetaria argentina. Esta solución tendría muchas de las virtudes de reputación de un directorio de divisas, sin los costos de tener que adoptar una política monetaria siguiendo los intereses de alguien más. Los nuevos pesos no serían impresos en suelo argentino.

Otro agente extranjero es requerido para verificar la performance fiscal y para firmar los cheques de la nación con las provincias. Muchos de los problemas fiscales tienen que ver con el federalismo fiscal en la designación e imposición a compartir responsabilidades en una forma que es financieramente proporcionable.

La evasión fiscal y la corrupción –y la aceptación por parte del gobierno de estos asuntos de estado- tienen que ser suprimida en forma más radical. El micro-gerenciamiento extranjero no es factible pero coincide incentivando mecanismos y compartiendo experiencia. La Argentina no es el primer país en experimentar temas con la recaudación de impuestos; respuestas efectivas están disponibles y deben ser impuestas. El involucramiento de las provincias en este esfuerzo- con una baja coparticipación básica compartida del 30% o menor- pero encaminando iniciativas para la recaudación local de impuestos y con mejoras en las rentas públicas son parte de la solución. Proporcionalmente no es suficiente –tal vez habrá que ir tan alto como para dar a las provincias más de un peso por cada peso extra de renta pública a partir de cierto principio. También porque para la vigorización de los beneficios de los impuestos desde una simple estructura tributaria, no hay espacio para embarazosas cifras tributarias. Debe ser reducido a los meros básicos –llano, llano, llano.

La economía argentina ha venido barranca abajo; ahora necesita de un inmediato empujón, y pendiendo una reasunción de una larga y abandonada inversión, y una erradicación de la corrupción como forma de vida. El mecanismo de incentivo en las cifras tributarias debería ayudar a controlar la corrupción a nivel provincial. Los trabajadores deben transformarse en tenedores de acciones, entrar en provechosos acuerdos de ganancia.

Una masiva privatización de puertos, aduanas y otros obstáculos para la productividad deben hacerse ahora. Una desregulación de los sectores de venta mayorista y de sectores para su distribución es esencial. Otro agente extranjero experimentado deberá tomar control de los procedimientos, como también de asegurarse que estos procedimientos finalicen en un lugar correcto para distribuir a todos los argentinos presentes y futuros.

Con el comité para un plan claro y radical, Argentina, de repente, ofrecerá una fresca y alentadora nueva imagen. Un oscuro y horrendo escenario de corto de plazo tendrá una razonable chance de finalizar exitoso. Tan pronto como el directorio extranjero esté fundado, se moverá pronto a un plan de convertibilidad de, digamos, 2 pesos un dólar porque es lo más simple después del 1 a 1. Suelten el corralito y dejen al FMI y a otros organismos internacionales de financiamiento decidir que bancos apoyar ... después de todo, es su dinero. El capital extranjero es rápido en cambiar su pensar, puede haber esperanza de vuelta. Pero para llegar allí no hay escape de una intrusiva reforma radical.

Es bueno recordar lo que dijo la Liga en vísperas del programa austríaco: ”En el mejor de los casos, las condiciones de vida en Austria serán peores el año próximo, cuando estarán dolorosamente restableciendo su posición, que el año anterior cuando se dedicaba a tomar préstamos por este propósito para consumo corriente. La alternativa no se encuentra entre las condiciones de vida del año anterior o mejorarlas. Se encuentra entre soportar un probable período de apuros... (pero con la esperanza de una verdadera mejora después –la alternativa feliz) o colapsar en un caos de indigencia y hambre de lo cual no hay ninguna analogía moderna fuera de Rusia. No hay esperanza para la Argentina a menos que se prepare para soportar una autoridad que haga cumplir las reformas, suponiendo condiciones más duras que las que en el presente prevalecen...” Que no haya duda, ésta es la situación de Argentina hoy; que no haya duda, el dinero del FMI entregado como usualmente lo fue, sería un dramático error.

4 refutaciones:

CresceNet dijo...
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Ana C. dijo...

Yo creo que Dornbusch, q.e.p.d., estaba igual de atónito que muchos y que esta propuesta fue lo mejor que se le ocurrió.

Lo que pasó después fue el mejor escenario imaginable en ese momento y no sé cuánta gente le hubiera asignado la más mínima probabilidad.

Y a Remes Lenicov todavía se le debe el monumento.

Sirinivasa dijo...

Coincido con lo de Remes, lo conocí personalmente, y más allá de disentir en mucho, me pareció un tipo honesto y movido por sus convicciones. Había que estar ahí, no?

Igualmente, creo que de "Rudi" podría haberse esperado algo mejor. Quizá, su propuesta no hace más que delatar la naturaleza de la "mirada" que se tenía desde allí sobre nosotros. Insisto, sorprende de un tipo que anduvo bastante por estas playas en los años dorados, como conferencista itinerante, a miles de U$S la ponencia.

Tengo por ahí guardado otro paper de Ricardo Hausmann, contemporáneo déste, pero que arrimó mejor el bochín a lo que vino después.

Saludos por allí (el "vigaucho" sigue con el gotán?)

escriba dijo...

Lo recuerdo. Otro que cayó por Argentina. Preguntale a Helmut Kohl.
Saludos