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Los vulnerables: la desigualdad laboral y el impacto de la crisis

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Últimamente se ha escrito bastante acerca del impacto de la crisis yanqui sobre nuestro país, y en particular sobre los efectos de la desaceleración económica sobre el empleo, la pobreza y demás. Como así también se viene opinando a gusto sobre la seguidilla de medidas gubernamentales para fogonear la economía, adónde deberían apuntar, y qué efectividad potencial podrán tener.


Como lo que nos aquí nos suele interesar mucho es la desigualdad, la concentración, o más sintéticamente -para poner un título caro al progresismo multicolor- la consabida Distribución del Ingreso, veremos muy sintéticamente cómo estamos parados, y por dónde están los flancos más vulnerables ante un escenario recesivo.


Esto es, dada la desigual estructura distributiva de los ingresos en Argentina, explorar de quienes serán los ingresos más vulnerables, y las ocupaciones más amenazadas según su ubicación en la macanuda ‘pirámide’ que constituye nuestra sociedad.


Entonces, y como para cerrar el año a lo grande con una andanada de Durísimos Datos, fue que nos pusimos a trabajar con la maquinita de procesar números y obtuvimos algunas cosas por demás interesantes. Tomamos la Encuesta Permanente de Hogares en su última versión publicada allá por el 1º trimestre de 2007, que como decimos siempre, no será lo mejor pero es lo que hay.


Lo que hicimos fue partir de la estratificación de los hogares según su ingreso per cápita familiar, desde el decil 1, que es el de menores ingresos, hasta el Decil 10 de los más tricos. Dentro de cada decil ‘abrimos’ ciertos indicadores para examinar su comportamiento a su interior. Vale decir, consideramos a cada estrato de hogares como un conjunto recortado del resto y vemos cómo se comportan dentro de cada uno ciertos indicadores sociales y laborales básicos, en comparación con lo que ocurre en el total de la población, y entre sí. Esta indagación hacia dentro de los escalones de la pirámide nos va a permitir también asomarnos a algunas de las causales de la desigual distribución de los ingresos.


Vamos a ir al grano a ver lo que nos hemos encontrado.


Primeramente, y a modo de exploración, indagamos en la condición de actividad de las personitas que habitan nuestros deciles, es decir, si se encuentran o no ‘dentro’ del mercado laboral. Si son ocupados o desocupados –constituyendo ambas categorías la Población Económicamente Activa (PEA)-, o si son inactivos. Y la ‘inactividad’ puede deberse a un variado conjunto de razones.


Puede tratarse de un guachín que va a la escuela, jardín, etc.; puede tratarse de la tía Pocha que, jubilada ella, pasa sus días alegremente disfrutando de su haber mínimo (incrementado desde 2003 en un montonazo %); puede ser que alguien que viva de rentas o de las ganancias de su negocio ausentista y no necesita trabajar ni salir a buscar trabajo (onda sojero posta que los fines de semana se da una vuelta por el campito a ver como crece el yuyo); pero puede tratarse también de un variado y heterogéneo conjunto de motivos. Para el caso que nos ocupa, nos preocupan especialmente los ‘desalentados’: aquellos quienes llanamente han dejado de buscar trabajo debido a que no corresponden sus calificaciones y experiencias laborales con la demanda de los empleadores, y también a que su ‘capital social’ se ve enormemente limitado por sus condiciones de vida, lugar de residencia, pigmentación de su piel, nivel educativo alcanzado, y todas esas cosas que tanto preocupan a los republicanos argentos.


Bué, ¿y qué pasa con toda esa gente? Veamos el Gráfico que sigue (click sobre la imagen para ampliar):



Impresionante, no? Como un juego de espejos y simetrías. El 41,7% de la población total que está ocupada de distribuye de modo ferozmente desigual a lo largo de la pirámide de ingresos. En el Decil 10 de mayores ingresos tenemos prácticamente el 70% de su población en el mercado de trabajo, mientras que en el subsuelo ése es el porcentaje de los inactivos.


Como el porcentaje que vemos en la parte verde de la barra es, de hecho, la tasa de empleo, también podemos leerlo de esa manera. Aproximadameente el 70% de ocupación en la cúspide y 26% allá abajo.


Si suponemos que en el estrato más rico se verifica una situación de plenísimo empleo, el casi 30% de inactivos que tenemos allí serían lo que se suele denominar inactivos típicos, esto es, lo que caracterizamos más arriba como pibes escolarizados, abuelitos jubilados y pensionados, puros rentistas, y miembros del hogar que eligen hacer huevo. Serían los que de ninguna manera desean ni necesitan insertarse en el mercado de trabajo. La manera en que esa porción va creciendo sostenidamente a medida que bajamos en la escala de ingresos, no va dando una –pálida– medida del grado de exlusión sociolaboral que se va verificando a medida que nos sumergimos en el pobrerío.


Si sumamos los porcentuales de ocupados y desocupados sobre la población de cada estrato, lo que tenemos, pues, es la tasa de actividad (PEA=Ocupados+Desocupados / Población Total). Es decir, lo que tenemos en el Gráfico que sigue (click sobre la imagen para ampliar).



¡Notable! La PEA en la cúspide es más del doble que en el subsuelo de la patria (por ahora sin sublevarse). Y sólo los cinco deciles de mayores ingresos están claramente por arriba del promedio que se verifica para el total de la población.


Y veíamos que la franja rojita, esa de los desocupados, también se distribuía de manera variable. Si bien en el primer gráfico teníamos que era el 4,5% de la población total, para determinar la tasa de Desocupación hace falta dividir la cantidad de desocupados por la PEA, es decir, qué proporción de quienes están en el mercado de trabajo están desocupados. Lo cual tenemos a la vista en el Gráfico que sigue (click sobre la imagen para ampliar).



Contundente, ¿no les parce amiguitos? Recontrapleno empleo allá por arriba en el decil cacerolero y demandante de institucionalidad republicana y 18 % de desocupación en las profundidades tenbrosas de la pobreza plena. Sólo los seis deciles de mayores ingresos verifican tasas de desocupación menores a la media nacional, y los cuatro deciles más pobres registran tasas de desempleo muy superiores al de ‘un dígito’ que promedia el total de la fuerza laboral.


Y nos preguntamos, ¿de qué calidad será el –escaso- empleo que hay en los estratos más bajos? ¿Resistirá bien el temporal de la crisis estanflacionaria que se viene? Veámoslo en el gráfico que viene (click sobre la imagen para ampliar).



Formidable. La subocupación salta del 8,6% al 13,2 % al pasar del decil 5 al 4, y así llegamos al 24,1% del estrato mas pobre, que viene a ser la porción de la fuerza laboral que subsiste en empleos de menos de 35 horas semanales, implicando ello, por regla general y a iguales condiciones, menores ingresos que el empleo pleno.


Pues bien, hasta aquí podemos decir que apenas hemos rozado la superficie (además de autoplagiarnos, pues ya en una de las primeras notas de este bloguín habíamos hecho alguna lectura de estos números), y lo que hemos visto de manera rápidamente descriptiva son algunos determinantes de la desigual pauta distributiva vigente en la Argentina.


Ahora vamos a hundir el bisturí un poco más en serio. Veremos cómo se ocupan los ocupados. ¿De qué hablamos? Simplificadamente, una persona puede estar en relación de dependencia con un empleador que le remunera con un salario, puede ser un patrón, empleador de otros, puede rebuscárselas él solito sin emplear ni depender de nadie, y también –como la señora de la pizzería de la vuelta- puede trabajar, y duramente, pero sin recibir un sueldo ni tener una relación laboral con el titular del emprendimiento o empresa: es el trabajador familiar sin remuneración, los ingresos del emprendimiento se distribuyen al interior del hogar, pero sin mediar una relación salarial. En el caso de nuestra eximia pizzera vecina, ella mantiene una intensa relación con el dueño del negocio, pero trátase de una relación conyugal, claro.


¿Y cómo es la cosa desagregando esteos indicadores al interior de los estratos? Veremos (click sobre la imagen para ampliar).



Pues bien, ¿qué nos encontramos? Algunos aspectos previsibles. Que considerando el total de la población ocupada, se verifica una tasa de asalarización (los que van en la categoría obreros o empleados) bastante alta, del 78%. Que la proporción más alta de patroncitos se ubica derechamente en los deciles de mayores ingresos. Y, que -¡oh!- las tasas más altas de cuentapropismo, y las más bajas de asalarización, las encontramos en los estratos más pobres, e igualmente con la proporción de trabajo familiar sin remuneración (aunque baja, en el Decil 1 es 15 veces más que en el Decil 10).


Claramente –y como veremos en los dos gráficos que siguen- estamos desenredando la trama fina que explica el desigual ordenamiento social que padecemos (y, sobre todo, padecen los de allí abajo), y los flancos más vulnerables de la sociedad ante una desaceleración económica que se presagia inexorable.


Hasta aquí tenemos que, según descendemos en la escala de ingresos, encontramos:


- baja inserción en el mercado laboral, lo que implica menor cantidad de miembros del hogar que aportan ingresos por su trabajo, y en consecuencia, mayor dependencia del resto de los miembros del hogar, inactivos y desempleados, de aquellos que lo sostienen con su trabajo;


- altísimo desempleo; sobre una tasa de actividad ya de por sí baja, sumamos alta proporción de desempleados;


- baja intensidad ocupacional; una altísima proporción de quienes sí trabajan lo hacen en condiciones de subempleo, implicando menores ingresos, y posiblemente (ya veremos) baja calidad del empleo;


- baja asalarización y alta proporción de cuentapropismo; puesto que el cuentapropismo que se encuentra en la base de la pirámide es en general de baja calificación, baja productividad y alta rotación (diz que changas), ello redunda, en general, en mayor variabilidad e incertidumbre sobre la fuente de ingresos del hogar.


Pues bien, nos quedan examinar un par de cosillas más: informalidad laboral y nivel educativo, entonces el cuadro oscuro que tenemos entre manos quedará un poquín más delineado.


Veamos el gráfico que sigue (click sobre la imagen para ampliar):



Ahora el recorte sobre el que estamos mirando es el conjunto de los asalariados de cada estrato y del promedio del total de los asalariados. Y el porcentual de asalariados sin descuento jubilatorio es el indicador que nos permite aproximarnos a una medición del nivel de informalidad laboral, vulgo: “trabajo en negro”.


Bien, ¿qué nos dice esto? ¿Pavoroso, no? Circa 90% de la gente más pobre, que labura en relación de dependencia lo hace en negro. Promediano los dos deciles inferiores, tenemos un 78,6% de los asalariados en negro en el primer quintil.


Y cuál será uno de los determinantes de tan guasa disociación del mercado de trabajo. A ver, a ver (click sobre la imagen para ampliar):



Bueno, bueno, esto sí que es iluminador. El 90% de la población más pobre no terminó el secundario, y el 48% ni siquiera llegó a terminar el primario. Pavada, che. Mientras, el 76% de la población del estrato más rico tiene secundario completo y más.


No vamos a insistir con más comentarios porque a esta altura los números hablan por sí solos.


Concluyendo, ¿por dónde va a pegar entonces la crisis? Claramente, la cosa primero comienza con jornadas de trabajo reducidas, impactando sobre las tasas de subocupación que se reparten como hemos visto; luego comienza a destruirse el empleo informal y decaen las changas; a la hora de que un empleador determine qué trabajadores conservará en su planta una variable ponderable son las calificaciones, y así siguiendo… pegando de abajo hacia arriba.


Entonces, la desaceleración -o eventual recesión- pegará primero y antes que nada en la base de la pirámide, agravando las ya difíciles condiciones de vida allí imperantes, por cierto que incrementando los niveles de pobreza e indigencia, pero -y quizá a nuestro juicio más importante- dejándonos un país más desigual, y en consecuencia una cuesta más difícil de remontar en el futuro.


Con lo cual, desde aquí, y humildemente, nos pronunciamos a favor de toda medida que fortalezca los ingresos y el empleo de los habitantes del subsuelo: aumento de planes, asignaciones focalizadas, empleo público -para ‘construir pirámides’ si otra cosa no hay-, todas ellas acciones que contruibuirían a mitigar el impacto de la crisis mucho más que los cero km, las heladeras y el crédito fácil; estas últimas medidas sin duda adquieren relevancia -y son también perfectibles- en cuanto a sostener y fogonear los niveles de actividad de sectores amenazados, pero tenemos ciertas dudas sobre su capacidad de ‘derramar’ hacia abajo en el presente contexto de desaceleración. Los años de alto crecimiento derramaron y redistribuyeron, cierto es, y mucho más de lo que unos cuantos hubieran imaginado (Nota Bene: si el cuadro social que hemos expuesto resulta estremecedor, es pertinente acalarar que a fines de 2003 era muchísimo peor), pero el núcleo de vulnerabilidad sigue estando ahí. Son los habitantes costeños, son los que la ola del tsunami va a arrasar primero.


Aclaraciones metodológicas: en el primer grafiquín, donde aparece la proporción creciente de inactivos conforme se desciende en la escala de ingresos, hay un detalle que es menester mencionar. Se trata de que los estratos de hogares de menores ingresos cuentan con una proporción mayor de niños y jóvenes que los hogares de altos ingresos. Para confeccionar el gráfico en cuestión elegimos sumar para la categoría de inactivos, a los menores de 10 años y a los inactivos a secas, tales las categorías que están definidas en la EPH. Si bien ello podría introducir alguna distorsión interpretativa –la proporción de menores de 10 años va del 27,9% en el decil 1 a 6,1% en el decil 10- creemos que el desglose del indicador no agregaría demasiado al punto que deseábamos destacar, que es la desigual vulnerabilidad laboral que se registra a lo largo de la pirámide de ingresos. Nos comprometemos en un futuro a hundir el escalpelo en ese corte.

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Jubilados: los más favorecidos

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Hacia diciembre de 2007 (que son los últimos datos de que disponemos a esta hora de la tarde) la ANSES registraba 6.766.550 de jubilados y pensionados, de los cuales el 76% cobraban el haber mínimo, el cual en ese mes era de 596 mangos.

Poca cosa se dirá; no alcanza, se dirá. Sin dudas.

PEro veamos la peli.

En Mayo de 2003, cobraban $ 150.

¿Cuándo había sido el último aumento que habían percibido los adultos mayores y pensionados?

No haga más memoria, había sido hace muchísimo: Agosto de 1991.

Sisí, doce años de haber mínimo jubilatorio congelado, pero congeladísimo, onda Base Marambio.

Y cómo fue la cosa desde que al Néstor le rompieron la frente de un camarazo en aquella tarde del 25 de Mayo de 2003.

Veamos (click sobre la imagen para ampliar):

Lo que hemos puesto en el grafiquín es la evolución del haber mínimo jubilatorio desde Mayo de 2003 -cuando era de 150 mangos, hasta el presente, que con la suma fija de 200 mangos, se habrá transformado en $ 890. A modo de comparación y en trazo azul está la evolución del Indice de Salarios. Ambos con base 100 en Mayo de 2003.

Vale decir:

Que el haber mínimo jubilatorio -que es percibido por algo así como 5.143.214 personas, se incrementó un 360 %.

Contando este aumento de suma fija, estaría en 493 % arriba de lo que cobraban en esos tiempos añorados por el republicanismo, donde la dictadura KK no había sentado aún sus reales en El Poder (cual???)

En el medio ha habido inflación por supuesto, y todo esos enchastros que 'los matones' hicieron en la República Perdida. Para no meternos con tan espinoso tema de qué índice poner para evaluar la evolución real de estos haberes (es decir, el poder de compra que va representando en términos de los bienes que puede adquirir esa plata), vemos cómo ha evolucionado relativamente a otros ingresos. Para el ejemplo de lo que pusimos en el grafico, el Indice General de Salarios.

Y como es bueno comparar tenemos que dicho Indice (siempre en términos corrientes):

Creció desde Mayo de 2003 a Octubre de 2008 (último dato publicado) un 147 %.

O sea, para que nos vayamos entendiendo, el Haber mínimo jubilatorio creció dos veces y media más que el promedio de los salarios de la economía.

¿Que todavía falta? Seguro, incluso ahora hay un sendero legalmente establecido de ajuste de los haberes, que no es poca cosa.

Pero además, podemos multiplicar los 200 mangos de suma fija que irán a parar a la billetera de todos los viejitos con alta propensión al consumo, por los 6 palos y setecientos que son, tenemos una masa de $ 935.120.600 que irían a parar derechito al consumo.

Podemos redondear en mil millones, dado que los datos son de Diciembre del año pasado, le va?

Bueno, mil millones.

¿Alguien hablaba de políticas de ingresos onda keynesianas que fogoneen el consumo alicaídopor la megacrisis?

Bueno, ya empezamos.
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Indicadores actualizados

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Acabamos de actualizar la planillita esa que figura ahí al costado, en el acápite 'Datos Duros para Todos', con los últimos datos que acaba de publicar el Indec sobre la evolución de las tasas de actividad, empleo, desocupación y subocupación desagregadas por regiones y aglomerados.

Además, como quien no quiere la cosa, le agregamos otra planillita más. Pavadita, una recopilación de tabulados de ingresos disponibles por ahí sólo que por separado y en formatos bastante engorrosos de trabajar. Aún en construcción y con incompletitudes, eso sí. Supimos alguna vez tener todo eso lleno, con todas las viejas ondas de la EPH para el GBA y otros aglomerados más, desde 1974, pero alguna vez comentamos que habíamos perdido un pendrive repleto de esas cosas y sin back-up. Ahí estaba y ahí se fue. Con lo cual, ahora podemos perder y perder que el arduo laburo estará acá on-line, o en su defecto lo tendrá alguno de los curiosos visitantes de este rincón.

Espero les aproveche y se puedan entretener.
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Países serios

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Menos mal que en los países serios, esos que nunca entran en default ni despachan megasalvatajes para los bancos (reíte de nuestra pesificación asimétrica!), estas cosas no pasan.

¿Y ahora? ¿Buscarán un estudio que les lleve un doble juicio? ¿Uno contra el país que los 'estafó' y otro contra el estafador que los defendía del país estafador?

Pero bueno, en los países serios esas cosas no pasan, y lamentablemente tenemos que lidiar con 'gobernas' que subastan bancas en el Congreso y apretan a la prensa independiente. ¿Cosas del interior feudal?.
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Catástrofe distributiva (según la F.Mediterránea)

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Acostumbrados que estamos desde hace años y años a los disparates que suelen emitir prestigiosas consultoras privadas y que luego los coreutas mediáticos repiten como periquitos, esta noticia aparecida en El Cronista, no nos debiera haber sorprendido.

Sintéticamente, don Marcelo Capello, economista de la Fundación Mediterránea, dice que en lo que a distribución del ingreso hace, estamos como en el año 2000. El tipito refiere un Indice Gini de 0,47, por lo que inferimos que se refiere a la estratificación de ingresos según los perceptores individuales.

Ahora bien, decir que estamos como en el año 2000 es una especulación digamos, por lo menos, gruesa.

Dado que carecemos de datos sobre ingresos provenientes de la EPH (Encuesta Permanente de Hogares) desde el 1º trimestre de 2007, y puesto que cualquier proyección, extrapolación o bolazo, que se pretenda formular sobre la evolución de los mismos debe apelar a esta ineludible fuente, supone partir de tal fuente y efectuar hipóteisis cuantitativas sobre la evolución de los diferentes tipo de perceptores de ingresos. Se puede decir que los ingresos de los trabajadores en negro han aumentado tanto, que los que están en blanco con tales y cuales calificaciones han aumentado esto otro, y así. Las fuentes que sustenten esas proyecciones podrán provenir del índice de salarios del INDEC, de la ANSSES, etc., etc.

Siempre se tratará de un ejercicio, de una proyección, de una estimación gruesa, basada en supuestos arbitrarios tan válidos como cualquier otros, ya que la data posta, no la tenemos.

De allí proceden todas las 'estimaciones' que diversas consultoras y estudios privados han realizado sobre la denominada 'pobreza real', es decir, cómo sería la pobreza aplicando indices de inflación alternativos. De realizar proyecciones y estimaciones sobre la evolución de los ingresos de la población. No hay otra. No hay otra fuente posible que la EPH y conjeturas ad-hoc.

Así que los muchachos de la Fundación Mediterránea -esa progresista institución creada en las postrimerías de la Dictadura Militar, gran proveedora de cuadros técnicos comprometidos con los más humildes- han hecho todos esos artilugios, cuyo informe y detalles metodológicos aún no publicado. Y nos dicen que estamos como en el año 2000.

Vamos a ver qué implicancias tiene semejante aserto. Veamos este simpático grafiquín que hemos elaborado especialmente para la ocasión (click sobre la imagen para ampliar).



¿Qué es lo que tenemos aquí?

En verde grueso tenemos la evolución del Indice de Gini calculado sobre la estratificación de Hogares según Ingreso per Cápita Familiar.

En verde pero finito vemos el último dato disponible -correspondiente al 1º trimestre de 2007- y cómo va barriendo hacia atrás, destacando que se situó por debajo de todos los registros anteriores disponibles para el Total de los Aglomerados Urbanos.

Luego, en rojazo grueso, está la presunta evolución que ha tenido este Indice de Gini según la Fundación Mediterránea si hubiésemos regresionado distributivamente al año 2000 (la Mediterránea estimaba el otro Gini que referíamos, pero aquí nosotros suponemos también que todo fue igual de mal).

Y en rojito finito vemos que ese dato supuesto para el 3º trimestre de 2008 corta el mejor registro verificado en 2002.

Además, destacamos algunos valores numéricos seleccionados del Indice de Gini que nos van a ayudar a comprender la enormidad de lo que supone el muchacho este Capello.

A ver.

¿Cuál es la magnitud del incremento en la desigualdad supuesto entre el 1º trimestre de 2007 y el 3º trimestre de 2008 -cosa de un año y medio-? ¿Cómo podemos dimensionarlo?

El Indice de Gini es un número indice adimensional, con lo cual calcular sus varioaciones porcentuales no es estrictamente pertinente, pero hagámoslo igual. ¿Qué nos da?

Pues que en un año y medio, según la Fundación Mediterránea, este Indice habría aumentado un 9,7 %. ¿Es mucho o es poco? Comparemos con alguna otra período de catástrofe distributiva, es decir, durante algún período en el cual este indice haya aumentado notoriamente. Visto el grafiquín, ¿se les ocurre alguno? Jé, claro, claro...

Entre Octubre de 1999 y Octubre de 2002, un lapso de tres años, durante el cual la Argentina sufrió una de las peores recesiones de su historia, colapsando el sistema financiero, el régimen cambiario, multiplicándose inéditamente el desempleo y la pobreza, casi implotando el sistema político, etc., etc.; durante ese período el Indice de Gini creció en... 9,4 %!!!

¿Queda claro? Estos muchachos Mediterráneos dicen que la desigualdad en un año y medio se deterioró tanto y más que durante la crisis más fulera que hemos vivido en las últimas décadas.

ANDAAAAAAAÁ!!!!!!!!!!!

PS: sí, los de la Fundación Mediterránea usaron la distribución del ingreso individual, que representa otra cosa, nosotros aplicamos esa conjetura catastrofista al Ingreso per Cápita Familiar, que a nuestro juicio representa mucho mejor la distribución de los ingresos realmente disponibles entre la población. Lo sabido: un Jefe de Hogar, profesional con un sueldazo, cotiza alto en el ingreso individual, pero su Tía Pocha que cobra el Haber Mínimo Jubilatorio ranquea en los últimos casilleros, y si le sumamos el sueldo de su mujer maestra, que anda por la mitad-abajo de la escala, y dividimos todo por el número de los integrantes del hogar -digamos, los tres adultos más cuatro purretes- nos da un Ingreso per Cápita -que es lo que el Hogar dispone efectivamente para gastar en las necesidades de sus miembros- que coloca al hogar una posición de la escala seguramente no tan alta como la del Jefe de Hogar, ni tan baja como la de la Tía Pocha, y en una de esas un poquín más arriba que la del cónyuge.

PS bis: para los que quieran jugar con los numeritos, tienen allí al costado, bajo el título Datos Duros para Todos, un Excel, el de Indicadores de Desigualdad, con la fuente de los datos que hemos empleado.
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Datos Duros para Todos (2)

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Tiempo atrás habíamos anunciado con gran pompa la puesta en línea de una paginita (basada en el recurso googlepages) donde pondríamos algo así como nuestro base de datos personal, información toda que anda desparramada en diversas fuentes oficiales y de las otras, info de acceso público, nada del otro mundo, sólo que ordenadita y estandarizada según la utilizamos acá.

Alguna vez comentamos sobre esas azarosas combinaciones de pérdidas y desperfectos que tiran por la borda el laburo que se va acumulando a lo largo de mucho tiempo. Así que pues, eso de colgar en línea lo que se tiene cunbría un doble propósito: primero, salvar las papas ante eventuales pérdidas, ya que colgando periódicamente las actualizaciones de los archivos correspondientes sólo bastaría con volver a bajarlos y ya; pero además cumplimentaba con un requisito de democratización de la info de la cual intentábamos hacernos cargo, aún en la pequeña cuotaparte que nos pudiese corresponder. Decíamos en esa ocasión:

la vida sigue siendo mezquina a la hora de brindar desinteresadamente información y procedimientos para que cualquier condiscípulo, colega, o mero compadre de andanzas la pueda aprovechar al igual que quien la produce.

Votamos por la democratización de la información y el conocimiento. Y aunque no pretendemos que se califique de tal a nuestras humildes cuentitas, acá ponemos el fruto de nuestro sudor.

Con esa intención habíamos armado la paginita, sólo que... bueno, no es un recurso muy versátil ni cómodo de actualizar, hay que editar cada página, que el interlineado, que el link, que la mar en coche. No nos hallamos con la interfaz esa, lo fuimos abandonando de a poco, y casi que aún permanecía en línea pero ya sin vida.

Lo que hemos hecho es simplemente poner ahí al costado del blog ("Datos Duros para Todos") los títulos y links que van directo a los archivos de Excel. Insistimos, nada del otro mundo, sólo información -Datos Duros- que solemos utilizar como fuente para los disparates que escribimos aquí, y para alguna que otra tarea que emprendemos off-line, con grafiquitos e indicadores ya listos para usar, con las referencias a las fuentes y demás requisitos que los exigentes puedan requerir. Y trataremos de avisar cuando subamos periódicas actualizaciones.

Que lo disfruten.
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