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El circo político porteño y una nueva zoncera


Un buen amigo de Datos Duros con quien compartimos sabores y sinsabores de la Argentina presente, nos hizo llegar la siguiente nota diciéndonos que "No sé si está bien... leí el diario, me calenté, la escribí". Como no encontramos en ella nada que no estuviese bien, y coincidimos 100x100 con lo expresado, acá la subimos con la anuencia de su autor, el amigo y compañero Horacio Bouchoux

"En una reciente entrevista concedida al gran diario argentino, el actual Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Ingeniero Hernan Lombardi, propone livianamente la creación de un circo desde el cuál contratar a los chicos de la calle “que hacen piruetas en las esquinas”. No es necesario escarbar demasiado para encontrar cuál es el lugar que este señor asigna a las expresiones de los sectores populares: ser una atracción circense, una diversión exótica para entretener a los hijos de las familias de barrio norte.

Esto, que parece grotesco y escandaliza menos de lo que debería escandalizar, no es otra cosa que una explicitación –burda, por otra parte- de la ideología que subyace en el discurso de los sectores que hoy se autoproclaman como los defensores de la república: un retorno a la más rancia tradición del liberalismo argentino, para el cual el otro (llámese este gaucho, indio, inmigrante o cabecita negra) siempre estuvo más cerca del mono o del elefante que del humano civilizado del que se pretende encarnación absoluta.

A su vez, si uno combina este tipo de definiciones con aquellas que rodean el debate acerca de la “inseguridad”, o incluso con las distinciones acerca la capacidad de elección de los sectores populares (suburbanos o rurales) respecto de la de los sectores medios-altos, (cultos y urbanos), enseguida queda al descubierto qué tipo de república propugnan estos nuevos demócratas: una pseudorepública segregada, en la cuál los privilegios de unos pocos estén garantizados por una nueva variante de apartheid constituido por circos, cárceles y derechos diferenciados de acuerdo a la condición social. Otra propuesta del flamante gobierno porteño es más que gráfica en este sentido: la atención diferenciada en los hospitales en virtud del lugar de residencia no permite dudas respecto de a quienes corresponde, según estos republicanos, el usufructo de los sistemas de atención estatal.

Este discurso, en el fondo, no presenta demasiadas novedades en la historia de nuestro país. Como decíamos antes, para el liberalismo argentino el otro siempre fue un ser privado de derechos y garantías. Desde el discurso higienista de fines del siglo XIX, pasando por la calificación de “aluvión zoológico” para quienes entraron a la historia el 17 de octubre del 45, hasta las políticas de exterminio implementadas por la última dictadura militar, se dibuja una línea de continuidad que promueve una república para pocos a costa de la exclusión de las mayorías.

Lo que es al menos novedoso, es la actual pretensión de desideologizar este planteo profundamente ideológico y reaccionario, naturalizándolo y/o disfrazándolo de simple pragmatismo. En el reportaje citado al comienzo, el Ing. Lombardi se autodefine como afiliado al “PC... partido de lo concreto”. Como complemento, en la misma edición del tradicional matutino porteño, la Dra. Carrió plantea que “el problema de la Argentina no es ideológico, sino moral”, párrafos antes de explicitar que no va a confrontar con Macri “porque es opositor...”.

La coincidencia de estos planteos parece una rémora tardía del relato acerca de la “muerte de las ideologías” de los noventa, que no pretende otra cosa que velar lo que realmente está en debate en la Argentina actual: qué sectores sociales deben ser los principales beneficiarios del crecimiento económico y qué rol le cabe al estado (y a la política) en ése debate. Aquellos que propugnan con mayor o menor sutileza el circo o la cárcel para los sectores populares, están tomando partido claramente en esa discusión: están diciendo que los beneficiarios del crecimiento deben ser los mismos que se beneficiaron durante un cuarto de siglo de neoliberalismo y que el estado debe ser el garante, por diversos medios, de la desigualdad social. Aquellos que (desde un pretendido “progresismo”) cuestionan la capacidad de decisión de los sectores populares, profundizan ese camino, promoviendo que la actual desigualdad social se perpetúe en desigualdad política.

Pretender que este debate no es un debate ideológico es una inmensa falacia o, como diría el maestro Jauretche, una nueva Zoncera. Una zoncera que viene a agregarse a la larga lista promovida por el liberalismo argentino desde hace más de un siglo. Una hija más de la madre de todas las Zonceras, “Civilización o Barbarie”.

Mientras tanto, y ante tanta confusión promovida desde diversos medios políticos y periodísticos, estamos aquellos que creemos que la actual coyuntura de crecimiento se debe profundizar con una mayor inclusión social y política de los sectores populares, y que el estado debe ser quien garantice este camino.

Para esto, sería bueno poner cada cosa en su lugar: que los dinosaurios vuelvan a los museos y que los circos abran sus puertas, no a los chicos, sino a los gorilas."

6 refutaciones:

Andrés el Viejo dijo...

Excelente, Bouchoux, y felicitaciones, Sirinivasa, por reproducirlo.

Lic. Baleno dijo...

Les confieso algo. Cuando lei el posteo pense que exageraban. Que Lombardi (que no es una luz pero no puede ser un imbecil en esa funcion que ocupo/ocupa)no habia dicho semejante brutalidad. Que ustedes habian entendido mal o que exageraban algo que sonaba mas o menos parecido ... y no, dice eso, no dice los vamos a mandar a la escuela todos los dias aunque sea con acompañamiento policial, dice los vamos a poner en un circo... todavia no lo creo del todo...

Ana C. dijo...

Estoy de acuerdo en todo, menos en lo de denigrar al circo. Los artistas de circo merecen todo mi respeto y no sé por qué los compara con gorilas.

En cuanto a la forma de integrar a los excluídos, creo que estamos de acuerdo en que educación y salud y capacitación laboral y todo eso. Pero esas son soluciones de mediano y largo plazo.

¿Qué hacemos en el corto plazo?

Andrés el Viejo dijo...

Usted tiene razón, Ana, hay que hacer algo también en el corto plazo. Pero seguro que no es lo que dice Lombardi.
No sólo porque es, y aquí estoy de acuerdo con el texto original y discrepo con usted, porque es denigratorio, porque no los trata como respetables artistas de circo, sino que pretende encerrarlos en algún lugar donde no molesten.
Sobre todo, porque no va a funcionar. Ninguno de los que vemos, simplemente porque están ahí a la vista, a los que hacen malabares en la calle vamos a ir a verlos a un circo lombardiano (¿o lombrosiano?). Y ellos no van a querer ir a ese circo, porque las monedas las consiguen, justamente, en la calle.
Si hay algo que me reconforta en el gobierno de Macri es la capacidad notable de sus funcionarios para meter los dedos en el enchufe.

Anónimo dijo...

Acuerdo con Andrés, lo que me preocupa es que estás declaraciones no escandalicen a la sociedad porteña, y es por eso que estos funcionarios del empresario Macri dan cuenta de su honestidad brutal sin el menor de los pruritos. ¿O será que la clase media no quiere/queremos ver a los más humildes para no recordar que ella también puede llegar a sentir/vivir las necesidades más acuciantes? Saludos. Juana de Arco

Anónimo dijo...

Abuelo de Pajaro...Un Ingeniero en el Ministerio de Cultura.

Ergo: mañana, un psiquiatra en el ministerio de Ciencia y Tecnica, o en el de Planificacion.

Maria Elena Walsh: vamos a ver como es el REINO DE PERON.