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Los efectos redistributivos de las retenciones. O ¿quién termina pagando $ 20.000 millones al fisco nacional?

Manos amigas nos han hecho llegar esta nota sobre las ya recontrarremanidas retenciones a las exportaciones agropecuarias. Nos pareció que, co brevedad y concisión, alumbra un costado del asunto sobre el que no hubo tanta discusión. Allí va, y desde ya el Lic. Gomila no tiene nada que ver con, ni comparte necesariamente, ninguno de los disparates que se nos ocurren por acá. Bueno, ahí va la nota:

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Teófilo C. Gomila
Lic. en Economía - U.N.L.P.
26 de marzo de 2008.-


El fárrago de argumentaciones, fundamentos, explicaciones y porqué no exabruptos que hemos escuchado estos días acerca de las ya tristemente célebres “retenciones” deja márgenes amplísimos para introducirnos en una discusión que puede ser abordada desde muy diferentes y divergentes ángulos.

Sin pretender abarcar la totalidad de la problemática, cuyas diferentes aristas exceden la posibilidad de esta nota, y conciente de algunas omisiones con afán esclarecedor, quiero puntualizar algunos elementos objetivos que han sido disimulados por la dimensión que ha alcanzado el conflicto.

Hay un aspecto no demasiado esclarecido y que por ser el que afecta al órgano más sensible del cuerpo social – el bolsillo – merece ser explorado : ¿Quién o quiénes son aquellos que resultan afrontando el impacto final de ese instrumento fiscal al que recurre el Estado Nacional en aras del equilibrio presupuestario?.

Para encontrar una respuesta objetiva a dicho interrogante comencemos por diferenciar los efectos directos e indirectos de estos verdaderos gravámenes. El primer efecto, o percusión del impuesto, recae sin duda sobre la intermediación exportadora o el exportador directo que por la aplicación de las retenciones, digamos un 40% en el caso de las oleaginosas, cobrará $ 1,90 por cada dólar exportado. Sin embargo en las manifestaciones de repudio o protesta por las retenciones no se han observado significativas presencias de los consorcios, acopiadores, traders de exportación o como quieran llamarse. Se puede inferir que ello se debe a que su capacidad o poder de mercado les permite “trasladar” la “percusión del impuesto” hacia atrás, es decir, deducir del precio internacional el impacto de las retenciones agregándole el margen de intermediación y pagando al productor el remanente. Como detalle adicional vale recordar que no solamente los exportadores evitan la “incidencia” de las retenciones, sino que además pueden recuperar el crédito fiscal del IVA y entre otros beneficios están en la provincia de Buenos Aires exentos del pago de Ingresos Brutos.

Es así que por efecto de la traslación hacia atrás la “incidencia” del tributo recae en el ingreso del productor, que supone confiscatoria la presión tributaria y reclama en consecuencia. Afronta un recorte en sus ganancias de $ 1,27 por dólar exportado. Es este el punto más álgido de la tenida, en que se enfrenta la aspiración máxima de los productores - cobrar $3,17 por dólar- con la del Estado Nacional de retener $1,27 por dólar exportado.

Un argumento muy fuerte del gobierno y que merece ser analizado y quizás comprendido por los productores, es que sin la intervención en el mercado cambiario del Banco Central de la República el tipo de cambio $/dólar sería significativamente menor, (hipótesis apoyada casi universalmente por analistas económicos tanto nacionales como internacionales). En este supuesto, un dólar de aproximadamente $ 2, no serían factibles las retenciones, es decir, se esfumarían de las arcas del Tesoro Nacional unos $20.000 millones y tampoco de beneficiarían los productores que cobrarían aproximadamente un precio similar al que cobran después de las retenciones.

Hasta aquí parecería que la política de un “tipo de cambio alto”, como por arte de magia, hace aparecer la posibilidad de recaudar $20.000, sin afectar el ingreso real de los productores, que no deberían reclamar nada por encima de $2 por dólar, ya que es la actuación del BCRA la que genera un dólar ficticio y por lo tanto es legítimo que el propio gobierno se apropie de la diferencia.

Sin embargo, nada es gratuito. Para evitar la caída del dólar en $, el BCRA ha debido comprar con emisión monetaria (expandiendo la base monetaria -oferta de moneda nacional- por un lado y acumulando reservas por el otro) los dólares excedentes por el superávit comercial (mayores exportaciones que importaciones) y el ingreso de capitales, incurriendo no sólo en un riesgo cambiario (ante la devaluación del dólar frente a otras monedas como el euro, el real, el yuang chino y la mayoría de las divisas mundiales), sino también en un muy importante costo financiero, que podemos estimar en $ 6.000 millones anuales. Este costo financiero se deriva de la colocación de letras del BCRA por $55.000 millones en el sistema financiero (Lebacs y Nobacs), para esterilizar el exceso de liquidez y la eventual presión inflacionaria producida por la emisión monetaria para comprar los dólares excedentes. Es decir, podemos confrontar la recaudación producida por las retenciones con el costo financiero del endeudamiento del BCRA y además la posición de reservas del BCRA con la deuda por Lebacs y Nobacs y concluir que la política del “tipo de cambio alto”, que entre otras cosas favorece las exportaciones, tiene costos significativos afrontados por la Nación en su conjunto y es razonable que sus beneficios no sean apropiados por un solo sector.

Pero ello no es todo, también el sostenimiento el tipo de cambio incide en mayores costos de los productos importados. Argentina importa unos $130.000 millones anuales y cada dólar de importación se paga $3,17. Sin la intervención del BCRA suponiendo un dólar de $2, las importaciones serían $80.000 millones. Es decir, los argentinos en conjunto, estamos pagando $50.000 millones en exceso para sostener una estructura de precios relativos compatible con los superávits gemelos y el equilibrio macroeconómico, que nos ha permitido recuperar los niveles de empleo y de ingreso nacional y remontar una crisis inédita en la historia económica nacional,.

Teniendo en consideración los elementos expuestos, será posible entender mejor el esfuerzo del conjunto social y que los costos del mismo no sólo son afrontados por los productores sino que ellas “inciden” sobre el ingreso del conjunto social y por ello parece razonable que los beneficios derivados del “dólar alto” no sean apropiados sólo por algunos sectores.

7 refutaciones:

Anónimo dijo...

No soy economista, pero creo que si el central dejara que se revaluara el peso, no llegaría a 2

Gualterio

Gerardo Fernández dijo...

Estuve "hojeando el blog" y está muy bueno, "Datos"
Seguiré visitandolo.
Saludos

Javier dijo...

No cabe duda que si el BCRA dejara de intervenir en el mercado cambiario el dolar estaría cercano a los $2.
Muy buen post!! Agregado a mi lector de feed!

Mariano T. dijo...

1) Se benefician en serio un montón de gente, incluso muchos a los que ya les iva bien antes de la devalución (petroquímica, acero, aluminio)
2)Queda claro que esta política no beneficia en nada al productor agrario, ya lo expusiste muy bien.
Pero encima es muy perjudicial el TC para importar los insumos, o para pagar los que se fabrican acá y son transables.(entre los dos son el 80% del costo directo en trigo por ejemplo)
O sea que estamos en el peor de los mundos, comprando a 3,17 y vendiendo a 1.90.
Apoyo a cualquiera que proponga bajar las retenciones aunque el dolar baje a 2$. Y le hago el trabajo sucio que me pida.

Anónimo dijo...

Eduardo Curia postulaba ayer que el dolar deberia estar a $4,10.-
Es economista ese muchacho no?

Néstor Sbariggi dijo...

Muy bueno don Siri. Digamé, que hay de las presiones de la UIA (que creo que tienen que ver con lo que menciona el anónimo anterior) acerca de una devaluación?

Saludos

Anónimo dijo...

Anonimo de 12.23 AM, no me dice en donde se puede leer lo de Curia (si es que fue en prensa)?

Gracias.