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El termómetro, la fiebre y las analogías


Reflexiones desordenadas, quizá cayendo en excesos.

La opinión económica suele incurrir –muy habitualmente- en analogías medicinales, médicas, biologicistas al fin. Una de ellas es asimilar la evolución de los precios con una suerte de “fiebre” inflacionaria que sufriría la actividad económica. El instrumento de medida -el termómetro- estaría dado por el IPC, índice de precios al consumidor.

Cuando comenzaron los conflictos en el INDEC –organismo oficial responsable de la medición- los analogistas se hicieron su agosto.

“En vez de combatir la fiebre, el Gobierno rompió el termómetro”.

Todo comenzó con “cambios metodológicos” realizados en los componentes y las ponderaciones del IPC. No casualmente el inicio de aún inconclusa novela coincidió con un período de aceleración de la inflación. Ello motivó que la oposición política expresada en sus distintas facetas –partidarias, mediáticas, consultorías privadas, fundaciones e tutti quanti- se amontonara en la puerta del festín. Frotándose las manos, sus bocas chorreantres de saliva pavloviana, afilando el cuchillo con la chaira.

El Gobierno autoritario, hegemónico, pisoteador de instituciones, en fin, repugnante (¡puaj!), de Néstor Kirchner, habría mostrado así la hilacha. Matando al mensajero en vez de adoptar “correctas” políticas antiinflacionarias (se entiende: ortodoxia monetaria, fiscal –más-, de ingresos, y cambiaria, eliminación de “distorsiones impositivas”, etc.).

Entonces, de guiarse por la opinión publicada, la opinión paralela, la opinión blogueril, etc., etc. el actual IPC carece de credibilidad alguna.

En seguida, desde diversos sectores privados, académicos, y hasta gubernamentales, se buscaron sustitutos del termómetro perdido.

Deflactor del PBI, gap entre recaudación y evolución del nivel de actividad, Indice de precios mayoristas, precios al consumidor de otras provincias, precios de supermercados, etc., etc.

Luego, se profundizaron más todavía los conflictos dentro del INDEC.

Saltaron chispas entre funcionarios nacionales y organismos estadísticos provinciales.

Esos otros indicadores cayeron también bajo sospechas de manipulación o adulteración.

Predeciblemente, diversas consultoras privadas vieron el nicho y se lanzaron a realizar relevamientos propios. Ecolatina, Equis, y quizá haya otras. (¿Contarían con buena espalda financiera como para emprender rápidamente tarea semejante, no?)

No vamos, hoy, a meternos a opinar demasiado sobre la naturaleza del conflicto del INDEC y demás [ver nota final].

Consecuentemente, nadie sabe hoy en la Argentina cuál es la inflación. Nadie. Repetimos, pese a las diversas estimaciones y mediciones privadas, nadie lo sabe a ciencia cierta y con autoridad incuestionable.

Artemio dirá 15, Ecolatina dirá 23, Elisa Carrió dira 40. ¿Quién da más? ¿Quién da menos?

Ahora, algunas de estas varias opiniónes fundamentadas en mediciones privadas (todas menos transparentes de lo que era el INDEC), dicen que la inflación se estaría desacelerando.

A ver, pese que no hay medida fiable e incuestionable sobre el IPC, este –si se midiera adecuadamente- mostraría una desaceleración.

¿Cómo era lo del termómetro y la fiebre?

El otro día Rollo decía lo siguiente:

“no es obvio que se espere para 2008 una inflación de 20%: si es así, habrá que preguntarse si la manipulación de los índices no tuvo finalmente el efecto buscado de instalar la idea de una inflación más baja que la real”

(¡Toda esta larga reseña al fin para llegar a este punto!)

Cuando yo tengo fiebre, veo el termómetro en una cierta medida. Pero la alta temperatura que veo no me provoca mayor fiebre aún. Como sí ocurre con el IPC cuando su crecimiento supera ciertos umbrales que nos llevan a que la inflación se retroalimente.

Roto el termómetro, la fiebre no sube ni baja por ello.

El instrumento de medida es independiente del fenómeno observado.

Descreído el IPC-GBA que mide el INDEC, lo que hay es incertidumbre, “sensaciones térmicas”, y un buen negocio para Equis, Ecolatina et alius. Nada más.

La medida del IPC actual, y la medida del IPC del mes que viene, no son independientes.

No hay termómetro. No hay fiebre. No hay analogía.

Hay IPC-GBA, incertidumbre y medidas altenativas.

Cuando Moyano, por decir, se sienta a la mesa no lleva –por cierto- una carpeta con el IPC-GBA del INDEC. Tampoco va con el 40% golpista de Elisa Carrió.

En economía, tanto y más que en la física cuántica, el principio de las mediciones es la indeterminación.

Para una medida exacta del PBI habría que detener el tiempo y dedicar a la medición una magnitud de recursos infactible. Para una medida exacta de los precios también. Todas son groserísimas estimaciones.

Un décimo más o menos quizá carezca de sentido. Por mucha teoría estadística sofisticada que apliquemos.

(¡Ni hablar de las “encuestas de opinión”!)

Si se quiere saber la posición de una partícula hay que olvidarse de conocer su velocidad.

La medición altera conceptualmente el objeto que se mide.

Sólo contamos con gruesas estimaciones. Y flacas tendencias a partir de ellas.

Pareciéramos esquizofrénicos. Con estos planteos cavamos nuestra propia fosa. Si es que aquí nos preciamos de tratar con Datos Duros.

Es que se trata de no fetichizar analogías ni medidas. No fetichizar, eso es.

Saber en qué medida estamos diciendo algo verdadero cuando afirmamos “A es X”, “B creció Y”, “C es el Z% de D”

Lo sabemos, hay registros administrativos que gozan de la precisión y la exactitud. El Merval es un indice de llana objetividad. Los registros contables a veces no tanto. ¿El IPC? Teoría muestral con supuestos convencionales acerca de sus ponderaciones. ¿El PBI? La sombra borrosa de un elefante cuántico del que queremos averiguar la masa (con perdón de los honestos sectorialistas del INDEC).

[Nota: Diremos sólo que nos resulta absolutamente incomprensible y absurdo lo hecho por el Gobierno Nacional en el INDEC. Ni desde el puro cálculo político se entiende a santo de qué pagar semejante costo político, cuando la ganancia no se vé por ningún lado. En la Argentina –creemos humildemente- se podía perfectamente asumir una inflación del 10-15%. Alta, y algo más si se quiere. Cinco años creciendo a tasas inéditas podían tranquilamente justificar un crecimiento de precios tal. Ocurrió en todos los países que tuvieron/tienen procesos de crecimiento acelerado. Se dirá los bonos indexados por CER. ¿Acaso estábamos con dificultades financieras que situaban al Estado Nacional al borde del default? ¿Conspiración de “los troscos del INDEC” con los tenedores de bonos? Claro, también el Plan Andinia y el OVNI que los EEUU tienen escondido en el desierto del Mojave. El saldo es que quedó demolida la credibilidad en cualquier otra cosa que pueda producir el INDEC. Cuando precisamente, y hasta el conflicto, podía mostrarse un amplísimo abanico de indicadores positivos para la gestión gubernamental, producidos justamente por el organismo. Ahora no sólo ha disminuido sensiblemente la calidad de la información provista por el INDEC, en términos generales, sino que la cuesta a remontar si se quisiera recuperar la credibilidad perdida es enorme. Tampoco diremos que el INDEC “anterior” era un dechado de pureza técnica y transparencia republicana. No lo era. Elémaco ayer mandó un post que –para nosotros- es ejemplificador de cómo funcionan ciertos estamentos –gubernamentales, académicos, profesionales- conformados por los remanidos “técnicos prestigiosos”. Véanlo, no sólo porque nos cita (jé), sino porque reclama un conocimiento que debiera ser público: metodologías, sistema de procedimientos utilizados, detalles finos de cómo emplear ciertas mediciones, etcétera largo. Nada cuesta que esas cosas, que le complican la existencia a cualquier usuario potencial de fuentes primarias, fueran más públicas, más accesibles. En eso se comportan como gremios medievales, por muy progresistas que posen algunos. Y cuando alguien, Elémaco, yo, usted, un estudiante, cualquiera, quiere acceder a ese saber, que es público, producido con recursos públicos, patrimonio público, lo que sucede es que tiene que ir a comprárselo a otro lugar a esos mismos “técnicos prestigiosos”. Fin.]

7 refutaciones:

Ulschmidt dijo...

Si, ha sido de los peores errores comentidos en la Administración pasada esta intromisión morenística en la medición. De los indicadores "sintéticos" - esos que estiman en base a un gran número de uso público y tampoco son consultora privada - la recaudación del IVA es probablemente el mejor. Ha incrementado en el orden del 30 %, descontando un 10 % por crecimiento queda un 20 % de estimado inflacionario - menos algo, claro, que pudo ser por meejor cumplimiento fiscal.
Si alguien le vio a esto una ventaja inicial, el desprestigio del índice provoca ahora actitudes de defensa extrema de intereses sectoriales: el sindicalismo pide 30%, los empresarios ofrecen 15%, el almacenero remarca por las dudas. En la Costa Atlántica, tras batir records de turismo en los últimos años, tuvieron la primera temporada floja - atento a las expectativas previas - tras ensayar aumentos de 20-30 % o más en todos los rubros. Evidentemente esa industria tanteó un aumento y se sobrepasó.
Lo peligroso de este modelo, tan brillante para generar crecimiento, es la inflación. Y yo diría que este año o se conjura el problema o se imponen recetas "clásicas" para pararla...

Avallay dijo...

Comparte plenamente la nota final. Es inexplicable lo que se hizo.
Y ahora vamos con otra: fue muy curioso como la prensa en general hablaba de la manipulación pero ni una palabra del "hecho real" de si había o no inflación y de qué había que hacer, o sea sí lo decían: enfriar, peor nadie se animaba a pedirlo, salvo claro Carrio. Y esa era en todo caso la discusión central, mas allá de la morenada. Peor me parece que en eso los ortodoxos perdieron porque no lograron instalar la idea de que enfriar era el camino. Por eso su post, mas que interesante
Salutti

Lucas Carrasco dijo...

Muy bueno el post. Ese fetichismo de la estadística, sin embargo, era el eje también para plantearle a la oposición política que les convenía atacar con la moral: ahora, desde la moral a la economía, encontraron el puente que les tendió lo que se provocó en el INDEC. Aveces pienso si no habrá alguna rqazón económica que esté fuera d emi alcance para prolongar este conflicto, no sé...y no la encuentro.Pasa que uno ya desconfía de su buen ojo político para decir que es desastroso lo del INDEC,si es tan obvio..¿no?
Saludos.

Ana C. dijo...

Sí, un poco desordenado, y me quedo sin entender del todo bien la idea.

Me parece que nos querés decir que la estadística económica no es una ciencia demasiado exacta ¿no? Pero que igual es usable porque nos da estimaciones o tendencias.

Pero se me pierde un poco eso de la independencia ¿Terminás diciendo que casi es mejor que la inflación no se mida para no alimentar expectativas?

Musgrave dijo...

Estimado, le voy a confesar algo. como yo comparto 100% la última mitad de su nota, cuando Moreno se metió con el INDEC sentí alguna alegria y hasta postié sobre el tema. Claro que despues al Napia se le fue la mano.

Tambien comparto el desconcierto de Ana C., esta planteando que no se debe medir la inflación?

Sirinivasa dijo...

Ana C., musgrave!!! No me asusten, quise decir eso que dicen???

Creo que en dos líneas (podré?) era así: mucho del debate sobre cuál es el ipc se sostiene en el aire, por lo politizadas de algunas estimaciones, por limitaciones inherentes a toda medición -más aún alternativa-, y porque las expectativas no tienen asidero mínimamente serio en qué fundarse (la inflación percibida por el tipo de a pie creo que en general diverge, aún con ipc buenísimo).

Y bueno, los límites analógicos, lo del termómetro termina siendo bastante limitado, o liviano, para inferir consecuencias. Lo malo es que a veces se hace doctrina y se llenan páginas de diarios a partir de cosas tales. Y dirigentes políticos (cualquiera sea su ubicación en el espinel) se manejan con eso.

(después el problema que plantea ayer tavos: si la inflación realmente baja, qué va a decir el indec? se irá al 5%, o dirán "bueno muchachos, hasta ahora fue una joda, de aquí en más vamos en serio"?)

No pude (lo de las dos líneas)

Eran reflexiones desordenadas, yo avisé.

Igual creo que falta un poco de debate sobre el soporte epistemológico de estas cuestiones. A veces se suponen dados incuestionablemente supuestos sobre las mediciones que son al menos pasibles de ser discutidos. El PBI es tanto y sanseacabó, eso es LA realidad.

Alguna vez leí que si un ingeniero o un físico se manejara con los márgenes de error que se admiten alegremente en lo económico irían presos.

Por demás, voto por los datos duros (si no, chau blog!)

Es sugerente lo de Ulschmidt, a falta de un indice "objetivo", los oferentes terminan tanteando y ajustando precios a partir de la elasticidad que perciben en la demanda? Como en un mercado de esos bien simplotes que se enseñan por ahí!!!

Musgrave: qué bueno que alguien más comparta mis apreciaciones sobre los "herméticos". Pensé que era el único.

Avallay: creo que también da un poco en el clavo. En todo esto se ha escuchado muy poco de nuevo sobre la naturaleza del proceso inflacionario.

Hace poco releía aquel papiro liminar de Sunkel sobre la inflación chilena. Si paso algo en limpio (y ordenado) prometo escribir.

Musgrave dijo...

Estimado, cualquiera que haya tenido contacto con "los herméticos" debiera compartir nuestro punto de vista, a menos que esté intentando pertenecer a esa logia.

Quizás la confusión surge porque las razones de existir de ambos indicadores, IPC Y PBI, son bien distintas. Hasta que Lavagna inventó el cupón PBI, este indicador no tenía mucho impacto en la economía real, situación totalmente distinta a la del IPC.

Es indispensable contar con un indice indexatorio en epocas inflacionarias. Ajuste por inflación de balances, paritarias, contratos, alquileres, etc.

Oups!!! habría que derogar otro artículo de la ley de convertibilidad.