·

·

Soja, Papa y peste

_

La información, las noticias, la comunicación, cuando abordan cuestiones de economía suelen pecar de un grado de abstracción elevado, acaso intencional.


Los datos y la información transmiten a quien los consume la sensación de que todo ello ocurre en un mundo estratosférico, un topos uranos muy alejado de las vivencias cotidianas. Por más esfuerzos que hagan para que ‘Doña Rosa’ entienda, las cosas parecen ocurrir en otro lugar. La bolsa sube, los bonos bajan, el riesgo país se multiplica a valores inusitados, recesión, inflación, y así una plétora de categorías que aparecen entremezcladas en una ensalada sazonada con opiniones interesadas y superficiales, sin articulación ni coherencia.


Esa manera de comunicar y dar a entender las cuestiones económicas no es inocente, ni carece de consecuencias.


Lo económico aparece así como un desorden caótico e imprevisible, como un fenómeno de la naturaleza cuya dinámica resulta por completo ajena a la voluntad humana, ajeno a la capacidad de la voluntad humana por controlarlo, por modificarlo, por incidir en su decurso.


El orden económico, aparece como un ‘orden natural’. En donde no hay sujeto, protagonistas, deseos, voluntad, ni poder. El conflicto pareciera suscitarse cuando los gobiernos y las administraciones pretenden influir en él. Y la recomendación reiterada de gurúes y supuestos expertos es dejar que todo siga su curso. Incluso los grandes ‘Planes Económicos’ –cuyos anuncios rimbombantes nos acostumbraron en el pasado a ser la única manera posible y admisible de gestionar el Ministerio de Economía- consistían, en ultima instancia, y bien mirada la cosa, en no hacer nada. Es decir, en facilitar y garantizar el libre curso de ese orden natural, ya que pretender modificarlo fuese tarea utópica y más bien dañina.


Es claro, que pensar lo económico, transmitirlo y comunicarlo de otra manera, contribuiría de suyo a una percepción bien diferente, y hasta quizá opuesta.


Podemos pensar la economía como una realidad producida por sujetos, con protagonistas, en donde están involucrados deseos y pulsiones, en donde hay una desigual contienda de poder, en donde la voluntad sí es parte de ese juego; en definitiva, donde lo económico en sentido estricto es una parte componente de una totalidad mucho más compleja que no se reduce ni explica ‘en última instancia’ por ningún factor aislado.


Existe un riesgo. Pensar lo económico de esa manera, supone dejar de considerarlo como un orden natural que existe más allá de la voluntad de las personas, en cuyo decurso y constitución es imposible –y peligroso- tratar de incidir; supone descubrir que ese presunto orden natural, lejos de imponerse a los deseos y ala voluntad por fuerza de impersonales leyes de funcionamiento imposibles de modificar, es resultado de una distribución del poder, y de su ejercicio conciente, deliberado, planificado.


Pensar lo económico desde esa mirada tiene la notable y riesgosa implicancia de acceder a la conciencia de que esa realidad pueda ser modificada. La alternativa precedente supone la supresión –deliberada a veces- de esta conciencia.


De la adopción de una u otra perspectiva suele depender la vida de pueblos enteros.


De ello hay, y bien nítidos, sobrados ejemplos históricos.


La Irlanda de mediados del siglo XIX era una sociedad agrícola. Su dieta provenía principalmente de la papa. Era su principal cultivo, era la base de la mesa de los Irlandeses, el pilar de su cultura gastronómica y rural.


Un buen día de 1845, apareció una plaga. El Phytophthora infestans, conocido como tizón tardío, era uno de esos hongos que enferman y matan a las plantas. Las cosechas de papa se perdieron en un 40%. La superficie cosechada de papa perforó todos los pisos imaginables. Los stocks almacenados del tubérculos también se pudrieron por efecto de la peste.


Irlanda se encontraba por aquellos tiempos bajo la férula de la Corona Británica. Un dominio colonial, puro y duro.


Y por aquellos tiempos, los tiempos “heroicos” de la acumulación capitalista, en que el capital se encontraba a sus anchas, sin molestas instituciones ni regulaciones que obstaculizaran su ‘natural’ desarrollo, las clases dirigentes de la Gran Bretaña, ante la catástrofe alimentaria, social y demográfica que discurría ante sus ojos, ¿qué es lo que hicieron?


Nada.


No cabía dentro de los marcos ideologicos en que se situaban el hacer algo.


Emprender acciones que fueran en auxilio de los desfavorecidos, los afectados, los empobrecidos, quedaba por completo fuera de las consideraciones de esa clase dirigente, la del Imperio Británico.


Se trataba de librar de ataduras a la inciativa privada, de modo tal que el interés individual de cada uno, orientado a la búsqueda de su propio provecho, redundara en el beneficio y la prosperidad de todos.


La mejor manera de contribuir a la riqueza social, era perseguir libremente la propia riqueza.


El liberalismo en estado puro.


Así pues, dejaron a la libre iniciativa privada la tarea de auxiliar a las víctimas de la catástrofe.


¿Y qué le aconteció, pues, a los Irlandeses?


Decir que murieron como moscas y que los que pudieron, huyeron, quizá suene a fórmula efectista, quizá parezca que se escamotea una mirada más mesurada y equilibrada de la cuestión. De verdad, es poco decir.


Vamos a ver algunos Datos Duros sobre el acontecimiento demográfico en que derivó la catástrofe agrícola. No tienen precedentes ni análogos en la historia de la Europa Occidental contemporánea del suceso.


Pasamos por lo de Angus Maddison, y encontramos que la población de Irlanda previa al colpaso agrícola era de 8 millones y medio de personas.


Al momento de la Independencia de la República, en que los Británicos se apropian y anexionan el Ulster, la población era de 4 millones 300 mil personas.


¿Cómo sucedió semejante catástrofe demográfica, sólo comparable a las “despoblaciones” generadas en América por la conquista española?


La escasez propiamente dicha, resultado de la acción de la plaga, duró hasta 1849.


En los diez años siguientes a la plaga la población cayó 2 millones y medio de personas. Un descenso bruto del 30% de la población, y una tasa de disminución media del 3,5% anual.


Las estimaciones históricas hablan de 500 mil a un millón de muertos.


Luego una sangría secular y continuada de población emigrante.


La población actual de Irlanda es de 4 millones 200 mil personas. La mitad de la población que tenía antes de la catástrofe.




En la agentina, en la campaña 79/80 se sembraron 18,5 millones de hectáreas de los principales cereales, oleaginosas y cultivos industriales tradicionalmente consumidos internamente, excepto soja.


En la campaña 06/07, la superficie sembrada de esos cultivos, se redujo a 15,2 millones de hectáreas.


Una caída del 17,8%.


Sin embargo, entre esos años la superficie cultivada total, esto es incluyendo a la soja, pasó de 20,7 millones de hectáreas a 31,3 millones.


Un incremento del 51,2%.


En la Argentina, la peste que amenaza a la actividad agropecuaria cuya producción forman parte de nuestro consumo se llama soja.


¿Un fenómeno de tal magnitud debiera dejarse librado a las fuerzas del ‘mercado’?


¿Un fenómeno de tal magnitud debiera quedar fuera de las competencias de las políticas públicas?


Peor que en Irlanda, nuestra peste produce una fabulosa renta a una ínfima minoría de la población, violenta, cerril, y corporativa. Los abanderados de la peste.


Mucho puede debatirse sobre matices y detalles de las políticas públicas vigentes de 2003 en adelante. Pero lo que sin duda está puesto en cuestión en la presente coyuntura política, por la oposición mediática, partidaria y patronal es la misma existencia de un esquema regulatorio que administre desde lo público las tendencias ‘naturales’ del mercado.


La responsabilidad de brindar asistencia a la población recayó sobre el gobierno del conservador (Tory) Robert Peel, que compró maíz en los Estados Unidos (en una operación realizada secretamente con la cooperación de Baring Bros.) para disponer de una reserva de alimentos destinada a controlar sus precios, concedió subsidios para complementar lo que pudiera obtenerse de los más pudientes en Irlanda e instauró un programa de obras públicas pagado en un 50% con recursos estatales. Peel también eliminó los impuestos a la importación de granos, en un intento de abaratar el costo de los alimentos. En junio de 1846, el gobierno de Peel fue reemplazado por el del liberal (Whig) John Russell, que adhería más dogmáticamente que aquel a las doctrinas del laissez faire. En consonancia con ello, suspendió todos los subsidios estatales, eliminó la intervención del gobierno en el mercado de alimentos y transfirió la responsabilidad de la ayuda a la iniciativa privada. El peso económico de la asistencia se hizo recaer en los terratenientes, razonando que estos debían ser los primeros interesados en evitar la muerte de los campesinos, pues de ellos dependía su prosperidad. (fuente)


He sentido cierto horror hacia los economistas políticos desde que escuché a uno de ellos decir que temía que la hambruna de Irlanda en 1848 mataría tan sólo a un millón de personas, cantidad insuficiente para producir efectos beneficiosos.Benjamin Jowet, sobre lo afirmado por Nassau Senior, asesor económico del gobierno británico


Postdata: Mientras escribíamos esto, encontramos gugleando por aquí y por allí, una referencia de unos agrónomos que abordaron un análisis comparativo en la línea de lo aquí expuesto.


13 refutaciones:

Fede M dijo...

Excelente!!!! clap, clap, clap...

Anónimo dijo...

muy bueno muy bueno!!

bravo! compañero!

yo ya quiero mi banner pro sirinivasa!

marcos, rosario.

Natalio Ruiz dijo...

La planificación (prefiero los términos estrategia a mediano plazo o modelo de país) es desable en cuanto se haga bien. Si se hace mal, es preferible "no hacer nada".

Por ejemplo:The Holodomor (translation: death by starvation) refers to the famine of 1932–1933 in the Ukrainian SSR during which millions of people were starved to death because of the Soviet policies that forced farmers into collective farms. The Holodomor is considered one of the greatest national calamities to affect the Ukrainian nation in modern history. Millions of inhabitants of Ukraine died of starvation in an unprecedented peacetime catastrophe. Estimates on the total number of casualties within Soviet Ukraine range mostly from 2.6 million to 10 million.Saludos,

Cosas que Pasan - Supuestos y algo másDato curioso, de esa hambruna de Irlanda surge el supuesto ejemplo del Bien Giffen:

Potatoes during the Irish Great Famine were long believed to be the only example of a Giffen good. But this theory was debunked by Gerald P. Dwyer and Cotton M. Lindsey in their 1984 article Robert Giffen and the Irish Potato, where they showed the contradicting nature of the Giffen "legend" with respect to historical evidence.

The Giffen nature of the Irish potato was also later discredited by Sherwin Rosen of the University of Chicago in his 1999 paper Potato Paradoxes. Rosen showed that the phenomenon could be explained by a normal demand model.

Daniel San Cristobal dijo...

Muy bueno. Restaría que retomemos ese concepto en la universidad. Tarea dificil si las hay

Andrés el Viejo dijo...

Sirinivasa: decir excelente sería una pedantería. Con más modestia, me quito el sombrero.
Natalio Ruiz: se pueden hacer muchas y muy severas críticas acerca de la planificación tal como se practicó en la URSS desde mediados de los años 20. Pero la atroz hmabruna de Ucrania no fue un defecto de la planificación. Fue un intento deliberado y demasiado efectivo de disciplinar al pueblo ucraniano, que tuvo su primer paso en la destrucción del Partido Comunista de Ucrania y siguió con la creación de una escasez artificial de alimentos. No hubo un problema económico, sino una política conciente. Cárguele la responsabilidad a Stalin, su camarilla y colaboradores como Jrushov, pero deje a la planificación tranquila.
Saludos

Natalio Ruiz dijo...

Andrés

Creo que no me entendió. No estoy diciendo que el Estado no debe intervenir. Estoy convencido de que debe hacerlo. Uno puede discutir la manera y hasta dónde, pero creo que la mayoría está de acuerdo en que es necesario. Si no ni deberíamos tener Banco Central o Ministerio de Economía.

El opuesto extremo a la "planificación" no es sólo el laissez faire, sino también la improvisación total.

Con respecto a lo de Ucrania, en parte es cierto, pero hay casos que se repiten. En ese mismo período murió el 40% de la población de Kazakstán por la misma razón. Y en cuanto a aleccionar, ¿no es lo mismo que pasó acá? ¿O no se cerraron las exportaciones de carne a Europa para "aleccionar" al campo durante el conflicto del año pasado? (se ve claro en esa famosa discusión entre Lousteau y Moreno donde hace su famoso gesto con la mano).

Resumiendo, no estoy en contra de la planificación. Sí puedo no estar del todo de acuerdo con el cuánto pero más que nada con el cómo. Además, mi comentario apuntaba a una parte del post, no a todo.


Dicho sea de paso, que caiga la superficie sembrada no significa necesariamente que caiga la producción, dado que los rindes han aumentado.

Hoy no es rentable producir trigo o maíz, al menos no comparado con la soja. Por eso es que cae la superficie sembrada en este último par de años. Si uno realmente quisiese que se produjese más trigo, como ya he dicho, se deberían eliminar las retenciones a ese cereal, para que el precio percibido al productor aumente. Esto tendría prácticamente un costo fiscal nulo, dado que prácticamente no se va a exportar trigo este año y es probable que este año se tenga que importar (no digo que vaya a pasar, simplemente digo que es probable ver http://elhombrecitodelsombrerogris.blogspot.com/2009/02/la-situacion-del-campo.html y http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=456756).

Saludos a todos,

Cosas que Pasan - Supuestos y algo más

Andrés el Viejo dijo...

Natalio Ruiz: es evidente que, comprendiendo como comprendo sus argumentos, tenemos puntos de partida son incompatibles. Para mí hay una diferencia abismal entre una intervención criminal del Estado para condenar a muerte por hambre a poblaciones enteras para disciplinarlas y la intervención del Estado para disciplinar a empresarios que, por evidentes razones de rentabilidad, prefieren mandar la comida afuera o producir cualquier cosa que no sea comida para el mercado interno.
La mejor o peor calidad de las medidas que se tomen en ese sentido es materia discutible. Pero el objetivo básico, en mi opinión, no lo es. Me encontrará siempre dispuesto a discutir pacíficamente alternativas válidas, pero la prioridad de la alimentación de la población argentina no es para mí tema de discusión.
Saludos

Mariano T. dijo...

La analogía es extremadamente forzada.
Primero desde el punto de vista estructural, la anomalía era que la alimentación de un país dependía de un solo cultivo, encima antes de la invención de los fungicidas (espero que no prohiban nunca el mancozeb, que es lo que mantiene a raya el tizón).
La soja es un cultivo de exportación, por lo tanto perder una cosecha significaría hambruna de divisas, serias dificultades en el interior y en el capital de trabajo de los agricultores, pero no una hambruna.
Desde el punto de vista biológico podemos decir que tampoco el caso es análogo, Irlanda es un pañuelo, en cambio la Argentina es muy grande, y nunca un año es idéntico en clima en todas las regiones, encima la agronomía tiene unas cuantas herramientas preventivas y curativas más que hace 150 años.
En cuanto a la planificación, creo que no es real que el trigo y maíz sean necesariamente menos rentables y disminuyan por eso, sino que la intervención de los mercados de los últimos 3 años es lo que los reventó, porque de hecho la producción no había bajado hasta entonces pese al aumento de la soja.
Para intervenir los mercados hacen falta buenas intenciones(ver caso Stalin) e idoneidad, cualidades escasas en esta administración.
No tengo dudas de que en el sector la cantidad de gente favorable a la intervención estatal ha decrecido sustancialmente estos tres años, al mostrar estos instrumentos su peor cara.

Mariano T. dijo...

Andrés: La alimentación de la población argentina es lo que se esta poniendo en riesgo con todas las medidas de los últimos tres años.
Hoy la ecuación es : Mercado intervenido=menores precios=falta de posibilidad de coberturas a futuro=ganancia desmedida de intermediarios e industrializadores=imposibilidad de planificar (paradoja)
Todo lo contrario de la situación previa.
Hoy el mercado más libre es la soja, donde los descripto previamente esta más atenuado, y los resultados estarán y seguirán estando a la vista.
Si el año que viene el trigo y la carne no alcanzan, lo que sería un hito histórico, todos sabremso a que atribuirlo.

Germán Pablo Cardoso dijo...

Pensar que la papa es originaria de América, ahora vienen por nuestros recursos naturales (Gas, petròleo, agua, y tierra, porque la soja transgénica y el glifosfato van a desertificar nuestras tierras). El Holodomor fue lisa y llanamente un genocidio, se exterminó a los mismos campesinos que producían la papa, ellos no la podían comer, los mataron de hambre, esto no es comparable con el papel del Estado, si interviene o no.

El Poeta Maldito de Flores dijo...

Hace no mucho tiempo "descubri" (SIC) el blog, y hace menos tiempo, "descubrí" el GoogleReader y me suscribi. Creo que este post es tremendamente bueno, y vale la "suscripción".

Los felicito,

El Poeta Maldito de Flores

Natalio Ruiz dijo...

Andrés

Creo que dió en el clavo. Estamos partiendo de lugares diferentes, por lo que nos va a ser difícil discutir.

Admito que los ejemplos que di son extremos. Estoy de acuerdo en que la alimentación argentina no se discute, pero creo que no es eso lo que se ha estado discutiendo últimamente.

Siempre un gusto poder hablar en buenos términos.

Saludos,

Cosas que Pasan - Supuestos y algo más

Mariano T. dijo...

Estoy preparando un post sobre porquéel año que vienepuede faltar trigo y carne, y porque el problema es la política y no la soja.