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Día de la mujer (tarde pero seguro)

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Ayer estuvimos off-line, el sábado anduvimos de viaje por bellos sitios alfombrados de soja, así que finalmente nos colgamos de postear esto.


Resulta que en nuestro ocasional y esporádico quehacer como ghost-writer, hace algunos años tuvimos que borronear unas líneas para que en la ocasión integrara un discurso leído ante una legislatura que no viene al caso. Así que, y recortado un poco, lo que sigue trataba de hacer balance del Día de la Mujer Trabajadora. Vaya en homenaje a todas ellas.

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Sabido es que una sociedad como la nuestra, organizada a partir de la desigualdad económica, contiene una diversidad de situaciones desiguales que contribuyen a sostener ese orden de inequidad. La condición subalterna de la mujer es una de ellas, quizá la más naturalizada en el decurso de la historia.


Hace dos o a lo sumo tres generaciones que el sojuzgamiento de la mujer se ha hecho visible, y ha podido ser conceptualizado y revelado como una relación de dominación.


Estableciendo un corte horizontal al interior de la sociedad, los proyectos emancipatorios que se han planteado la liberación de la condición humana, han soslayado hasta hace poco el problema. En el mejor de los casos, postergándolo para aquel tiempo en que la tarea fundamental o la contradicción principal, estuviese resuelta. O bien concediéndole a la mujer un mero lugar de acompañamiento en una lucha que era, en esencia, responsabilidad de varones. Los ejemplos de mujeres que han descollado como figuras públicas son, precisamente, singularidades de una historia masculina.


El desarrollo de la mujer como individuo era concebible únicamente en el ámbito de lo privado, en la familia, restringida a la función de reproducción de la sociedad, era madre, hija, y poco más. Precisamente la condición de madre fue considerado como atributo esencial, exclusivo, del ser de la mujer.


Sólo cuando el desarrollo del capitalismo en su etapa de acumulación primitiva disgregó el núcleo familiar y lanzó a todos sus integrantes al mercado de trabajo, aparecen las mujeres peleando diferenciadamente por sus condiciones laborales. Así es que mueren aquellas obreras textiles en cuya memoria se instituyó la celebración del Día Internacional de la Mujer.


También, enhebrada con esas luchas, Eva Perón condensa, en el holocausto de su vida, la epopeya popular que funda el momento de mayor importancia en la historia del movimiento nacional.


Pero nuestro país tiene la triste celebridad de haber aportado un hito que resignificó radicalmente la condición de madre. Cuando aquellos que se autotitulaban reserva moral de la Patria, inundaron al país de oscuridad, la primera luz que alumbró la resistencia fue encendida por esas impensadas mujeres, que se enfrentaron a la dictadura más feroz de nuestra historia, que sufrieron la represión ellas mismas, que debieron salir de sus hogares sin otro norte que la búsqueda de sus hijos. En medio de la indiferencia, del miedo, de la sospecha insidiosa.


El ser madres se transformó, contra toda previsión de los especialistas en seguridad nacional, y ajena a toda especulación política, en un testimonio inclaudicable que señalaba a los ejecutores de la tragedia. Se elevó a una categoría histórica y política que derribó los límites de las teorías y las doctrinas. La simpleza y radicalidad de su reclamo, eludía cualquier transigencia, y desnudaba la siniestra conjura de las jerarquías del poder.


La larga lucha por los derechos de la mujer como sujeto de ciudadanía, reconoce así un trayecto en el cual siempre, el primer y tal vez más difícil obstáculo, ha sido el de reconocerse.


Aquella dictadura, entonces, dejó instalado un sistema productor de exclusión que transcurrió sin mayores tropiezos hasta Diciembre de 2001. Allí, los fuegos de la rebelión popular plantaron las raíces del proceso político que hoy encabeza nuestro Presidente.


Pero dejó sembrado también, en el seno de las fuerzas de seguridad, un conjunto de metodologías y de reflejos sobre los cuales tuvo muy poca incidencia el proceso de recuperación democrática. Se ha dicho, que esto era de algún modo necesario, que el sostenimiento de un país excluyente requería, de algún modo, de un sistema de contención represiva sobre los emergentes de esa exclusión. Víctor Choque, Aníbal Verón, Teresa Rodríguez, Maximiliano Kosteki, Darío Santillán, son algunas de las pruebas emblemáticas que recusan a ese sistema.


Junto a ellos el de tantos otros, también denunciados, también documentados, y también celebrados por los apologistas de la mano dura solidarios con cualquier golpe que recae sobre los humildes.


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3 refutaciones:

Antares dijo...

Usted haciendo reivindicaciones de género? Ya no se puede creer en nadie...

Sirinivasa dijo...

Oia! Por qué esa artillería? Uno quería quedar homenajear un poco nomás.

De todos modos era cosa de escribidor - fantasma, así que no sé cuán en serio debiera ser tomado ;P

Andrés el Viejo dijo...

Muy bueno. Saludos