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Fifty-fifty: ¿si la torta crece, comemos más?

Comenzamos con los prometido/anunciado.

Leíamos en un diario viejo, entre diversas declaraciones del ex-presidente Néstor, lo siguiente:

“Estamos recuperando la clase trabajadora, ya estamos en una participación del 42% de la riqueza, y queremos llegar al 50%” (BAE, 05.12.07)

¡Notable! El Néstor apuntaría a recuperar aquél fifty-fifty, ése que supo ser bandera en tiempos del General, consigna en tiempos de resistencias, y vetusto recuerdo de memoriosos en tiempos no tan lejanos.

También escuchamos alusiones del mismo tenor cuando anduvimos por acá.

Encima habíamos colgado una nota donde hablábamos precisamente de “volver a Perón”, y héte aquí que el mismísimo Néstor nos gana de mano y sale con lo del fifty-fifty (nuestra nota era del 07.12 y los dichos del ex-presidente del 05.12). Queríamos correr por izquierda y ¡ya nos habían copado la parada!

Pero bueno ¿de qué tratamos con esto de la distribución “primaria” y “secundaria”? ¿Son indicadores contrapuestos, independientes, complementarios? Recapitulemos brevemente.

La distribución primaria o funcional del ingreso “representa el modo característico de asignación de la renta nacional entre los partícipes principales (trabajadores y capitalistas)”, de modo que “el estudio de la asignación de la riqueza generada en la sociedad capitalista debe partir de la identificación de la proporción en la que el ingreso total se reparte entre asalariados y capitalistas, esto es, su distribución funcional (o primaria). Tradicionalmente, el indicador por excelencia es la participación de la masa salarial total en el ingreso susceptible de ser distribuido”. [1]

[1]: Lindemboim J., Graña J., Kennedy D. - Distribución funcional del ingreso en Argentina. Ayer y Hoy. CEPED-FCE-UBA, 2005 (ver documento aquí)

Bien, entonces –y simplificando- si la torta es el PBI, la porción que se llevan los asalariados está constituída por la masa salarial percibida a lo largo del año de referencia. El “resto” –que no son ingresos de trabajadores asalariados- es el excedente (o superávit bruto de explotación). Ese excedente es apropiado por las empresas que lo emplean para remunerar a los otros “factores de la producción”, para invertir, pagar intereses, etc.

Bien, ¿qué nos ha deparado historia económica al respecto? Aquí ya se suscita el primer problema. Las estimaciones fiables de un indicador tan importante, como el que nos ponemos a consideración, adolecen de enormes huecos, avatares de nuestro vapuleado historial estadístico, razones políticas y demás, todos puntos sobre los cuales Lindemboim et alius, en el documento citado, formulan atendibles hipótesis.

La cuestión es que, en lo que a información oficial refiere, se dispone en principio de la serie 1950-1973 publicada por el BCRA, y de la nueva serie 1993-2006 producida esta última por el INDEC como Cuenta de Generación del Ingreso. En el medio un vacío, completado sólo parcialmente por diversos estudios privados y académicos.

A lo mencionado se suman variedad de sutiles cuestiones metodológicas que dificultan la comparabilidad entre las diferentes estimaciones (volvemos a remitir al documento citado para introducirse en la complejidad de la cuestión). Digamoslo así: en un mercado de trabajo ciento por ciento formalizado, en blanco, y con registro centralizado de cada puesto y de cada trabajador, estimar este indicador sería trivial, sin dudas. Pero claro, la economía real no es esférica y sin roce, la nuestra en particular adolece de un 40% de asalariados en negro, descentralización de registros, economía informal, cuentapropistas y un largo etcétera. Con lo cual, toda estimación de este indicador lo es tal en grado sumo. Diversidad de fuentes, hipótesis y supuestos determinarán diferencias a la hora de evaluar las estimaciones disponibles para diferentes períodos.

También es importante cuál es el denominador utilizado. Porque hablar del ‘PBI’ no es una referencia unívoca. Según con qué criterios hemos estimado adecuadamente la masa salarial, no es lo mismo compararla con el PBI a costo de factores, a precios de mercado, a precios básicos, con el Valor Agregado Bruto, en fin. Si bien en la teoría todas estas medidas equivalen y la relación entre ellas es simple, nuevamente le estimación de las cuentas nacionales tiene sus bemoles. No vamos a profundizar más en algo que seguramente algunos la tienen mucho más clara que nosotros.

Dadas las circunstancias, lo mejor –y único- que tenemos a nuestro alcance es juntar algunas de las series disponibles –truncas, parciales- y superponerlas, tendremos diferencias y huecos, pero podremos al menos apreciar algunas tendencias.

Veamos en el siguiente gráfico (click sobre la imagen para ampliar)

Así, en seis rayitas coloreadas tenemos resumida más de cincuenta años de historia de la clase trabajadora argentina.

La mayor participación que tuvo la masa salarial en el producto –que fue en 1954, llegando al 50,8%- ocasiona la remembranza del “fifty-fifty”, mentado como paradigma del reparto peronista (populista, demagógico, puaj). De allí, Libertadora y Frondizi-Alsogarayes mediante, se desploma hasta el 37,7% en 1959.

Con vaivenes, pero sostenidamente, fue recuperándose hasta rozar el 47 %, durante la primavera gelbardiana. Para trastabillar en 1975 de la mano de Celestino y el Rodrigazo y luego hundirse sin remedio a partir de 1976 con las bayonetas. Desde allí fluctúa violentamente de crisis en crisis hasta 1987. Entre ese año y 1993 tenemos un agujero negro. Y desde el 93’ en adelante tenemos dos series de estimaciones –hay más- para evaluar tendencias y comparar.

Desde 1993, con la convertibilidad ya establecida y el ajuste estructural rampante, se ve una contínua declinación, profundizada en 1995 de la mano del taquila. De allí serpentea al alza, se derrumba con la crisis de 2001/2002, y de nuevo vuelta a empezar. Desde el fondo del pozo, y con el Néstor, crece y crece.

¿De qué dependen entonces estas fluctuaciones? Sumariamente podemos señalar los siguientes factores (llamaremos w/p a la participación de la masa salarial en el PBI):

Nivel de empleo: suponiendo el producto real y los salarios reales permanecen constantes (o con iguales variaciones, que a estos efectos es lo mismo), tenemos que a mayor empleo asalariado, mayor participación del salario en el producto. Simplemente aumenta la cantidad de trabajadores perceptores de salarios, con lo cual crece w/p. Y, por supuesto, lo contrario ocurre viceversa.

Tasa de asalarización: suponiendo constante todo lo anterior, cuanto mayor es la cantidad de ocupados que obtienen sus ingresos del trabajo asalariado, mayor también será w/p. En una sociedad donde la relación salarial no fuera predominante –mayor parte de economías familiares y de subsistencia, empresas pequeñas con trabajo familiar, cuentapropismo, etc.- w/p será menor, pero porque es reducido el componente de ocupados que obtiene su ingreso de un salario.

Salarios: suponiendo constante el empleo y la asalarización, para que se incremente w/p no sólo debe aumentar el salario real (w), sino que debe hacerlo más rápido que el crecimiento del producto (p).

Salvo la tasa de asalarización, que es relativamente constante, el PBI y las otras dos variables pueden modificarse a la vez en diferentes sentidos, de modo tal que ver la sola fluctuación de la relación masa salarial/producto no nos informa sobre sus causas. Siempre debiera contrastarse con la evolución de los tres indicadores mencionados.

Un ejemplo:

Suponiendo el producto constante, puede caer el empleo pero aumentar los salarios. De esa manera se abren tres escenarios:

1 – Aumento de w/p: debido a que el aumento de salarios compensa y escede la merma en la cantidad de trabajadores

2 – Disminución de w/p: debido a los salarios no aumentan lo suficiente como para compensar la disminución de la cantidad de trabajadores

3 – Permanece constante w/p: porque el aumento de salarios compensa la menor cantidad de trabajadores perceptores de salarios

De esta manera, con el PBI, el empleo y los salarios, variando en distintos sentidos y con diferentes velocidades, ocurrirá que los cambios en la relación w/p podrán reflejar escenarios y tendencias para nada unívocos en cuanto a su valoración.

Veamos, por ejemplo, que entre 2000 y 2001:

- El PBI cayó 4,5%

- La tasa de empleo disminuyó del 36,5% al 34,5% (medido en las ondas de Octubre de la EPH)

- El Ingreso real promedio de los ocupados se achicó el 2,8% (también Ondas Octubre de la EPH)

Y sin embargo la participación de la masa salarial en el PBI pasó del 40,5% al 42% (serie INDEC). ¿Aplausos? Ja! Se venía la hecatombe…

Tampoco los períodos de bonanza garantizan nada. Entre 1996 y 1997, el PBI creció un considerable 8,11%, pero la relación w/p bajó del 37,5% al 37,1%, una ligera disminución pero disminuciónal fin. ¿Qué pasó? La tasa de empleo subió un punto y medio, del 35,3% al 36,9%, pero el ingreso real promedio de los ocupados cayo 0,2%. (Non compensarum)

Para ir concluyendo –y no extendernos demasiado, porque todavía tenemos bastantes Datos Duros para jugar- vamos a ver qué pasa si cruzamos

- las variaciones del PBI, con
- las variaciones en la participación de los salarios en el PBI (w/p)

Esto es (click sobre la imagen para ampliar):




Clave de lectura: en el eje derecho tenemos la variación porcentual del PBI, y en el eje inferior la variación en la relación w/p. Cada puntito representa lo que pasó en cada uno de los años para los cuales se dispone de alguna estimación.

Aclaración metodológica: de todas las series que teníamos tomamos los tramos no superpuestos o de mayor extensión. Están ahí, entonces, BCRA (1951-1973), Llach Sánchez (1975-1980), CEPAL (1981-1987), e INDEC (1994-2006).

Bien, tenemos ahí todo lo que puede pasar con las variaciones del PBI y de la participación asalariada en el mismo. Claramente, y como era de esperarse, no hay tendencia ni sesgo alguno.

No obstante, podemos apreciar lo siguiente, de 49 años que tenemos registrados en el gráfico, hubo:

– 19 veces en que aumentaron tanto el PBI como la relación w/p

– 17 veces en que aumentó el PBI pero cayó w/p

– 9 veces en que disminuyeron ambos

– 4 veces en que cayó el PBI pero aumentó w/p

Si lo viéramos en términos probabilísticos, diríamos que cuando el PBI crece hay prácticamente 50 y 50 de posibilidades de que aumente o disminuya la relación w/p. Y que en años recesivos tenemos 70 a 30 la posibilidad de que w/p caiga. De todos modos, como las disminuciones de w/p han sido bastante más brutales que las recesiones, estamos como estamos.

Nos fuimos un poco de tema, pero la perogrullesca moraleja de tantos Datos Duros sería que el crecimiento económico no es en absoluto garantía de que la torta vaya a ser mejor repartida. Y que el aumento en la porción de la torta apropiada por los asalariados puede ir acompañada también de muy malos y recesivos augurios.

Por último –e importante para los Datos Duros que tenemos en el horno- la participación asalariada en el producto nada –absolutamente nada- dice sobre cómo se reparte la porción de torta al interior de los asalariados, ni cuán desigual puede ser en el conjunto de la sociedad. Dentro del segmento de los trabajadores asalariados, como es fácil de imaginar, podemos encontrar enormes disparidades. Sin ir más lejos, basta con explorar la sola diferencia promedio que encontramos entre los ingresos de los asalariados “en blanco” y los “en negro”. O como diría un amigo: “sí, pero entre los asalariados están, tanto el CEO de Techint como el pibe que le baja los cajones del camión al verdulero de mi cuadra”. Claro. Y, considerando el excedente, entre los empresarios que se llevan el resto de la torta –acotaríamos nosotros- están tanto Rocca, como ese mismo verdulero que la yuga parejo con el pibe.

Conclusionísima: no tomar aquel fifty-fifty –que la historia nos legó- como un fetiche (lo decimos contradiciendo al Néstor, total en el café literario no leen este Blog). Vamos a encontrar combinaciones muy diversas entre distintos niveles de w/p y de desigualdad. Eso, jé, es lo que se viene.

4 refutaciones:

Cresto dijo...

Muy interesante el tema (obvio) y el blog.

Solamente quería plantear si no existe alguna forma de "ponderar" el peso que tienen los distintos estratos de asalariados (gerentes, asalariados "típicos", asalariados informales, precarizados) en la cuenta de la distribución funcional del ingreso.

Digo como para tener una idea de esa distribución, porque claramente se trataría de dos estructuras sociales distintas si en una predomina el ingreso de los asalariados "típicos" o predomina los informales.

Se me ocurre que quizas podría calcularse una ratio entre los distintos tipos de asalariados para los años censales y de ahí interpolar o algún procedimiento similar... ¿O es un delirio?

Saludos

Tincho dijo...

Sirinivasa, que ganas de laburar en verano! Todo un ejemplo de dedicacion el blog.

El tema, interesante y mas cuando no se le dan tanta importancia al tema. Parececiera que el fifty-fifty de Nestor es solo campaña. Ademas habra que esperar mucho para que ese indicador se recupere a niveles mas altos. Pensar que cuando un lee el libro de DFS (basico para macro 1) lees la participacion asalariada ronda el 75% en EEUU.

Ah y me animo a responderle a cresto que la ponderaciones son posibles aunque como ponderar es criterio de cada uno.

Saludos

Ana C. dijo...

Impresionante lo que trabaja usted, Sirivanasa. Es todo un ejemplo.

Y es por lo que dice el post que a mí me gusta mucho más hablar de ricos y pobres que de asalariados y capitalistas en todo este debate sobre la distribución del ingreso.

Un día de éstos miro qué dicen las cifras sobre asalariados y capitalistas en las Europas.

Anónimo dijo...

perdon pero , estudio lic, en economia , y estamos haciendo un tp sobre distribucion funcional del ingreso, y tenemos una duda que no podemos solventar en ningun lado , cual es la explicacion que segun todas las fuentes estadisticas la participacion salarial crese de 1976 a 1980, a pesar de no recuperar valores anterior de 1974, esto contradice la historia y el contexto, cuanto antes sea tu respuesta mejor,gracias!