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34 fusilados (también son Datos Duros)

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Muertos durante la insurrección
  • Blass Closs, soldado conscripto del Regimiento 7, aspirante a oficial de reserva
  • Bernardino Rodríguez, infante de marina
  • Rafael Fernández, inspector de la Policía de la Provincia
Muertos por la represión
  • Ramón Raúl Videla
  • Carlos Irigoyen
  • Rolando Zaneta
  • Miguel Angel Mouriño
Fusilados por el gobierno de Aramburu después de haber cesado la rebelión
  • Teniente Coronel José Albino Irigoyen
  • Capitán Jorge Miguel Costales
  • Dante Hipólito Lugo
  • Clemente Braulio Ross
  • Norberto Ross
  • Osvaldo Alberto Albedro
(Ejecutados en Lanús el 10-6-56)
  • Carlos Alberto Lizaso
  • Nicolás Carranza
  • Francisco Garibotti
  • Mario Brion
  • Vicente Rodríguez
(Ejecutados en José León Suárez el 10-6-56)
  • Coronel Eduardo Alcibíades Cortines
  • Coronel Ricardo Santiago Ibazeta
  • Capitán Néstor Dardo Cano
  • Capitán Eloy Luis Caro
  • Teniente de banda Néstor Marcelo Videla
  • Teniente 1º Jorge Leopoldo Noriega
(Ejecutados en Campo de Mayo el 11-6-56)
  • Sargento Hugo Eladio Quiroga
  • Suboficial principal Miguel Angel Paolini
  • Suboficial principal Ernesto Garecca
  • Cabo músico José Miguel Rodríguez
(Ejecutados en la Escuela de Mecánica del Ejército el 11-6-56)
  • Sargento músico Luciano Isaías Rojas
  • Sargento ayudante Isauro Costa
  • Sargento carpintero Luis Pugnetti
(Ejecutados en la Penitenciaria Nacional el 11-6-56)
  • Teniente Coronel Oscar Lorenzo Cogorno
(Ejecutado en La Plata el 11-6-56)
  • General de División Juan José Valle
(Ejecutado en la Penitenciaria Nacional el 12-6-56)
  • Subteniente de Res. Alberto Juan Abadie
(Ejecutado en La Plata en 12-6-56)

***

Carta a su esposa

Querida mía:

Con más sangre se ahogan los gritos de libertad. He sacrificado toda mi vida para el país y el ejército, y hoy la cierran con una alevosa injusticia.

Sé serena y fuerte. Dios te ayudará y yo desde el más allá seguiré velando por ustedes. No te avergüences nunca de la muerte de tu esposo, pues la causa por la que he luchado es la más humana y justa: la del Pueblo de mi Patria.

Cuida mucha a Susanita, y que después de este amargo trance encuentren resignación y mucha felicidad. Tenemos muy buenos amigos; confía en ellos, yo les he pedido que te ayuden.

Muchas cosas tendría que decirte pero las sintetizo en una sola; me has hecho muy feliz y por ello me voy de la vida con esa serenidad que me has sabido inspirar siempre. Despídeme de todos: de tu mamá que tan buena ha sido conmigo. Te deseo mucha resignación. Sé fuerte y continúa la vida con mi recuerdo y con la frente alta, pues de nada debemos avergonzarnos.

Hoy se difama la honra y el honor; pero yo he procedido siempre con integridad. Solo pienso, que no terminamos nuestra obra en común: la felicidad de nuestra querida hija. A ti te queda el hacerlo. Sé fuerte para ello. Y por eso debes hacer frente a la vida con entereza y mucha confianza en tus fuerzas, que las sé muchas.

No me dan tiempo ni siquiera a despedirme de ti con un gran beso. Aquí te lo envío. Pongo en él mi corazón, que ha sido siempre de mi mujercita querida. En los últimos momentos no quiero tener amargura con los hombres que se olvidan de todo lo que es humano.

Mi viejita, perdóname este final de nuestra vida. Pido a Dios que te reconforte pronto para seguir luchando por nuestra hija y por vos misma. Un tropel de emocionadas palabras son las de mi despedida definitiva. Que Dios te proteja y en la resignación encuentres alivio a esta tortura. Besos y besos de tu Juanjo. Adiós mi amor.

Juan José

***

Al General Aramburu

Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado.

Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido.

Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta.

Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.

Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus victimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.

La palabra "monstruos" brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.

Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las Instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos. Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95 de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.

Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.

Como cristiano me presento ante Dios que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conocerá un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias es sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria.

Juan José Valle
General de la Nación

Buenos Aires, 12 de junio de 1956.-

6 refutaciones:

Anónimo dijo...

Simplemente adhiero al homenaje Siri.

Marcelo.

oti dijo...

El objetivo fue la "desperonización" del ejército. No es muy conocida la historia de las purgas internas que hubo de suboficiales.

Durante el gob. del General, se había cambiado el reglmento y se permitió a los suboficiales (generalmente de extracción humilde) ingresar al colegio militar para iniciar estudios superiores con aspiración a la oficialidad. Es muy poco conocida toda esta historia que significó una revolución al interior del ejército.

Sobre el tema del levantamiento de Valle, el General no estuvo de acuerdo (él sí conocía la perversidad de los fusiladores).

El objetivo era profundizar una purga mayúscula al interior del ejército.

El general Valle, aunque se equivocó, era un hombre valioso entre las filas del ejército.

Ojalá la mayoría de los generales hubieran sido como él. Otra hubiera sido la historia de nuestras FF.AA.

Verboamérica dijo...

Oportuno homenaje.

Gerardo Fernández dijo...

Siempre me conmueve el general Valle.
saludos

Anónimo dijo...

Mi pequeño homenaje al 9 de Junio

www.mentepolitica.wordpress.com/2009/06/09/229/

un abrazo peronista a todos.

Marcos, rosario.

PeSeis XXI dijo...

"...a pesar de las bombas,
de los fusilamientos,
los compañeros presos,
los desaparecidos...
¡No nos han vencido!..."