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Porciones de torta y prolegómenos para un debate

Como al Srinivasa original –y capo en serio, no como nosotros- pareciera que durante una inédita y reparadora siesta de sábado la Diosa Namaghiri nos hubiera soplado algunas cosas al oído.

Ya tenemos en claro la idea y el hilo conductor de cierta nota de 6.000-7.000 caracteres que tenemos que escribir para cierta publicación, y por si fuera poco, cómo arrancar con una introducción / presentación / prolegómeno para los Datos Duros que venimos cocinando y queremos poner aquí en el blogín.

La distribución del ingreso es La Cuestión, no podía ser de otra manera. Encima ahora tenemos nuevo teclado y nuestro dedos aletean tipeando con la soltura de un velocista de 100 metros llanos.

La cuestión es así: allá entre 2003-2005 participamos en extendidos, agotadores, muchas veces insustanciales, pero también imprescindibles debates sobre la naturaleza de Gobierno del Néstor. Que sí, que no, que no cambia nada, que es una transformación revolucionaria en ciernes. Que es compañero, que fue cómplice de la porquería, que no convoca a la gente a llenar la calle para bancar el avance, que no hace reuniones de gabinete. No vamos a detallar más, no hace falta; ni tampoco comentar el saldo de tanta tertulia. En cuanto al propio, quien haya leído algunas de nuestras pasadas notas intuirá fácilmente nuestra valoración.

Entre tanta discusión sobre tanta cosa, un ítem se nos fue cristalizando, a modo de duda, de pregunta, de incógnita, de desafío a la curiosidad congénita que –tratándose de Datos Duros- nos anima. La Distribución del ingreso, no podía ser de otra manera.

Una fórmula oída –pronunciada con suficiencia taxativa- nos quedaba dando vueltas: todavía no cambió nada, estamos congelados en la crisis. Sí, sí, está esto y aquello, mejoró esto y lo otro, qué copado que Zaffaroni vaya a la Corte Suprema y cómo deben temblar las sotanas, sí, sí, muy bonito pero ¿la distribución del ingreso?

Quizá porque tenemos alguna predilección / inclinación / propensión por “estos asuntos de economía y finanzas”, quizá porque hemos tenido una formación que nos hizo amigos de los números, alguna vez un amigo nos preguntó “che, flaco, vos que andás en esas cosas ¿será muy difícil conseguir data del tema?”.

Era el empujoncito que restaba para vencer nuestra inercia –también congénita- y arrojarnos de cabeza dentro de una temática que –en aquel entonces- nos era algo ajena. Algo tocábamos de oído, por demás claro, pero con “zamba de mi esperanza” y cuatro acordes no alcanza para animar ninguna fiestita. Eran las postrimerías de 2005.

Por ese entonces nos cambiaron muchas cosas, en personal, en lo personalísimo, en lo laboral y en lo político. Vale decir, el aporte de una mirada medianamente fundada sobre La Cuestión era ciertamente relevante, podía incidir –eso pensábamos- en ciertos rumbos, de ciertos agrupamientos políticos, en cierto trayecto de devenir de apoyo-crítico-con-muchos-reparos-y-conservando-total-independencia-de-criterio hacia el más puro oficialitis usted-ordene-señor-sí-señor. Las cosas no lo fueron tanto, ni los tránsitos llegaron a transitarse así. Pero al cabo –¿efectos de la redistribución? ¿suerte? ¿mérito?- resultó que salimos de un ostracismo laboral ya odioso y pudimos distraer algunas horas-hombre para dedicarlas a La Cuestión. Como veníamos de cero, y nuestro entusiasmo era mayúsculo, los rendimientos fueron crecientes y muy.

Veníamos con tal prejuicio, mentado líneas arriba: todo bien, pero estamos congelados en la poscrisis. Quizá necesitemos décadas para recuperar lo perdido, ni qué hablar de volver al paraíso!

Allí fuimos, con la desventaja de arrancar de cero, y con la ventaja de carecer de prejuicios acedémicos. Aquí le llamamos desfachatez metodológica, alegremente aprendida en el estudio de la única ciencia en la que, todavía, estudiar es en sí una incitación a la libertad del pensamiento.

Husmeamos en los más diversos lugares, revisamos nuestros libros, fuimos a la búsqueda de otros y recopilamos pacientemente muchos números. Nos asomamos a algunas peliagudas controversias. Dudamos de algunas fórmulas y dedujimos las nuestras, sólo por la terca desconfianza aprendida, y para concluir al fin que coincidían ambas. Hicimos cuentas y cuentas. Las repetimos para constatar que estaba todo correcto. Y nos llevamos una gran sorpresa.

La sorpresa fue la pronunciada y sostenida reducción de la desigualdad –medida por el Indice de Gini, brechas, distribuciones, etc.- desde la crisis hacia aquí. Entonces… el Néstor redistribuía!!! Sí, veníamos del abismo, pero claramente, la contundente evidencia de los Datos Duros nos indicaba que no nos habíamos congelados en las profundidades regresivas de la poscrisis.

Lo que encontramos nos desmentía con una claridad formidable la idea de que, podían recuperarse muchos de los indicadores laborales y sociales más golpeados durante la crisis, pero que nada podíamos esperar de reducir la desigualdad. No podíamos quejarnos de que a los rico$ les fuera muy pero muy bien, porque a los más pobres les estaba yendo, dentro de todo, bien. El modelo derrama, algunos se enriquecen a demasiada velocidad, qué le va a hacer. Lo importante es que disminuya la pobreza y la indigencia, etc., etc.

Pues no. La Argentina del Néstor era menos desigual que la Argentina de Duhalde, de De la Rúa, y hoy lo es menos todavía que la Argentina de Me#em. Paradojas, mitos, discursos, percepciones… estos eran Datos Duros. Y quizá nuestra intención, no del todo conciente, al meternos en La Cuestión, era constatar el congelamiento de la regresivamente desigual Argentina poscrisis. Ese día nos sentimos kirchneristas. Otros necesitaron mucho menos, otros muchos más, algunos sonreirán con rictus de superioridad escéptica, qué más da. Si haciendo cuentas vemos que p -> q, y nos consta la veracidad de p, no nos queda otra que asumir que q es cierto.

[personalmente, creemos que –considerando el páramo en que quedaron millones de argentinos- el primer criterio a tener en cuenta para valorar una gestión gubernamental es su capacidad para rescatar a esos millones y repartir más y mejor los frutos de la mano invisible.]

Eran datos del 3º trimestre de 2005, cuando paradojalmente hubo un picotazo regresivo. Esto es, brechas, ginis, y demás, incrementaron sus valores de manera notable, desviándose patológicamente de la tendencia. Nosotros lo atribuímos –hipótesis provisoria- a efectos del “rebrote inflacionario” que signó los postreros días de Roberto Lavagna en el sillón de Miranda. Más acá, amigos que trabajan en la República Perdida nos comentaron que ese fenómeno lo habían cifrado en uno de esos azares del diseño muestral, que esa medición atípica había captado algo así como una sobrerrepresentación de hogares de altos ingresos. Fin del misterio.

[Aquí mi memoria se aclara y recuerdo que tal picotazo había suscitado algún debate público donde la malhadada ministra Felisa hacía malabares chinos, capciosos e inconsistentes, tratando de desestimar la captación de ingresos de la EPH. Y luego sobre el tipo de distribución a partir de la cual calcular el Gini. Esa ocasión también fue disparadora de nuestra incursión en La Cosa. Pero nos vamos adelantando.]

En ésas estábamos, e imprimimos un bodoque de informe –olvidable- con los resultados de nuestras indagaciones: nadie nos creyó, ni siquiera nuestros amigos. Convengamos, además de bodoque era una lectura árida y poco amigable. Quizá siquiera hayan llegado hasta el final, donde estaba lo más jugosito que eran las conclusiones (un día las copio y pego, porque en verdad que esmeramos mucho nuestra escritura en esa labor, y sería una pena que queden tan olvidadas).

[Dejamos sentado que algunos hubo que sí creyeron, fueron contados holgadamente con los dedos de una mano.]

Con el tiempo, más prensa y en voces de más prestigio, La Cuestión fue adquiriendo mayor visibilidad mediática. Algunos se sorprendieron, “viste, che? Fulano también dice que la cosa va mejor, ¿cómo decís que se llamaba el índice ése?” (¡ingratos y tercos impíos! Desde aquí los maldecimos por tres generaciones y será que sus hijos adoptarán parcialidades futbolísticas simétricamente enfrentadas a las propias).

Pero como nada en la vida evoluciona sin saltos, hubo un argumento que nos descolocó, tanto por su contenido, como por provenir de quien provenía. Suscintamente en una conversación que circundaba La Cuestión nos espetaron: “todo eso de los estratos es mentira, es un invento del Banco Mundial que nos vendieron en los noventa. Lo que importa es cómo se reparte la torta entre trabajadores y empresarios” (¿¡¿¡!?!?).

Agraviados por semajante desdén a un trabajo en el que habíamos empeñado bastante pasión, sorprendidos por la liviandad con que ciertos dirigentes políticos sustentan algunas de sus posicionamientos, incrédulos ante tamaña desmesura, aún desafiados porque se nos hubiera escapado el sencillo expediente de buscar correlaciones entrambos enfoques, nos fuimos mascullando, puteando por lo bajo y jurando venganza.

Allí fuimos. En La República Perdida aún no habían comenzado a publicar la serie de la Cuenta de Generación del Ingreso, atisbamos la enorme indigencia estadística sobre distribución funcional del ingreso, nos encontramos con la última estimación no oficial –metodológicamente respetable, no como otras- la cual llegaba hasta 2004. Intentamos estimar su evolución al 2005. Constatamos que la cosa venía bien.

Bueno, aquí estamos. Es una resumida historia de nuestra afición por La Cuestión. Y es un recuento de buena parte de los motivos que nos animaron a iniciar este Bloguín. La escasez relativa de espacios de debate político y económico –públicos, abiertos, honestos- sobre la actualidad de la temática, la disposición de un cúmulo de Datos Duros producida con bastante esfuerzo, la visceral necesidad de multiplicar su acceso más allá de los circuitos consabidos. [sobre esa escasez, el Escriba, Lucas, Manolo, Jorge Y. de la G., Mendieta, los Bárbaros, el Lic.Baleno, entre otros, han dicho cosas más que interesantes, y más de lo que podemos balbucear nosotros]

Nos fuimos lejos por las ramas, y esto terminó siendo una suerte de desordenada “presentación” del Bloguín, cosa que nunca hicimos, ni nos habíamos siquiera propuesto, pero ya está. Enhorabuena.

Tanto prolegómeno, finalmente, para terminar con algunas preguntas que entre tanto número, nos fuimos planteando, respondiéndonos provisoriamente algunas y ampliando otras, sustentándose siempre en la puridad de los Datos Duros.

Así es que:

+ Qué correlación hay –ha habido- entre desigualdad de ingresos y distribución primaria

+ Cómo incidieron en la caída de los índices de pobreza la recuperación de los indicadores del mercado de trabajo

+ Cómo se relacionó la disminución de la desigualdad con ello

+ Qué ha significado la reducción de la desigualdad en términos contantes y sonantes ($$$!!!)

+ Cómo se explican los disímiles trayectos de los diferentes indicadores de desigualdad que usualmente se emplean

+ Cuáles son los límites de tal mejora social dados los supuestos del actual modelo

+ Cuáles son algunos de los problemas emergentes del nuevo mercado de trabajo

Bien, muy rimbombante, pretensioso y demás calificativos. Va de suyo, no somos mandrakes ni pretendemos tener la posta de todas las cuestiones enumeradas (aclaramos por si acaso), tan sólo contamos con algunos Datos Duros que, más que cerrar debates, multiplican las preguntas.

Valga como anuncio de lo que tenemos entre manos, y si ha resultado muy autorreferencial es que no nos ha quedado otra, diríamos más, redoblando la posible caracterización: que esta escritura nos ha resultado más precisamente catártica.

Saludos y nos vemos en la semana.


6 refutaciones:

Lucas Carrasco dijo...

Estimado: seguro que desde otro enfoque, y sin tanta precisión, pero le aseguro que cuando encara los porqué de meterse así en La Cuestión, yo me sentí identificado.
Pero además, y esto se lo digo de verdad, porque yo soy medio de tirar intuiciones no muy serias, con su rigurosidad y meticulosidad aprendo mucho.
Así que celebro que recupere el teclado.
Saludos.

manolo dijo...

Clap, clap, clap, clap....
Un abrazo

Mendieta dijo...

Vamos Sirinivasa. Ud. pide perdón después de hacer un olímpico con la pierna cambiada. Si eso es catarsis que será lo mío. Eso sí: no escabulle data que, contestando más no sea, una sola de sus preguntas, voy a aprender más que un año entero de Ambito.
Así que espero. Datos Duros. Abrazo

Sirinivasa dijo...

Esta semana venía medio de bajón, pero con lo expresado por los tres no me queda otra que meterle pata con los cuadritos!

Mendieta: si lo mío es catarsis, lo suyo es... el confesionario? Ja! El Gran hermano nos vigilará?

Lucas Carrasco dijo...

Me parece igual, que les gano a los dos en ese punto, pero yo lo hago por causas valederas y empedernidamente solteras. Los otros días Mendieta me deschavó que mis catarsis eran puras macanas, pero bueno, si de todo eso también se tratan los blogs y por eso ylas todas otras cosas que ya sabemos, es que nos leemos.
Saludos.


(estaba pensando, imaginando nomás, cuando nos toque pasar a la oposición, cómo serán nuestros blogs: un velorio o acaso recuperaremos la chispa que metódicamente perfeccionamos durante tantos años de oposición?)

Sirinivasa dijo...

(ni lo mencione Lucas!!! Es más movido lo de estar en la oposición, sobre todo cuando uno es joven (!?), hoy por hoy la verdad es que sería un garronazo muy fulero. Se vendrían por todo, seguro)

(O a Usted le parece que en el corto plazo podremos estar en la oposición a ESTE gobierno? Junte fichas, ya le dijee, que se viene la interna...)