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"Viento de cola" y performance exportadora comparada

Participación de los primeros 10 productos exportados sobre el total exportado


Leemos

Pero el dato más saliente y que lo diferencia del resto de los países analizados, es el comportamiento de la composición de las exportaciones. Cualquiera podría augurar que motivo del incremento de los precios de los alimentos tanto las exportaciones de bienes primarios como las manufacturas que tienen origen agropecuario son las de mayor crecimiento dentro del total. Sin embargo, y a pesar de tener un crecimiento en valor nada despreciable del 212% y del 182% respectivamente, las manufacturas de origen industrial son las de mayor crecimiento alcanzando el 260%.

Esto no sería nada si no fuera porque el precio de las manufacturas de origen industrial fue el que menos creció de todos los grandes rubros: mientras los precios de los bienes primarios crecieron un 110% los de las manufacturas de origen agropecuario 115% y los de la energía y combustibles un 272%, las manufacturas de origen industrial incrementaron su precio tan solo un 50%.

El extraordinario comportamiento de las exportaciones de origen industrial se debe, entonces, al incremento en las cantidades exportadas, siendo dentro de los grandes rubros el de mayor incremento, 140%.

Merced a este comportamiento, las manufacturas son en la actualidad las de mayor participación porcentual en el total exportado alcanzando el 34,4% en 2011 cuando en 2003 las mismas eran del 27%. Las exportaciones de productos primarios crecen en dicho período 3 puntos porcentuales mientras que las manufacturas de origen agropecuarios mantienen su participación.

Esto quiere decir, que contrariamente a los que sucediera con el resto de los “tigres” analizados, el viento de cola no significó una intensificación de la primarización sino más bien de una moderada diversificación. Incluso, puede apreciarse esa conclusión observando el porcentaje que acumulan los primeros 10 productos exportados de los cuatro países: mientras Argentina mantiene entre ambos extremos alrededor del 53%, el resto de los países analizados concentran más sus exportaciones en los primeros 10 productos exportados.


Para leer el informe completo, en la Revista Entrelíneas del Ciepyc, click ACA.

Stop fuga



En el cuadro que ilustra el post podemos apreciar la evolución que tuvo la formación de activos externos -dizque 'fuga'- en los últimos seis años, y el brusco frenazo que observó a lo largo de éste año, medido entre Enero y Septiembre.

Por añadidura, el informe de marras concluye

Perspectivas 2013

  • El 2012 termina con el último trimestre mejor que el anterior, finalizando el año en torno al 3.4%, según lo estimado en el presupuesto nacional.

  • El Presupuesto Nacional 2013 proyecta un crecimiento del 4.4%, teniendo en cuenta que no está despejado el escenario internacional. Los motores internos serán los que nuevamente impulsen la economía argentina.

  • Es imprescindible que continúen y maduren medidas como las adoptadas durante 2012, para fortalecer la inversión (YPF, Reforma carta orgánica del BCRA, ley mercado de capitales, programa vivienda PROCREAR y Créditos Bicentenario).


Informe completo, intitulado Análisis de Coyuntura Económica Nacional e Internacional, de la Universidad Nacional de Moreno, click ACA.

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Variables categóricas & Escalas ordinales



Fuente: el recomendabilísimo blog La pulga snob

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Correlación & causalidad [humor]



Pensando en lecturas facilonguistas sobre correlaciones.

Fuente: la genial web XKCD.

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Pobreza en LATAM (y la pobreza de los prestigiosos desprestigiadores)


población bajo la línea de pobreza - países para los cuales hay datos de 2011


Según el Panorama Social de América Latina, reporte anual que difunde la CEPAL, Argentina -nuestro país- es de América Latina, el que menor pobreza registra: 5,7% de la población.

Según el INDEC, en cambio, en 2011 se encontraba en la pobreza entre el 8,3 y el 6,5% de la población.

Ahora van a decir, en vez de que "miente", que "el INDEC reconoce mayor pobreza..." y bla bla bla bla.

Saludos para todos, ayer este blog cumplió nada menos que cinco años

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#8N y la constelación de Orión



En el diagrama que ilustra el post vemos la constelación de Orión, tal como se ve en apariencia desde nuestro planeta -como si sus estrellas estuvieran sobre un mismo plano y a la misma distancia- y cuál es la posición y distancia real de las mismas.

Las estrellas aparentan configurar un dibujo, una forma.

Esa forma, esa alineación, es aparente, porque no alcanzamos a percibir su posición en profundidad.

Las vemos como los antiguos creían, que las estrellas –fijas- tachonaban un cielo esférico, incorrupto e inamovible.

Pero esas estrellas, en el espacio, no tienen ninguna ligazón física.

Es sólo nuestro punto de vista, sin percepción de profundidad, el que las percibe en un mismo plano.

Son nuestra subjetividad, leyendas y fantasías, quienes le otorgan a esa configuración aparente un significado mítico, la entidad Orión.

Percibir en un mismo plano objetos que están en diferentes posiciones respecto del observador.

Limitarse a una visión sin profundidad, menesterosa de instrumentos para determinar la espacialidad de la configuración aparente.

Introducir fantasías y leyendas para otorgarle un significado a esa configuración.

Creer que esos objetos, tal configurados, tienen un nexo, una ligazón que los une.


Al fin y al cabo, también, Orión fue una meada de los dioses.

Ilustración del genial Don Dixon

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#8N lecciones para opositores

Hace mucho, casi al inicio de la vida de este blog, citábamos a un insigne pensador ácrata:

Simple, como todos los fenómenos de la naturaleza, elemental, como el hambre o el deseo sexual, esta fuerza tiene como motor primario, como impulso original, el instinto de conservación de la especie, la necesidad de subsistencia, el aguijón del interés material1. Los trabajadores se movilizan, abandonan la pasividad, la rutina y el automatismo del gesto cotidiano, dejan de ser moléculas aisladas y se sueldan con sus compañeros de trabajo y de alienación, no porque un “conductor” los incite a ello, tampoco, lo más a menudo, porque un pensamiento consciente los despierte y fanatice, sino, simplemente, porque la necesidad los empuja a asegurar o a mejorar sus medios de subsistencia y, si éstas han alcanzado ya un nivel más alto, a reconquistar su dignidad de hombres.

Este movimiento existe permanentemente, en estado latente, subterráneo. La clase explotada no deja en ningún momento de ejercer una relativa presión sobre sus explotadores para arrancarles, en primer lugar, una ración menos mezquina, y luego un mínimo de respeto. Pero, en los períodos de baja, esa presión es sorda, invisible, heterogénea. Se manifiesta en débiles reacciones individuales o de pequeños grupos aislados. El movimiento de masas se halla atomizado, replegado sobre sí mismo.

Sin embargo, en ciertas circunstancias ocurre que reaparece bruscamente en la superficie, se manifiesta como una enorme fuerza colectiva homogénea, ocurre que estalla. El exceso de miseria o de humillante opresión, no sólo económica, sino también política, provoca en cada una de sus víctimas un grito tan alto que todas las víctimas se sienten gritando juntas –a veces, por otra parte, uno o dos gritos se adelantan a los otros, aun en el más espontáneo de los movimientos. Como decía un obrero: “Siempre hay alguien que comienza la espontaneidad”–; y la unanimidad de ese grito les da confianza en sí mismos; y su protesta se convierte en un alud, el contagio revolucionario se extiende al conjunto de la clase.

Lo que confiere su particularidad al movimiento de masas es el carácter concreto, pero limitado, de sus objetivos. Inconsciente, al menos en sus comienzos, difiere por su naturaleza de las acciones de los grupos políticos conscientes, o pretendidos tales. Puede, en ciertas circunstancias, proyectar su impulso a través de un partido, pero aún así no se produce una verdadera fusión. El movimiento de masas continúa obedeciendo a sus propias leyes, persiguiendo sus fines particulares, como el Ródano, que luego de verter sus aguas en el lago Leman prosigue su propio curso. La disparidad entre los móviles de la acción de las masas y aquellos de los partidos políticos es el origen de toda suerte de errores y desencuentros, de tácticas y diagnósticos falsos.

En una revolución existen dos clases de fuerzas que pueden marchar juntas y aun asociarse, pero que no son de la misma naturaleza y no se expresan en el mismo lenguaje. Toda revolución parte de un equívoco, unos se ponen en camino hacia objetivos puramente políticos –en la Rusia de 1905 y 1917, por ejemplo, contra el despotismo zarista–, los otros se lanzan a la lucha por motivos bastante diferentes: en la ciudad, contra la carestía de la vida, los bajos salarios, los impuestos, incluso el hambre; en el campo, contra la servidumbre y los cánones feudales, etc. Puede ocurrir que los segundos, por una natural asociación de ideas, adopten momentáneamente la terminología de los primeros, les presten sus brazos y viertan su sangre por ellos. Pero no por eso el movimiento de masas deja de seguir su propio camino. Como ha hecho con ellos una parte del camino, los políticos se imaginan que el movimiento de masas estará eternamente a su disposición como un perro amaestrado, que podrán llevarlo a donde ellos quieran, hacerle aceptar lo que a ellos les convenga, aplacar su hambre o dejarlo hambriento, hacerlo avanzar, retroceder y volver a avanzar conforme con sus cálculos, utilizarlo, llevarlo a una vía muerta y sacarlo luego de ella para volver a utilizarlo. El movimiento de masas no siempre se presta para semejante gimnasia. Una vez puesto en marcha no permanece fiel si no se le es fiel, si no se avanza siempre con él, ininterrumpidamente y en la dirección que su instinto de conservación le indica.

La asociación de ideas que hace aceptar a las masas el lenguaje de los políticos es frágil. Muy poco hace falta para romperla, para anular el circunstancial acuerdo: a veces una simple pausa en la marcha que, aun si es estratégicamente hábil, puede quebrar el impulso de las masas. Tal político, que la víspera, con un gesto, una palabra, ponía en pie a cien mil hombres, al día siguiente gesticula en el vacío, sin que nadie le responda. Puede desgañitarse, la asociación de ideas ya no funciona, la confianza ya no existe, el milagro no se produce más. Decepcionado, el movimiento de masas jura que no lo volverán a estafar, se repliega sobre sí mismo, ya no está a la disposición de nadie.

Daniel Guérin
Rosa Luxemburg y la espontaneidad revolucionaria

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Delito y transferencias de ingresos


Sí, hay impacto, gente pestrigiosa de Colombia al menos dice eso, según se lee en el blog Foco Económico.

El post: Un Efecto Inesperado de las Transferencias Condicionadas: reducciones en la tasa de crimen

Y ante todo debemos señalar humildemente que, una vez más, y en lo que hace a la Argentina fue primicia de [D&D], ver Post1 y Post2.
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Perspectiva Marxista sobre el mercado de capitales



"...Muy pronto un negocio mucho más atractivo que el teatral atrajo mi atención y la del país. Era un asuntito llamado mercado de valores. Lo conocí por primera vez hacia 1926. Constituyó una sorpresa muy agradable descubrir que era un negociante muy astuto. O por lo menos eso parecía, porque todo lo que compraba aumentaba de valor. No tenía asesor financiero ¿Quién lo necesitaba? Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del enorme tablero mural y la acción que acababas de comprar empezaba inmediatamente a subir. Nunca obtuve beneficios. Parecía absurdo vender una acción a treinta cuando se sabía que dentro del año doblaría o triplicaría su valor.

Mi sueldo semanal era de unos dos mil, pero esto era una ganga en comparación con la pasta que ganaba teóricamente en Wall Street. Disfrutaba trabajando en la revista pero el salario me interesaba muy poco. Aceptaba de todo el mundo confidencias sobre el mercado de valores. Ahora cuesta creerlo pero incidentes como el que sigue eran corrientes en aquellos días.

Subí a un ascensor del hotel Copley Plaza, en Boston. El ascensorista me reconoció y dijo: - Hace un ratito han subido dos individuos, señor Marx, ¿sabe? Peces gordos, de verdad. Vestían americanas cruzadas y llevaban claveles en las solapas. Hablaban del mercado de valores y, créame, amigo, tenían aspecto de saber lo que decían. No se han figurado que yo estaba escuchándoles, pero cuando manejo el ascensor siempre tengo el oído atento. ¡No voy a pasarme toda la vida haciendo subir y bajar uno de estos cajones! El caso es que oí que uno de los individuos decía al otro: "Ponga todo el dinero que pueda obtener en United Corporation" […]

Le di cinco dólares y corrí hacia la habitación de Harpo. Le informé inmediatamente acerca de esta mina de oro en potencia con que me había tropezado en el ascensor. Harpo acababa de desayunar y todavía iba en bata. -En el vestíbulo de este hotel están las oficinas de un agente de Bolsa -dijo-. Espera a que me vista y correremos a comprar estas acciones antes de que se esparza la noticia. -Harpo -dije-, ¿estás loco? ¡Si esperamos hasta que te hayas vestido, estas acciones pueden subir diez enteros! De modo que con mis ropas de calle y Harpo con su bata, corrimos hacia el vestíbulo, entramos en el despacho del agente y en un santiamén compramos acciones de United Corporation por valor de ciento sesenta mil dólares, con una garantía del veinticinco por ciento. Para los pocos afortunados que no se arruinaron en 1929 y que no estén familiarizados con Wall Street, permítanme explicar lo que significa esa garantía del veinticinco por ciento. Por ejemplo, si uno compraba ochenta mil dólares de acciones, sólo tenía que pagar en efectivo veinte mil. El resto se le quedaba a deber al agente. Era como robar dinero.

El mercado siguió subiendo y subiendo. Cuando estábamos de gira, Max Gordon, el productor teatral, solía ponerme una conferencia telefónica cada mañana desde Nueva York, sólo para informarme de la cotización del mercado y de sus predicciones para el día. Dichos augurios nunca variaban. Siempre eran "arriba, arriba, arriba". Hasta entonces yo no había imaginado que uno pudiera hacerse rico sin trabajar. Max me llamó una mañana y me aconsejó que comprara unos valores llamados Auburn. Eran de una compañía de automóviles, ahora inexistente. -Marx -dijo- es una gran oportunidad. Pegará más saltos que un canguro. Cómpralo ahora, antes de que sea demasiado tarde. Luego añadió: -¿Por qué no abandonas el teatro y olvidas esos miserables dos mil semanales que ganas? Son una ganga. Tal como manejas tus finanzas, aseguraría que puedes ganar más dinero en una hora, instalado en el despacho de un agente de valores, que los que puedes obtener haciendo ocho representaciones semanales en Broadway. -Max -contesté-, no hay duda de que tu connsejo es sensacional. Pero al fin y al cabo tengo ciertas obligaciones con Kaufman, Ryskind, Irving Berlin y con mi productor Sam Harris. Los que por entonces no sabía era que Kaufman, Ruskind, Berlin y Harris también compraban a crédito y que, finalmente, iban a ser aniquilados por sus asesores financieros. Sin embargo, por consejo de Max, llamé inmediatamente a mi agente y le instruí para que me comprara quinientas acciones de la Auburn Motor Company.

Pocas semanas más tarde, me encontraba paseando por los terrenos de un club de campo, con el señor Gordon […] El día anterior, las Auburn habían pegado un salto de treinta y ocho enteros. Me volví hacia mi compañero de golf y dije: -Max, ¿cuanto tiempo durará esto? Max repuso, utilizando una frase de Al Jolson. -Hermano, ¡todavía no has visto nada!

Lo más sorprendente del mercado, en 1929, era que nadie vendía una sola acción. La gente compraba sin cesar. Un día, con cierta timidez, hablé a mi agente acerca de este fenómeno especulativo.

- No sé gran cosa sobre Wall Street - empecé a decir en son de disculpa- pero, ¿qué es lo que hace que esas acciones sigan ascendiendo? ¿No debiera haber alguna relación entre las ganancias de una compañía, sus dividendos y el precio de venta de sus acciones?

Por encima de mi cabeza, miró a una nueva víctima que acababa de entrar en su despacho y dijo:

- Señor Marx, tiene mucho que aprender acerca del mercado de valores. Lo que usted no sabe respecto a las acciones serviría para llenar un libro.

- Oiga, buen hombre -repliqué-. He venido aquí en busca de consejo. Si no sabe usted hablar con cortesía, hay otros que tendrán mucho gusto en encargarse de mis asuntos. Y ahora ¿qué estaba usted diciendo?

Adecuadamente castigado y amansado, respondió:

- Señor Marx, tal vez no se dé cuenta, pero éste ha cesado de ser un mercado nacional. Ahora somos un mercado mundial. Recibimos órdenes de compra de todos los países de Europa, de América del Sur e incluso de Oriente. Esta mañana hemos recibido de la India un encargo para comprar mil acciones de Tuberías Crane.

Con cierto cansancio pregunté: -¿Cree que es una buena compra?

-No hay otra mejor -me contestó-. Si hay algo que todos hemos de usar son las tuberías. (Se me ocurrieron otras cuantas cosas más, pero no estaba seguro de que apareciesen en las listas de cotizaciones.)

-Eso es ridículo -dije-. Tengo varios amigos pieles rojas en Dakota del Sur y no utilizan las tuberías. Solté una carcajada para celebrar mi salida, pero él permaneció muy serio, de modo que proseguí. ¿Dice usted que desde la India le envían órdenes de compra de Tuberías Crane? Si en la lejana India piden tuberías, deben de saber algo sensacional. Apúnteme para doscientas acciones; no, mejor aún, que sean trescientas.

Mientras el mercado seguía ascendiendo hacia el firmamento, empecé a sentirme cada vez más nervioso. El poco juicio que tenía me aconsejaba vender, pero, al igual que todos los demás primos, era avaricioso. Lamentaba desprenderme de cualquier acción, pues estaba seguro de que iba doblar su valor en pocos meses.

En los periódicos actuales leo con frecuencia artículos relativos a espectadores que se quejan de haber pagado hasta un centenar de dólares por dos entradas para ver My Fair Lady (Personalmente opino que vale esos dólares.) Bueno, una vez pague treinta y ocho mil por ver a Eddie Cantor en el Palace […] Cantor era vecino mío en Great Neek. Como era viejo amigo suyo cuando terminó la representación fue a verle en su camerino. […]

- Encanto -prosiguió Cantor-, ¿qué te ha parecido mi espectáculo?

Miré hacia atrás, suponiendo que habría entrado alguna muchacha. Desdichadamente no era así, y comprendí que se dirigía a mí.

- Eddie, cariño - contesté con entusiasmo verdadero-, ¡has estado soberbio!

Me disponía a lanzarle unos cuantos piropos más cuando me miró afectuosamente con aquellos ojos grandes y brillantes, apoyó las manos en mis hombros y dijo:

-Precioso, ¿tienes algunas Goldman Sachs?

- Dulzura -respondí (a este juego pueden jugar dos)-, no sólo no tengo ninguna, sino que nunca he oído hablar de ellas ¿Qué es Goldman Sachs? ¿Una marca de harinas?

Me cogió por ambas solapas y me atrajo hacia mí. Por un momento pensé que iba a besarme.

-¡No me digas que nunca has oído hablar de las Goldman Sachs! -exclamó incrédulamente-. Es la compañía de inversiones más sensacional de todo el mercado de valores.

Luego consultó su reloj y dijo:

-Hoy es demasiado tarde. La Bolsa está ya cerrada. Pero, mañana por la mañana, nene, lo primero que tienes que hacer es coger el sombrero y correr al despacho de tu agente para comprar doscientas acciones de Goldman Sachs. Creo que hoy ha cerrado a 156… ¡y a 156 es un robo!

Luego Eddie me palmoteó una mejilla, yo le palmoteé la suya y nos separamos. ¡Amigo! ¡Qué contento estaba de haber ido a ver a Cantor a su camerino! Figúrese, si no llego a ir aquella tarde al Teatro Palace, no hubiese tenido aquella confidencia. A la mañana siguiente, antes del desayuno, corrí al despacho del agente en el momento en que se abría la Bolsa. Aflojé el veinticinco por ciento de treinta y ocho mil dólares y me convertí en afortunado propietario de doscientas acciones de la Goldman Sachs, la mejor compañía de inversiones de América.

Entonces empecé a pasarme las mañanas instalado en el despacho de un agente de Bolsa, contemplando un gran cuadro mural lleno de signos que no entendía. A no ser que llegara temprano, ni siquiera me era posible entrar. Muchas de las agencias de Bolsa tenían más público que la mayoría de los teatros de Broadway. Parecía que casi todos mis conocidos se interesaran por el mercado de valores. El fontanero, el carnicero, el panadero, el hombre del hielo, todos anhelantes de hacerse ricos, arrojaban sus mezquinos salarios -y en muchos casos sus ahorros de toda la vida- en Wall Street. Ocasionalmente, el mercado flaqueaba, pero muy pronto se liberaba la resistencia que ofrecían los prudentes y sensatos, y proseguía su continua ascensión.

De vez en cuando algún profeta financiero publicaba un artículo sombrío advirtiendo al público que los precios no guardaban ninguna proporción con los verdaderos valores y recordando que todo lo que sube debe bajar. Pero apenas si nadie prestaba atención a estos conservadores tontos y a sus palabras idiotas de cautela. Incluso Barney Baruch, el Sócrates de Central Park y mago financiero americano, lanzó una llamada de advertencia. No recuerdo su frase exacta, pero venía a ser así: "Cuando el mercado de valores se convierte en noticia de primera página, ha sonado la hora de retirarse."

Un día concreto, el mercado comenzó a vacilar. Unos cuantos de los clientes más nerviosos fueron presos del pánico y empezaron a descargarse. Eso ocurrió hace casi treinta años y no recuerdo las diversas fases de la catástrofe que caía sobre nosotros, pero así como al principio del auge todo el mundo quería comprar, al empezar el pánico todo el mundo quiso vender. Esta era una broma pesada, porque la mayor parte de los accionistas se habían quedado sin dinero, y los agentes empezaron a vender acciones a cualquier precio. Yo fui uno de los afectados. Desdichadamente, todavía me quedaba dinero en el Banco. Para evitar que vendieran mi papel empecé a firmar cheques febrilmente para cubrir las garantías que desaparecían rápidamente.

Luego, un martes espectacular, Wall Street lanzó la toalla y sencillamente se derrumbó. Eso de la toalla es una frase adecuada, porque por entonces todo el país estaba llorando. Algunos de mis conocidos perdieron millones. Yo tuve más suerte. Lo único que perdí fueron doscientos cuarenta mil dólares (o ciento veinte semanas de trabajo, a dos mil por semana). Hubiese perdido más pero era todo el dinero que tenía. El día del hundimiento final, mi amigo, antaño asesor financiero y astuto comerciante, Max Gordon, me telefoneó desde Nueva York. [...] Todo lo que dijo fue: "¡la broma ha terminado!" Antes de que yo pudiese contestar el teléfono se había quedado mudo... se suicidó.

En toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon. En aquellas palabras lo dijo todo. Desde luego, la broma había terminado. Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía. Si mi agente hubiese empezado a vender mis acciones cuando empezaron a tambalearse, hubiese salvado una verdadera fortuna. Pero como no me era posible imaginar que pudiesen bajar más, empecé a pedir prestado dinero del Banco para cubrir las garantías. Las acciones de Cobre Anaconda se fundieron como las nieves del Kilimanjaro (no creas que no he leído a Hemingway), y finalmente se estabilizaron a 2 7/8. La confidencia del ascensorista de Boston respecto a United Corporation se saldó a 3,50. Las habíamos comprado a 60. La función de Cantor en el Palace fue magnífica ¿Goldman-Sachs a 156 dólares? Cuando la máxima depresión del mercado, podía comprárselas a un dólar por acción.

El ir al desahucio financiero no constituyó una pérdida total. A cambio de mis doscientos cuarenta mil dólares obtuve un insomnio galopante, y en mi círculo social el desvelamiento empezó a sustituir al mercado de valores como principal tema de conversación..."

Groucho Marx, en "Groucho y yo"



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Dos modelos tributarios

Hace algún tiempo nos solicitaron una colaboración para una revista, la consigna de la temática era libre, pero "sobre el modelo", como una "composición tema La Vaca", así que nos lo tomamos literalmente en serio y salió este cuentito.

Las 2 Vacas y los 2 Modelos


En los 90’ trabajaba en una oficina, éramos unos cuántos empleados, y estábamos 9 y hasta 10 horas por días en el trabajo. Pasábamos allí casi tanto tiempo –o más- que en el hogar. Bueno, se trataba de que, en todas esas horas pasadas en el trabajo, pudiéramos pasarlo lo más a gusto y sentirnos como en casa. Para eso necesitábamos que, en todo momento, tuviéramos a nuestra inmediata disposición una serie de cosas. Para comprarlas hacíamos la tradicional Vaca. A ver, comprábamos lo que suele haber en cualquier lugar de trabajo, lo básico: yerba, mates y termos; el dispenser con la garrafa de agua, té, café, azúcar y leche en polvo para cuando consumíamos otras infusiones; la cafetera eléctrica, artículos de limpieza para mantener en orden e higiene la mesa en donde iban estas cosas, detergente para lavar las tazas, trapo para limpiar mesa y escritorios; también un día –como en la vaca sobraba dinero- decidimos pedir en un delivery cercano el plato del día para el almuerzo de todos, cosa que se hizo hábito.

Pues bien, todo esto eran gastos comunes, y se solventaban con la Vaca recaudada. Y a pesar de los contratiempos laborales disfrutábamos de tener a nuestra disposición el mate cuando teníamos ganas de tomar, el almuerzo sin tener que –a cada día- andar viendo en qué lugar comprarlo, ni maltratando el estómago con sánguches deplorables. Yo no me bancaba a la secretaria, y el encargado de impresiones estaba peleado a muerte con el Jefe de Compras, pero eso, al fin y al cabo, son habas que se cuecen en todos lados.

Las cosas fueron bien hasta el Día En Que Todo Se Fue A La Mierda (DEQTSFALM). Ese día todo ocurrió junto y de golpe provocando el desconcierto y la ira de todos. El empleado de la empresa distribuidora de los botellones de agua desconectó el dispenser, y se lo llevó junto con todas las garrafas de agua: hacía cinco meses que se le pagaba la mitad de lo que costaba el servicio, de onda nos había ido acreditando el faltante, pero ya no podia seguir proveyendo el servicio casi gratis. La hora del almuerzo vino con otra mala noticia. El delivery no nos iba a traer la comida, ni ése día ni ningún otro, hacía un mes que no le pagábamos. Tampoco ningún delivery de la zona nos iba tomar un pedido si no pagábamos al contado: la voz se había corrido y resulta que teníamos una robusta fama de bicicletear el pago de lo que comprábamos. Para qué seguir… el almacén de la vuelta donde comprábamos yerba y demáses nos había desahuciado de similar manera. Todo mal.

Las discusiones fueron ásperas ¿qué duda cabe? Y la búsqueda de las causas que nos llevaron al DEQTSFALM fueron proveyendo de algunas soluciones a la vez de iluminarnos sobre lo que había sucedido.

El recambio más importante fue el de Lucio por Olivia, el encargado de juntar el dinero mensual y realizar los pagos a los diferentes proveedores de servicios y suministros. A poco las cosas se fueron acomodando. Se fueron saldando las deudas y Olivia, criteriosa e inflexible, definió que todo pago se hiciera al contado, evitando el fiado y la acumulación de deudas. También cambió algunas cosas importantes que antes se habían dado por establecidas. Antes todos poníamos $ 25 por mes para la Vaca. Y claramente eso no alcanzaba, además –fue descubriendo Olivia- habia algunos vivos que se hacían los osos a la hora de pagar, decían “ahí te dejé la plata en la cajita” pero no habían dejado ni minga, o dejaban menos que los $ 25 acordados. Olivia fue cambiando eso. Yo ganaba $800 y un día Olivia me dijo que tenía que poner $ 24. La razón no es que gastábamos menos, sino que desde ahora había que aportar $ 3 por cada $ 100 de sueldo. Entonces Paola, que tenía un sueldo de $ 3.000 –y la muy taimada siempre se escabullía o ponía menos plata, engañando a Lucio- ahora tenía que poner $ 120.

Oivia estableció un sistema contributivo proporcional, nada revolucionario, pero que hacía cumplir, y altamente redistributivo, porque los consumos y servicios que se compraban eran usados por todos los de la oficina, por igual. Así en poco tiempo levantamos los muertos que habían dejado la insolidaridad de algunos y el desmanejo de Lucio. Cambiamos la cafetera eléctrica y compramos un horno microondas. Además del buen almuerzo, los Lunes venían con facturas mañaneras, y para la cena de fin de año, hasta alcanzaba plata para pagar el restaurant donde nos juntamos.

Por cierto el Jefe de Compras se llevaba bastante peor con el encargado de impresiones, y Paola andaba con una cara de culo tremenda. Incluso la quisieron correr a Olivia y poner otro encargado de hacer la Vaca y las compras mensuales, pero una cosa era la organización de la oficina, y otra lo que disponíamos entre todos para nuestro bienestar diario en el trabajo. Yo la re banqué a Olivia, aunque no nos lleváramos muy bien y a veces me molestaba su manera de expresarse, sabía muy bien quién había puesto las cosas en orden y mejorado muy mucho ésas cosas que hacen llevadero y saludable el lugar de trabajo. Sobre todo, no me olvidaba del DEQTSFALM, y cómo, desde Olivia en adelante la Vaca era mucho más grande: ésa diferencia en el tamaño de la Vaca se debía nada menos a que había gente que antes no pagaba, y ahora sí lo hacía.

Le damos la bienvenida...

...tarde, pero seguro, al blog de un viejo amigo de la casa



Le deseamos un feliz despegue y sobrevuelo.
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Instrucciones para el debate político

Estimados visitantes de este polvoriento rincón de la blogoesfera, en estos tiempos de agitación, en que tanto campea la razón de la sinrazón, y la retórica del odio, les dejo de pasada estos elementales pero desoídos criterios para establecer intercambios de opiniones.



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China, y 2000 años de PBI


Nos encontramos por ahi con este bonito cuanto que sintético gráfico que muestra la evolución del PBI de algunos países a lo largo de los últimos dos mil años, lo cual nos impresionó notablemente. Apenas tres siglitos de una larga historia son los que el péndulo de la historia económica parece haber oscilado hacia Occidente. Por cierto, que la soja y los trenes para transportarla a "buen puerto" pueden generar interesante encadenamientos productivos, pero habría que exprimir, sin dudas, la inteligencia nacional, para sacar mejor provecho aún del desplazamiento del péndulo de las últimas decadas. No?
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Ganancias

Leemos en nuestro mail, una comunicación del CIEPYC de La Plata:
Ante el debate sobre el Impuesto a las Ganancias Personas Físicas que procuran instalar algunos actores sociales y medios de comunicación el CIEPyC refuerza la posición al respecto reenviando el último número de la revista Entrelíneas de la política Económica que se centra en un estudio sobre el sistema tributario nacional y sugerencias para su reforma. (...) el CIEPyC aprovecha la oportunidad para consignar que: 1. Ganancias Personas Físicas es el impuesto que más incide en la progresividad de cualquier sistema tributario, incluido el argentino con sus características actuales; 2. En nuestro país cerca del 80% de los asalariados formales no es contribuyente de este impuesto (ver gráfico página 14), a diferencia de lo que ocurre en los países centrales en los cuales más de la mitad de los asalariados están alcanzados por este gravamen. 3. El impuesto a las Ganancias Personas Físicas no es un impuesto al salario. En su base imponible existen otras fuentes de obtención de ingresos (ver Cuadro página 15). 4. Es falso que pueda ocurrir que alguien pueda ver reducido su ingreso de bolsillo ante un aumento de sueldo por la aplicación del impuesto, porque grava con alícuotas que se aplican sobre el margen . El mínimo no imponible (cualquiera fuese) y las tasas marginales o sobre el excedente garantizan la progresividad del impuesto (ver gráfico de tasas efectivas en página 39). 5. El planteo el salario no es ganancia no va más allá de una cuestión semántica. El impuesto a las Ganancias Personas Físicas es un tributo a los ingresos netos. El argumento quedaría sin fundamento con el mero cambio de nombre.
Documento completo ACA.

YPF: Razones plausibles


Leemos en América Economía a Roberto y Andrés Pizarro:

Los caballeros se han convertido en perros rabiosos. Han saltado al cuello de la presidenta Fernández. No es sólo España. Ni Rajoy, ni el rey cazador de elefantes. Es el capital en general, el capitalismo global, la banca, Wall Street, los que no aceptan que se ponga límites al libertinaje en los negocios, a la especulación con los commodities, aún cuando éstos vulneren el desarrollo de los países dónde operan. Han afilado garras y dientes para desafiar el derecho soberano de Argentina a utilizar el petróleo para beneficio de sus habitantes y su proyecto de reindustrialización. Los intereses en juego trascienden España. El interés de los negocios globales se enfrenta al interés nacional. Es el gran dilema, y no sólo se refiere a Argentina, sino a América Latina.

Ello explica que el gobierno español realice declaraciones destempladas contra la expropiación del 51% de YPF. No es sólo la protección de la empresa Repsol, sino también de la mexicana Pemex, de las norteamericanas JP Morgan, Merryl Linch y el Bank of America, así como de Barclay y de otros inversionistas ingleses. Todas ellas propietarias del paquete accionario de YPF. Es que el presidente Rajoy se ha puesto al frente de todos los inversionistas que maximizan ganancias a nivel global. Pero ello en Argentina entra en contradicción con el camino de reindustrialización impulsado por el gobierno peronista, que además se ha comprometido asegurar la producción de petróleo y gas para los habitantes de su país. Y este es el centro de la cuestión.

La nota completa ACA
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Locas repercusiones

Leemos:


saludamos las recientes medidas anunciadas por el Gobierno Nacional respecto a la expropiación de YPF, porque consideramos que son medidas de recuperación de soberanía. Porque consideramos que esto nos para como pueblo en otro lugar para avanzar en la definitiva soberanía energética en nuestra Patria, hacia el control soberano de los recursos hidrocarburíferos. Porque nos pone en mejores condiciones para seguir discutiendo y peleando por la soberanía de nuestros bienes comunes.

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Apoyamos la medida porque es una política de estado, una bandera del pueblo y que puede ponernos en sintonía con el nuevo tiempo nuestroamericano. Porque es una medida que no comienza ni termina con un decreto, sino que es fruto de una larga lucha.

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también es un desafío para adelante. Porque debemos ir por más, porque se puede ir por más. Ahí está, como preocupación política y traba para recuperar soberanía, la Constitución Neoliberal de 1994. Sostenemos que los bienes comunes deben ser propiedad inalienable del estado nacional. Todavía importantes multinacionales controlan grandes recursos hidrocarburíferos de nuestro país. Debemos recuperarlos. El desguace de YPF fue la madre del movimiento piquetero que asomó en Cutral Có y Mosconi, exponiendo una de las heridas más visibles de las políticas neoliberales privatizadoras. Esta expropiación deberá buscar resolver aquellas heridas todavía abiertas


Texto Completo: Cosas veredes Sancho, cosas que non crederes
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Iván Heyn: el economista

Leemos:

Pese a los buenos resultados y el cambio trascendental que implicó la resolución del problema de la deuda externa, la dependencia que mantiene el resultado comercial respecto de la evolución de unos pocos productos de base primaria, la elevada elasticidad ingreso de nuestras importaciones y la vulnerabilidad de algunas actividades económicas frente a la competencia extranjera hacen que la amenaza de la restricción externa se mantenga latente sobre la economía argentina.

El presente trabajo tiene por tema una de los tópicos tabú del pensamiento económico convencional: las políticas de control de importaciones. Esta cuestión, que como señalara Ocampo goza de una vida teórica clandestina, reaparece en el actual contexto como una herramienta atractiva para resguardar el resultado externo, promover la sustitución de importaciones y proteger sectores vulnerables. Este tipo de herramientas formó parte importante de las estrategias de desarrollo asumidas por las naciones centrales, así también como por aquellos países que han logrado reducir la distancia que los separa de las economías más avanzadas. Sin embargo, el predominio de las visiones librecambistas tendió a marginar el uso de estas políticas y descalifi car a sus usuarios, planteando un difícil desafío a la hora de diseñar instrumentos sustitutos capaces de atender simultáneamente objetivos productivos y de resultado externo.


Porque además de lo mucho que se ha dicho encomiándo la personalidad de Iván Heyn, sus cualidades humanas, militantes y docentes, este pibe maravilloso que se nos fue (y acá no nos interesa revolver en las causas de su muerte, generacionalmente sentimos su pérdida, y eso es lo que nos conmueve), además entonces, era un economista preocupado y ocupado en desentrañar las cuitas del desarrollo de nuestra Argentina. Así pues, ponemos a disposición de los lectores un trabajo suyo incluído en ésta obra de homenaje a Marcelo Diamand -del cual extractamos los párrafos precedentes- escrito en colaboración con Pablo Moldován: La política comercial en las Estructuras Productivas Desequilibradas: el caso de las licencias no automáticas de importación (click para descargar en PDF)

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