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Composición tema "La Crisis" (II)

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Seguimos con el posteo de estas líneas sobre el 'fin del capitalismo como lo hemos conocido hasta ahora'. Este borroneo de ideas sueltas, genéricas y abstractas, sobre el marco en el cual situar semejante quilombo que tiene tan nerviosos a tantos.
En esta parte nos exponemos generosamente al cascoteo. Allí va, con los reparos y aclaraciones ya hechas sobre el objeto del texto.

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2 – Aspectos estructurales

2.1 Amén de la intrincada y sofisticada trama financiera que detonó la actual crisis, y en virtud de lo señalado en el acápite anterior, importa aproximarse, cuanto más someramente, a las raíces estructurales que determinan la emergencia periódica de las crisis económicas y financieras.

2.2 El desarrollo del capitalismo se funda en la producción de un excedente económico. El mismo se emplea de dos maneras. Se destina, por un lado, a la ampliación cuantitativa y cualitativa de los niveles de consumo de la sociedad –de donde surgen las tensiones en torno a su distribución, donde compiten la ampliación del acceso al consumo básico y la concentración en el consumo suntuario-. Por otro lado, se vuelca a la acumulación productiva –determinada por las expectativas de ganancias y riesgos- que posibilita el incremento de la capacidad productiva de la economía (crecimiento y desarrollo).

2.3 Las tensiones y ciclos en el proceso de acumulación derivan de los desequilibrios entre Demanda Efectiva y expectativas de ganancias; entre una Demanda Efectiva capaz o no de absorber -y realizar en el mercado- una producción creciente, y las expectativas de ganancias de las inversiones destinadas a la ampliación de la capacidad productiva de la economía.

2.4 La insuficiencia de la Demanda Efectiva -resultante de una desigual distribución de los ingresos y la propiedad- para absorber el flujo de bienes y servicios resultantes de la ampliación de la capacidad productiva, y satisfacer las expectativas de ganancias de la acumulación, deriva en que una parte del excedente se vuelca -bajo la forma de capital dinerario- a la órbita financiera.

2.5 De este modo se alimentan los circuitos de valorización financiera de los excedentes. En un contexto de: mercados financieros integrados globalmente, posibilitando una veloz circulación de los capitales; crecientemente sofisticados, en cuanto a la diversificación de los instrumentos de inversión; y también crecientemente desregulados, en cuanto a la capacidad de los Estados Nacionales de monitorear y regular los niveles de riesgo que asumen los inversores; se verifican al menos dos efectos destacables. Se magnifica, por un lado, la capacidad de arbitraje de los inversores, entre diversos instrumentos de inversión y entre regulaciones nacionales; y por otro se acota la eficacia de las políticas monetarias, cambiarias y regulatorias de los Estados.

2.6 Los ciclos de auge especulativo en los distintos mercados que se encuentran articulados con los circuitos de valorización financiera (títulos público y deuda privada, commodities y divisas, hipotecas y acciones, etc.), no suelen responder a ninguna lógica que pueda explicarse a partir de premisas de “racionalidad”. Como lo demuestra la historia económica, los ciclos de auge especulativos realimentan por sí mismos las tendencias alcistas de los mercados afectados. Ello ocurre sin que la magnitud de los valores alcanzados se corresponda con expectativas reales de ganancias provenientes de los activos reales subyacentes que, en definitiva, son el único origen posible del excedente.

2.7 Cuando un ciclo especulativo se confronta con un contexto macroeconómico de expectativas desfavorables, comienza la cuenta regresiva para la explosión de la “burbuja”. Y esta explosión puede sobrevenir a partir de múltiples factores desencadenantes: desde grandes inversores que se retiran de la “burbuja” en búsca de menores riesgos -y también menores ganancias-, hasta problemas de liquidez o solvencia de empresas y entidades financieras, todo lo cual revierte abruptamente las expectativas alcistas del mercado.

2.8 Al desencadenarse, y a lo largo de la crisis, es frecuente que emerjan sinnúmero de casos de fraudes, en operaciones de mercado de capitales, admninistración de activos, contables, estafas e ilícitos varios, como así también evidencia de que las regulaciones vigentes -o su elusión- posibilitaron la diversificación de los intrumentos de inversión y la difusión del riesgo financiero. El common sense de los medios y de ciertas fracciones políticas tienden naturalmente a magnificar su incidencia. Sin embargo, corresponde señalar que tales prácticas ilícitas o dudosas abundan más allá del ciclo de auge especulativo. Es precisamente en las crisis, cuando la retracción de crédito y liquidez dejan en evidencia su vulnerabilidad, el momento en que la necesidad de análisis exhaustivos de pérdidas y quebrantos las sacan a luz. De ninguna manera son la causa de una crisis, ni de un auge especulativo.

2.9 En el mismo sentido que en el punto anterior, se debe enfatizar que todo el amplio sistema financiero (bancos, mercados de capitales, de futuros, fondos de inversión, etc.) constituye en principio un sistema de intermediación, entre el ahorro público y privado, y la inversión. La sofisticación y diversificación de instrumentos financieros no representan en sí un excrecencia parasitaria de un maligno capital financiero expoliador de las virtudes de un angélico capital productivo (recordamos lo expresado en 1.1). Cuando volúmenes crecientes de excedente se vuelcan a ese sistema de intermediación en búsqueda puramente de un circuito de valorización financiera, sí se exacerban sus tendencias especulativas.
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